Tag Archives: Sagua la Grande

«LA MÁS AMADA Y ENCANTADORA»

A 201 años de su fundación, la ciudad de Sagua la Grande reúne el privilegio de las primicias, la herencia material de su entorno y la poesía de su paisaje. 

 Por Carlos Alejandro Rodríguez Martínez, estudiante de Periodismo

hotel Sagua En cierta medida el rey Juan Carlos, exmonarca de España, llegó a  la Corona gracias a una joven sagüera: en 1933 Alfonso de Borbón y Battemberg, Príncipe de Asturias y heredero del trono renunció* al reinado español por el amor de Edelmira Sampedro y Robato, de la villa de Sagua la Grande.

En contra de la voluntad de la realeza el primogénito de Alfonso XIII se rindió ante la cubana, prima menor del ensayista Jorge Mañach e hija de una familia plebeya que poseía un palacete ecléctico en la Villa del Undoso.

Entonces la ciudad de Sagua la Grande había lucido su máximo esplendor. Las aguas del río homónimo y las fértiles tierras de la llanura boscosa atrajeron desde la primera mitad del siglo xix a los productores de azúcar del occidente cubano y a otros inversionistas extranjeros que la convirtieron, junto con su puerto Isabela de Sagua, en un notable centro comercial de la Isla.

El asentamiento había nacido oficialmente en la ribera del río cuando don Juan Caballero, veterano de la batalla de Trafalgar en las Guerras Napoleónicas, tuvo el instinto de la fundación. En 1812 la primera iglesia aseguró la congregación de los pobladores en El Embarcadero, más tarde denominada Villa de la Inmaculada Concepción de Sagua la Grande.

 

estacion_saguaSAGUA, LA MÁXIMA

 

El centro histórico de la ciudad que ahora cumple 201 años fue declarado Monumento Nacional en 2011, como reconocimiento a una urbe que aúna como pocos espacios del interior de la Isla, historia, arquitectura y personajes ilustres.

Un breve repaso por los anales de la villa de Sagua la Grande la revela como centro de primicias: «(…) le cabe el honor de ser la única ciudad de Cuba con un alcantarillado construido a mediados del siglo XIX»[1]; fue la primera que fabricó un buque de vapor, cuya botadura aconteció en 1849; y según el poeta y ensayista Cintio Vitier, Sagua tuvo «(…) el primer gran cielo estrellado de nuestra poesía y el primer diálogo del hombre con las estrellas» [2], aparecido en el poema La Ilusión (1853) de Francisco Pobeda y Armenteros.

La tierra sagüera, acaso bendecida por las aguas del río Undoso, también fue pródiga en hijos célebres. A ella pertenecen Wifredo Lam, el más universal de los pintores cubanos; Ramón Solís, el mejor flautista del mundo en su tiempo; y Joaquín Albarrán, uno de los padres de la urología moderna y posible ganador del premio Nobel de Medicina, si no hubiera muerto prematuramente en 1912.

Allí nacieron Jorge Mañach, notable ensayista, autor de Indagación del choteo; Rodrigo Prats, artífice del teatro lírico cubano; el músico Antonio Machín, uno de los más grandes intérpretes de esta Isla; el compositor, director y violinista de fama mundial Enrique González Mántici; el patriota José Luis Robau y el escritor Enrique Labrador Ruiz, reinventor de la narrativa cubana del siglo xx.iglesia parroquial

Por otra parte, invitados a Sagua llegaron la poetisa Gertrudis Goméz de Avellaneda, los escritores Federico García Lorca y Gabriela Mistral; la periodista española Eva Canel; la divina Sarah Bernhardt, una de las mejores actrices de todos los tiempos; y el grabador francés Federico Mialhe, autor de una hermosa litografía del puerto fluvial de Sagua en 1841.

En esa misma década del siglo xix aquella tierra también fue alabada por el poeta romántico Gabriel de la Concepción Valdés, Plácido, a quien se le adjudica en medio de algunas discusiones la autoría del epíteto de Undoso (ondeante) concedido al río Sagua, el más largo de la vertiente norte de Cuba.

Sin acercarnos a agotar la lista extensa de sucesos ni de hijos ilustres de la Villa del Undoso, debemos consignar finalmente que Sagua fue la patria accidental de Peter Henry Emerson, pionero de la fotografía artística mundial; y la última estancia del pintor romántico Juan Jorge Peoli.

