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Ofrecerá Silvio Rodríguez dos conciertos en México y recibirá Honoris Causa en Veracruz

silvio-concierto.jpgEl cantautor cubano Silvio Rodríguez viajó hoy a México, donde cantará a favor de la paz en Ciudad Juárez y recibirá el doctorado honoris causa de la universidad de Veracruz.

El fundador de la Nueva Trova cubana participará el viernes en el recital Voces de América para Ciudad Juárez, en contra de la violencia motivada por el narcotráfico en esa ciudad limítrofe con Estados Unidos. El concierto en el Estadio Olímpico Universitario Benito Juárez se celebrará en el marco del sexto Festival Internacional Chihuahua 2010.

La Universidad Veracruzana (UV) entregará además el lunes el doctorado honoris causa a Rodríguez y al historiador de la ciudad de La Habana Eusebio Leal. Antes de partir desde Cuba, el trovador dijo a periodistas que ofrecerá en el alto centro de estudios un concierto en agradecimiento por la distinción.

Según la universidad, el concierto de Silvio Rodríguez tendrá lugar el martes por la noche dentro de las Jornadas Académicas Cuba-UV, que incluirán el jueves también la actuación de Los Van Van, una de las agrupaciones musicales más destacadas de la isla.

Al decidir en marzo pasado la concesión del doctorado honoris causa a Rodríguez, la universidad se refirió a él como un “cantautor, guitarrista y compositor cubano de amplia trascendencia internacional y uno de los mayores exponentes de la música surgida con la Revolución Cubana”.

Rodríguez voló a México en horas de la mañana acompañado de su esposa y clarinetista Niurka González, el percusionista Oliver Valdés y el trío Trovarroco, el mismo equipo con el que realizó su reciente gira por Estados Unidos. Antes de partir, se refirió a México como “un pueblo maravilloso” y dijo esperar que resuelva sus problemas y que “sea cada día más feliz”.

El autor de “Unicornio” y “Ojalá” resultó nominado la semana pasada a los premios Grammy Latinos en la categoría de mejor disco de cantautor por su álbum “Segunda Cita”, junto al panameño Rubén Blades, el uruguayo Jorge Drexler, el dominicano Pavel Nuñez, la brasileña Maria Gadú y el colombiano Santiago Cruz.

Rodríguez ofreció su último concierto el viernes pasado en La Habana, con motivo del bicentenario de la independencia chilena.

Tomado de http://www.cubadebate.cu

 

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CONCIERTO POR LA PAZ EN LA HABANA

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El Silvio que yo quiero tener siempre conmigo

portadasilvio.jpgA continuación colgamos en este blog las palabras pronunciadas en la Sla Nicolás Guillén el 16 de febrero de 2009 en el ámbito de la XVIII Feria Internacional del Libro de La Habana.

El cineasta Jorge Fuentes, amigo del artista, presentó el “Cancionero”, en el que aparecen las letras de “El Mayor”, “Fusil contra fusil”, “Mariposas”, “Óleo de mujer con sombrero”, “Unicornio” y “Rabo de nube”, entre otras.

La dedicatoria de este libro me dejó el sabor de nuestra juventud y aquel primer encuentro de amistad que ya cumple 43 años. En la kasba, es decir, nuestros barrios de San Leopoldo y Los Sitios, las cosas siguen siendo como los boleros de antaño y aún en Gervasio una mujer tiene una peluquería. Al doblar Silvio y yo por San Miguel, un hombre todavía nos mira y nos hace pasar a un recinto de aserrín y madera. También viene María, vestida de uniforme escolar y melancólico, lejano al bullicio y la atmósfera de las calles. Todo está en este libro, incluida la ausencia y los que quedaron en el camino, nostalgia de nosotros, vértigo del tiempo. Están aquellas mujeres prohibidas y sus horas de hombres indecisos, está la casa de Teté y su deseo de fundar territorios de amor, la de Pancho el cojo, sin muebles, con un piso igual para aquellos que escuchaban los textos y la música que hoy son un libro. Está la casa de Argelia como un templo y aquella mirada que ya sabía cuál iba a ser nuestro destino. Está también, entre las casas, la de 23, privilegio compartido, albergue de todo el que no tuvo un lugar donde amar, crear y vivir. Han quedado atrás los días del espacio encima de la cocina, donde solo cabían la cama y la guitarra, las incomprensiones, la sensación de apestado que no se deja morir, las canciones contestatarias y la lucha contra los dueños del poder burocrático (aún persistentes): los delimitadores de la primavera[1]. silviogal11.jpg

Ha pasado el tiempo. Un barco de pescadores sobre el Atlántico le cura la enfermedad isleña y le regala una flor hecha de sangre. En el tiempo están Haydee[2], madre y maestra, y su casa, la de las Américas, donde los nuevos profetas respiran el aire continental y el verdadero de la revolución, los amigos que experimentaban en grupo en el ICAIC de Alfredo Guevara y los músicos sabios: Brower, Smith, Elósegui, Acosta, Vitier,[3] que lo eran sobre todo, porque entendían el arte como un acto de creación único y no separaban lo que aquellos creadores populares hacían de lo que en su momento hubiera hecho Mozart. Habían quedado atrás los días de Coppelia[4] y aquel grupo generoso de muchachos enamorados, poetas y escritores reunidos en la “Catedral del helado” de L y 23, donde Silvio tomó en serio a la literatura. Los días del “traje que vestí mañana”[5], de “por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa”[6] y de “el pasado subía como tus dulces pechos y eran las seis de la dulzura con un violento olvido”[7], también aquello de que “una cosa es el amor y otra la cerveza”[8].

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