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Bambú = Fuente renovable de recursos + Protección al medio ambiente

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Estudios realizados por científicos de varias instituciones cubanas, coordinados por la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, demuestran la utilidad del bambú en la fabricación de casas, andamios, mobiliarios y utensilios para el hogar, como sillas y mesas, entre otros beneficios, con lo cual Cuba pudiera ahorrar decenas de miles de pesos al dejar de emplearse algunos tipos de maderas usados tradicionalmente con esos fines.

El Doctor en Ciencias José Fernando Martirena, del Centro de Investigación y Desarrollo de Estructuras y Materiales (CIDEM), perteneciente a esta casa de altos estudios, explica que se ha pensado en el bambú debido a que los programas tradicionales de reforestación necesitan entre diez y 20 años para poder aportar a la construcción; en cambio esta planta tiene la capacidad de crecer muy rápido y proveer un volumen considerable de madera en muy poco tiempo.

Por Freddy Pérez Cabrera, Granma.

Cuenta la historia que cuando se desvanecieron los vapores contaminantes en Hiroshima, después de la explosión de la bomba atómica, las brigadas que se aventuraron hacia el epicentro solo encontraron muerte y desolación. Todo había sido arrasado, nada quedaba, pero en medio del cráter asomaba erguida, como un símbolo de esperanza, una caña de bambú totalmente quemada, muerta, pero en pie.

indice.jpegPara el doctor José Fernando Martirena, director del proyecto que obtuvo el Premio Mundial Hábitat 2007, en el bambú Cuba tiene una importante reserva de madera mucho más sustentable que otras especies.

Este solo ejemplo demuestra la capacidad de resistencia de esta planta milenaria que cada día es empleada por millones de seres humanos en el mundo, como una alternativa a la creciente escasez de madera, fenómeno del cual los cubanos no estamos exentos.

En el fomento de la producción del bambú nuestro país encuentra una fuente renovable de recursos, además de constituir otra importante vía para proteger el medio ambiente de sustancias tan dañinas como el dióxido de carbono.

Estudios realizados por científicos de varias instituciones nacionales, coordinados por la Universidad Central Marta Abréu de Las Villas, demuestran la utilidad de esta planta en la fabricación de casas, andamios, mobiliarios y utensilios para el hogar, como sillas y mesas, entre otros beneficios, con lo cual el país pudiera ahorrar decenas de miles de pesos al dejar de emplearse algunos tipos de maderas usados tradicionalmente con esos fines.


La planta ha sido muy empleada en la construcción de techos y naves.

techos_naves.jpgEl Doctor en Ciencias José Fernando Martirena, director del Centro de Investigación y Desarrollo de Estructuras y Materiales (CIDEM), perteneciente a esta casa de altos estudios, explica que se ha pensado en el bambú debido a que los programas tradicionales de reforestación necesitan entre diez y 20 años para poder aportar a la construcción; en cambio esta planta tiene la capacidad de crecer muy rápido y proveer un volumen considerable de madera en muy poco tiempo.

En la extensión del bambú, planta originaria de Asia, ha tenido mucho que ver el Instituto de Biotecnología de las Plantas (IBP), de Villa Clara, institución que desarrolló un protocolo de propagación “in vitro” de la gramínea, capaz de generar cerca de un millón de posturas por año. Esta tecnología ha sido transferida a varias instituciones de la agricultura en otros territorios.

El proyecto iniciado en el 2005 permitió plantar aproximadamente 4 500 hectáreas en el periodo 2005-2010, a la par que se creaba una red de fábricas de muebles a lo largo del país, aseguró el doctor Martirena y puso como ejemplo un taller de la ANAP en Mayarí, que fue capaz de fabricar 400 juegos de muebles en un año.

Al bambú se le admira por su rápido crecimiento, resistencia y versatilidad. Además, resulta el mejor captador de dióxido de carbono de cuantos se conocen.

Según el científico, el bambú, una vez plantado puede llegar a crecer entre 15 y 20 centímetros diarios, según la especie y condiciones de humedad, razón por la cual ya después de los cuatro años puede estar en explotación.

Pero la utilidad de esa especie va más allá del servicio que puede prestar como hierba maderable. También contribuye a la recuperación de los suelos salinizados y a captar buena parte del dióxido de carbono que se emite al medio ambiente, con sus nefastas consecuencias para la vida en el planeta.