 

Río Sagua desde el Puente del Triunfo MGVVIAJE A LA VILLA

 

Hoy apenas se adentra el visitante en la ciudad de Sagua la Grande y percibe el linaje arquitectónico de un imperio caído del siglo xix, aun cuando el tiempo torna en ocasiones decadente el paisaje. La Estación Ferroviaria, piedra estilizada que evoca el dominio español en Cuba; el Royal Bank of Canada; la iglesia parroquial, considerada por el profesor cubano Joaquín Weiss el mejor exponente de los templos neoclásicos del interior de la Isla; el edificio del Casino Español y el Palacio de Arenas Armiñán crean al paso la sensación de andar un tiempo que nos antecede.

Ciertamente, en las calles del centro histórico persiste un ámbito decimonónico: el morador habitual no pasa inadvertido, hay en él un orgullo inmanente por el espacio que habita; el visitante atento podrá reconocer las señas de un tiempo en que Sagua la Grande se constituyó como un gran emporio azucarero, ferroviario y portuario, y ese progreso determinó los cauces de la vida común.

Las casas, palacetes y mansiones sagüeras dan fe de la dedicación de sus pobladores de antaño. Hay en las rejas variadísimas, en los parteluces, en los guardapolvos, en los guardacantones… señales de una prosapia muy particular. Lobos y vampiros abundan entre una fauna mitológica que amenaza desde algunas portadas; otorgan un misterio que toda ciudad, dichosa de poseer, debe conservar.

El tiempo a orillas del Undoso adquiere con las campanadas de la iglesia parroquial un sentido más sonoro que inexorable. Estas campanas que avisan al caminante «suenan hondo como una cuerda de guitarra; atropelladas como en alarma; optimistas o fúnebres; netas a veces, y a veces como si estuvieran gloriosamente rotas», escribió Mañach.

Desde su fundación la villa había atraído a estudiosos y viajeros que la incluyeron en sus libros y memorias: a la ciudad y al paisaje natural dedicaron tiempo de sus jornadas Jacobo de la Pezuela, Samuel Hazard, Charles Berchon, Sherwood Anderson, John Wurdermann, Joaquín Weiss y Esteban Pichardo. Jorge Mañach la rebautizó como Sagua la Máxima, otros la llamaron (la llaman) la Magna. Eva Canel la distinguió como la ciudad más limpia de cuantas había visitado en Cuba.

Del río Undoso, que antaño mereció el elogio de poetas y cronistas, el erudito español Ramón de la Sagra escribiría: «Nada diré de la belleza del río de Sagua, cuyo curso tortuoso parece creado para variar los puntos de vista y multiplicar más y más las agradables sorpresas. [3]»

Ramón Roa, mambí y escritor, afirmó en una carta dirigida a Antonio Miguel Alcover y Beltrán, el historiador y periodista insigne que privilegió a la ciudad con sus crónicas y relatos, que Sagua la Grande era «la más amada y encantadora de las villas, incluyendo sus cayos adyacentes».

 

* La decisión del príncipe resultaría el primero de los hechos que posibilitaron el ascenso de Juan Carlos en 1975.

Agradecemos la colaboración del periodista de Radio Sagua Maykel González Vivero, autor del blog El Nictálope.

[1] Juan de las Cuevas Toraya: Quinientos años de construcciones en Cuba, D. V. Chavín, Servicios Gráficos y Editoriales, Madrid, p.135.

[2] Cintio Vitier: Lo cubano en la poesía, pp. 114-115. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1998,

[3] Ramón de La Sagra: Historia física, económico-política, intelectual y moral de la Isla de Cuba. Relación del último viaje del autor. París, Librería de L. Hachette, 1861.

 

Albarrán en el corazón sagüero

Por Narciso Fernández Ramírez

Todavía vivía el brillante médico cubano, considerado el mejor urólogo de su época, cuando la ciudad de Sagua la Grandele erigió un monumento —una estatua tallada en mármol blanco— al famoso doctor en vías urinarias Joaquín Albarrán Martínez. El centenario de su fallecimiento, ocurrido el 17 de enero de 1912, lo acabamos de conmemorar esta semana.
La iniciativa local, encabezada or el historiador Antonio Miguel Alcover, de rendirle en vida ese tributo, se materializó el 1o. de enero de 1911, cuando también quedó develada una placa en la casa que lo viera nacer el 9 de mayo de 1860.
Lejos estaban los sagüeros de imaginar que, apenas un año después, fallecería Albarrán con apenas 51 años, víctima de la tuberculosis contraída cuando operaba de un riñón a un paciente.

Thierry Gaudin, doctor en Ciencias de la Información y la Comunicación de la Universidad de París, rinde homenaje a su abuelo durante su visita a Sagua.

Él fue el primer cirujano en Francia que realizó la prostatectomía perineal, operación sumamente compleja para el tratamiento del cáncer prostático, y el inventor de un instrumento conocido como uña de Albarrán. El prestigioso científico ganó tres veces el Premio Goddard, de la Academia Francesa de Medicina, y legó importantes aportes a la ciencia.
Anteriormente, la Villa del Undoso había reconocido en dos ocasiones el talento de su distinguido coterráneo: la primera, el 20 de septiembre de 1885, día en que el pueblo de Sagua la Grande lo recibió, cargado de triunfos, y le organizó una gran fiesta en el viejo Casino Español, donde brindaron por él eminentes doctores.
Un segundo homenaje se le ofreció cinco años más tarde, en 1890. Por entonces, el afamado especialista de 30 años estaba en el cénit de su carrera, y era considerado entre los mejores del mundo en la urología. Fue recibido con un gran banquete en el Teatro Uriarte y un baile en el Casino Español, y enaltecido con la distinción de Hijo Predilecto. También, en su honor, se efectuó una velada literario-musical en el Casino de Artesanos.
En el banquete que sus colegas le organizaron, levantó el médico cubano su copa para decir: «Brindo, señores, porque se le den a Cuba los elementos que le faltan para su completo desarrollo científico y por el porvenir de la ciencia, que tendrá consigo el porvenir moral y material de la tierra en que nacimos». Palabras suyas que serían esculpidas con posterioridad en el monumento a su memoria, en el parque sagüero que lleva su nombre.
Fue Joaquín Albarrán un cubano agradecido y orgulloso de la tierra que lo vio nacer. Ante una ofensa al sabio cubano Carlos J. Finlay, a quien se le quería arrebatar el mérito de descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla, exclamó indignado: «¡Atrás, nada contra Cuba, nada contra los cubanos!». También, en el agasajo de 1890, en entrevista concedida al diario El Fígaro, defendió con hidalguía sus orígenes: «Si los azares de la vida me han hecho adoptar por patria a la gran nación francesa, nunca olvido que soy cubano y siempre tenderán mis esfuerzos a hacerme digno de la tierra en que nací».
Recuerda la memoria histórica sagüera, atesorada en el Museo Municipal General José Luis Robau, que conocida en la Villa del Undoso la enfermedad mortal que aquejaba a Albarrán, sus pobladores no dejaron de enviar telegramas en los cuales se interesaban por su salud. Y hasta su casa en París acudió uno de sus mejores amigos de la infancia, el Dr. Tomás Hernández, último sagüero que lo vio con vida, y a quien Joaquín Albarrán le pidió transmitir lo siguiente: «Diles a los sagüeros que mi último pensamiento es para ellos».
Así lo cumplió el eminente médico, quien dejó dispuesto que todos sus atributos y trofeos científicos fueran entregados al  Ayuntamiento de Sagua. Esa voluntad se cumplimentó cuando el Dr. Bango los entregó en sesión solemne para ser depositados en una elegante urna en el Salón de Conferencias.
Hoy, una parte de ellos están expuestos en el Museo Municipal, donde sobresale la Medalla de Oro del Premio de los Internados de París, ganada en 1888. Mientras que en La Habana, para su restauración, está la toga del brillante médico.
El entierro del cubano en el cementerio parisino de Neuilly-sur-Seine fue extraordinario. Según describe el Diario de Sagua, que lo reseñó con posterioridad, asistió lo mejor de la intelectualidad francesa, así como destacados políticos. En representación de su Patria estuvo presente el general Enrique Collazo, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de la República de Cuba en Francia.
De dicha reseña, atesorada en el museo municipal, extraemos el siguiente párrafo:  «Los funerales de Albarrán fueron el domingo 21 de enero, ante una muchedumbre inmensa, de la que formaban parte personalidades políticas, como los presidentes de la Cámara y del Senado franceses; celebridades científicas y un gran número de miembros de la intelectualidad francesa e hispanoamericana».
En Sagua la Grande, la ciudad que viera nacer al sabio y por la cual siempre Albarrán sintiera amor y orgullo, las muestras de dolor fueron inmensas.
Ante su estatua, el reconocido intelectual Dr. Eduardo Francisco Rodríguez, Panchito, sintetizó el emocionado tributo sagüero con estas palabras: «Joaquín Albarrán ha muerto, pero su voluntad a tono con su belleza y el bien, se inmortalizó en las victorias obtenidas en pro del Progreso Intelectual, Físico o Moral del Género Humano. Joaquín Albarrán ha muerto, pero su pensamiento, a tono con la verdad, es inmortal».