Está demostrado científicamente que una hectárea de bambú puede absorber entre 11 y 18 toneladas de CO2 por año, y Cuba tiene plantadas más de 6 000. Además, intencionalmente por cada tonelada de CO2 que se capte, acreditada y certificada, pueden obtenerse entre 15 y 20 dólares, lo cual pudiera convertirse en una fuente importante de captación de las divisas, tan necesarias para nuestra economía.

Loable ha sido la labor de algunos territorios como Villa Clara, que sembró el pasado año 650 hectáreas en ocho municipios, experiencia que también ha sido extendida a otras provincias como Granma, Holguín, Ciudad de La Habana, Santiago de Cuba, Sancti Spíritus y Pinar del Río, las más avanzadas en esta tarea, aseguró el director del CIDEM.

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La ciencia abrió las alamedas de la Feria

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El doctor Fidel Castro Díaz-Balart presentó su libro
Ciencia, innovación y futuro en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas ante un grupo de estudiantes, profesores y representantes del Polo Científico. (Foto: Carolina Vilches Monzón)

 Por Ricardo R. González

A lo mejor ese juego de palabras atribuido a Bernard Houssay, Premio Nobel de Fisiología y Medicina, que establece: «No hay ciencias aplicadas si no hay ciencia que aplicar», movió las intenciones del doctor Fidel Castro Díaz-Balart (La Habana, 1949) en su obra: Ciencia, innovación y futuro, como propuesta que entrelaza el conocimiento científico y la relación dialéctica entre este, las tecnologías y la innovación, sin apartarlas del contexto social.
Ningún auditorio mejor para abrir las puertas de la decimonovena Feria Internacional del Libro en el territorio que el de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, donde ante un grupo de estudiantes, profesores y representantes del Polo Científico se defendió lo expuesto, en cinco capítulos y más de 600 páginas, de que la ciencia constituye la vía fundamental para asumir el desarrollo, a la vez que su autor insiste en la necesidad del perfeccionamiento continuo de las empresas basada en las innovaciones.
Correspondió al doctor Juan Luis Martín Chávez, miembro de mérito de la Academia de Ciencias de Cuba (ACC), resaltar los valores del texto, con un aparte dedicado a la privatización del conocimiento dentro del mundo globalizado y los riesgos que conlleva.
La ciencia y sus resultados tienen carácter universal. Corresponderá a los científicos y al sistema de Ciencia impedir que la sabiduría local resulte propiedad de las grandes trasnacionales.
A través de sus párrafos queda claro el valor de la investigación científica, con la mirada hacia el contexto cubano, que profundiza en la llamada economía del conocimiento, gracias a una estrategia desplegada desde el inicio revolucionario a partir de la formación de sus propios recursos humanos.
Un detalle se reafirma al concluir la lectura del volumen, impreso por la Editorial Grijalbo, de Barcelona, España: lo impostergable de considerar a nuestra ciencia como motor decisor en el desarrollo económico del archipiélago.

OTRO TEXTO INDISPENSABLE

Aunque su primera presentación ocurrió en la Feria del Libro correspondiente a 2006, y ha sido plataforma de importantes cumbres y eventos foráneos, el texto Ciencia, tecnología e innovación: desafíos e incertidumbres para el sur parece haber salido de la imprenta durante el último minuto.
Se trata de la obra de un colectivo de autores, entre los que figuran Fidel Castro Díaz-Balart, Agustín Lage Dávila, José Luis García Cuevas, Osvaldo Martínez Martínez y Juan Luis Martín Chávez, con una mirada hacia aquellos mecanismos que dominan la actividad científico-técnica en medio de situaciones convulsas.
El texto —una especie de radiografía en amplia gama— refiere la «fuga de cerebros», pues 1,2 millones de profesionales de América Latina y el Caribe trabajan en los Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá, lo que implica unos 36 mil millones de dólares que pasan vertiginosamente del sur al norte.
Además, un tercio de los expertos formados en naciones del tercer mundo no ejercen sus profesiones en dichos países, lo cual marca un reto dominado por la competencia del Primer Mundo que impone la protección de nuestros conocimientos.
Aunque resulte increíble, el 90 % de los problemas globales de Salud concentran menos del 10 % de los gastos de presupuesto en el Planeta, y es significativo que de la espalda a la producción de medicamentos vitales para combatir la tuberculosis, en tanto sobresaturan renglones de la cosmetología, productos dirigidos a la calvicie (alopecia), la obesidad o la impotencia sexual sobre bases de pura propaganda.
Cosas de este universo que alertan a quienes viven en el sur ante la opulencia y los derroches de aquellos que pueblan el norte continental.