* Agradecimiento a la especialista del Museo Municipal de Historia, Ana Margarita Cabrera Sánchez, para la realización de este trabajo.

Remodelan el Motel La Roca de Sagua la Grande

Luego de varios meses de reparaciones reanudó sus servicios el Motel La Roca de Sagua la Grande.  La restauración de esta unidad del Comercio y la gastronomía de la Villa del Undoso permitió el acondicionamiento de la piscina, el restaurante y el cabaret.
También se logró el remozamiento de ocho habitaciones. Todas cuentan, entre otras bondades, con aire acondicionado.

Aunque estas habitaciones representan menos del 50 por ciento de la capacidad de hospedaje del motel, constituyen el total de lo planificado para la primera etapa de restauración.

El Motel la Roca de Sagua la Grande, puesto nuevamente a disposición de los clientes, es una unidad inaugurada en el año 1977.

Esta instalación goza de excelente aceptación por los sagüeros así como los residentes en Quemado de Güines y otras comunidades aledañas.

Las paulatinas acciones que seguirán a la recién concluida primera etapa de reparación buscan devolverle su funcionalidad.

FUENTE: RADIO SAGUA

Fotos cortesía de Yoel Rivero, del blog Sagua Viva, tomadas de su perfil en facebook

Una región sin mu­chas analogías entre los cuba­nos

Puente el Triunfo en Sagua la Grande, Villa Clara

El Municipio de Sagua la Grande es uno de los treinta y dos municipios en la provincia de Las Villas. Esta ubicado en el norte de la provincia. Al este limita con el municipio de Calabazar de Sagua; al sur con los de Cifuentes y Santo Domingo; al este con Quemado de Güines; y al norte sus costas son bañadas por el Canal Viejo de las Bahamas. Su territorio cubre una superficie de 554 kilómetros cuadrados.

Por Luis Machado Ordetx

www.cubanosdekilates.blogia.com

Una calle de Sagua la Grande, Villa Clara

Sagua la Grande representó la mayor amalgama de nacionalidades extranjeras en los dominios de un territorio cubano. Los datos aportados por Alcover y Beltrán en 1905, cuando publicó su Memoria Histórica de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción, son palmarios. En 1862, después de 17 años de  establecida la independencia de su caserío, antes bajo el dominio de la administración político y militar de Santa Clara, el Undoso  contaba con más de 51 mil 986 habitantes. Todos estaban diseminados en los cercanos asentamientos de Álvarez, Amaro, Calabazar, Ceja de Pablo, Quemado de Güines, Rancho Veloz y Santo Domingo.

Doce nacionalidades, sin incluir a los cubanos nacidos en la Isla, había por esa fecha. Sumaban 27 mil 307 extranjeros, entre los que existían españoles peninsulares, canarios, norteamericanos, franceses, yucatecos, portorriqueños, alemanes, sudamericanos, ingleses, portugueses, asiáticos y, por supuesto, africanos, quienes constituían el principal soporte económico de una población dedicada en lo fundamental a actividades industriales, de servicios y de comercio.

Así lo testifica Alcover y Beltrán. También las prolijas reseñas de Manuel Dionisio González y Martínez-Fortún y Foyo, delatan a un territorio que en poco tiempo logró un ordenamiento económico-social sin precursores en las recientes regiones surgidas con el tutelaje de la Corona de España.

No por gusto, hasta la cuarta dé­cada del siglo xix, Santa Clara la con­sideró «surgidero y llave de su vi­lla». De ahí su insistencia para im­pe­dir la segregación territorial. Por el puerto de Isabela de Sagua, una ex­celencia en la costa norte, sa­lían o en­traban mercancías produ­cidas  o re­queridas por la pobla­ción ra­di­cada en la región central.

Contaba entonces con 125 in­genios dedicados a la ela­bo­ración de azucares blancos, que­brado, mascabado, cucurucho y raspa­dura. Disponía de destilerías de aguardiente, curtidores de cueros, extractores de cal, y fabricantes de ladrillos o de tejas de barro rojo.

En 1835, se introdujo la plan­tación azucarera en esa región. Por ese tiempo, la trata negrera, ile­ga­lizada por convenios con Inglaterra, tomaba auge, en tanto los nor­teamericanos Roberto Stell, San­tiago Macomb y Jorge Bartlett, y el cubano Francisco Peraza, soñaban con montar a Sagua la Grande sobre las ruedas metálicas de los Caminos de Hierro. Un lustro después se trazaron las vías de enlace ferroviario. En febrero de 1858 circuló el primer tren de Sagua a Isabela. En ese puerto fondeaban más de 170 buques en trasiegos mercantiles que rebasaban por año las 8 mil toneladas.

El colega Manuel de Feria, quien gusta de los datos y las compa­ra­ciones, quedará atónito con las pro­ducciones que obtenían los sagüe­ros hacia la sexta década de la antepasada centuria: 119 mil 326 arrobas de arroz, frijoles (17 mil 708), papa (4 mil), raíces ali­menticias (314 mil 488), y tam­bién mos­tra­ba registros altos de café, maíz, sagú, tabaco, gar­banzo, queso y miel de abeja. La jurisdicción al­bergaba a 79 mil cabezas de ga­nado vacuno, caballar, mular, por­cino, lanar y caprino. Las cose­chas y las crías animales, al mar­gen del trabajo esclavo, depen­dían exclu­si­va­mente de 11 mil 828 labradores.

El desarrollo industrial brotó después. Ya se conocían pe­que­ños negocios de litografía, im­pre­sión de libros, herrerías, pla­te­rías, hojalaterías, astilleros, y de preparación de tisanas y li­cores medicinales. El puerto, abierto al tráfico internacional en 1844, y las conexiones ferro­via­rias por todo el país aceleraron las transformaciones econó­mi­cas y sociales que, durante la pri­mera mitad del pasado siglo, convirtieron a la Villa del Undoso en un puntal emprendedor y dis­tin­tivo de sus potencialidades productivas.

En uno de mis últimos pe­riplos por ese territorio, in­ves­tigadores del Centro de Pa­tri­mo­nio Cultural me obse­quia­ron una impresión digital del libro Sagua la Grande, una ciudad ideal. El texto es de 1960, y co­rro­bora da­tos y hechos con pro­lijas esta­dísticas. Antes, Alcover y Beltrán vislumbró el porqué de esa os­tentación luminosa en las gene­raciones que nos precedieron. Aho­ra, otra vez comprendo una ex­clu­si­vidad en la manera de hacer, pensar y crear una histórica idio­sincrasia con repercusiones eco­nó­micas y so­ciales. He aquí una región sin mu­chas analogías entre los cuba­nos.

* Inicio * Archivo * Mis Imágenes SAGUA LA GRANDE: LA DEMORADA RESTAURACIÓN DEL PALACIO DE ARENAS

palacio-arenas-sagua.jpgPor Luis Machado Ordetx

Ahora, otra vez, la casa de los Arenas, radicada en la calle Padre Varela número 25, esquina a Solís, constituye un tema que prodiga noticias ante la voluntad estatal de rescatar, conservar y crear un centro comunitario para la promoción y la enseñanza de las artes. Así ganaríamos todos con un inmueble patrimonio histórico de la colectividad.

La otrora casa de los Arenas-Armiñán, en Sagua la Grande, quedó estacionada, como detenida en el tiempo; el hecho no está dado por su insuperable exuberancia arquitectónica, sino porque aún carece de un correspondiente valor de uso institucional para la enseñanza de las Artes Plásticas y la Música, fin último que la cualificará en otro estadio de su historia.

Dicen que García Lorca en los días finales de marzo de 1930 se extasió con esa vivienda; incluso, comentan que recorrió de la mano de los anfitriones parte de las habitaciones interiores que disipan un refinamiento exquisito hacia ese estilo constructivo surgido en Europa y los Estados Unidos durante la Belle époque de los años finales del siglo xix y las primeras décadas del siguiente.

No dudo de la certeza de ese encanto del andaluz: a mediados de 1990 el historiador Tomás (Manino) Aguilera Hernández, lo atestiguó, y el diario El Comercio, de Cai­barién, una semana después que Lorca dictara su conferencia «Imaginación, inspiración y evasión: Mecánica de la poesía»,  en el teatro Principal de la Villa del Undoso, hace una referencia al abogado Valentín Arenas Armiñán, quien, entre los amigos de la directiva de la Institución Hispanocubana de Cultura de esa localidad, acudió a la Colonia Española de la Villa Blanca para escuchar la disertación que dio el escritor español sobre la obra literaria de Pedro Soto de Rojas.2

palacio-arenas-interior1%c2%ba.jpgCualquiera que transite por las anchas calles sagüe­ras, de un modo u otro, queda atrapado, como el granadino, en una contemplación hacia esa vivienda, desde la cual la confluencia urbana de los alrededores todavía favorece la existencia de estilos tradi­cionales en madera, neoclásico y ecléctico.

Ahora, otra vez, la casa de los Arenas, radicada en la calle Padre Varela número 25, esquina a Solís, constituye un tema que prodiga noticias ante la voluntad estatal de rescatar, conservar y crear un centro comunitario para la promoción y la enseñanza de las artes. Así ganaríamos todos con un inmueble patrimonio histórico de la colectividad.

Por tercera vez en los últimos cinco años camino por sus habitaciones; subo los tres niveles de altura; llego hasta el mirador gracias a una fotografía que publicó la pasada semana Vanguardia y en la cual mostró un viejo andamio de madera, a punto de desplomarse hacia la calle Solís. Por fortuna, ya fue retirado, carcomido por la intemperie, el tiempo y la dudosa calidad de su estructura.

CASA ADENTRO

Los arquitectos Arelys Fernández Alonso, José Ricardo Morilla Saínz y Pablo Castro Álvarez, especialistas de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos, en Sagua la Grande, hablan con satisfacción de la radicación de un expediente para declarar unas 32.7 hectáreas del casco histórico como Monumento Nacional; propósito que comprende, además, una vasta zona aledaña que caería en el rango de Protegida.

La fundamentación científica está avalada por la coherencia arquitectónica, ambiental y el grado de deterioro creciente que sufren las edificaciones de una localidad fundada en 1812, de acuerdo con las precisas informaciones que aporta Alcover y Beltrán.

Castro Álvarez insta al cruce hasta el otrora inmueble de los Arenas-Armiñán; un edificio cercano al parque La Libertad; tiene 11 habitaciones; tres pisos, construido en 1918 bajo la égida del diseño de un arquitecto aún desconocido. Las generales como casa de familia se inscriben dentro del estilo art nouveau, casi una exclusividad en el territorio, por sus líneas sinuosas y composiciones asimétricas y aplicaciones interiores del vidrio que semejan vitrales, así como el empleo sistemático de la cerámica, el hierro forjado y las impecables escaleras de mármol blanco importado. Todos los componentes constructivos buscan funcionalidad, armonía ambiental y espacial, alejada del mero adorno.

Sigue leyendo

DOCE FALLECIDOS Y 24 LESIONADOS EN ACCIDENTE EN SAGUA, VILLA CLARA

Trágico accidente en Sagua la Grande.Doce personas fallecidas y 24 lesionadas es el saldo preliminar del lamentable accidente de tránsito ocurrido el jueves en la carretera que conduce de Santa Clara a Sagua la Grande, en las proximidades del poblado de Sitiecito.

El trágico suceso sobrevino al desconectarse el remolque del camión, matrícula VST 179, conducido por Diosdado González Ruiz, el cual impactó al ómnibus de pasajeros, marca Girón, chapa VSG 983, que cubría la ruta Sagua-Caonao, manejado por Miguel Velázquez Cabot.

Fatal accidente en Sagua la Grande, Villa Clara.Los fallecidos se nombraban Dunieski Muñoz Suárez, de 28 años; Delfina P.Teherán Roque, de 68; Daineri Brito González, de 25; Yaneisi Herrera Ruiz, de 25; Mirna María Fajardo Pérez; de 32; Guillermo Hernández Nodarse, de 66; Glenis Poleo Basail, de 44; Dania Díaz Rivero, de 53; Emiliano Mondeja Acevedo, de 68; Aida Díaz Peraza, de 71; el chofer de la guagua, Miguel Vázquez Cabot, de 52, todos residentes en el municipio Sagua la Grande, y Raisel González Pérez, de 23, vecina del poblado de Cascajal, en Santo Domingo.

Trágico accidente en Sagua la Grande, Villa Clara.Los lesionados recibieron rápida atención en el Hospital Mártires del 9 de Abril, de Sagua y el Arnaldo Milián, de Santa Clara. A las 11.00 a.m. de este viernes habían sido dados de alta siete de ellos, y solo uno era reportado de carácter grave con peligro inminente para la vida, según reconoció el teniente coronel Heriberto López, Jefe de la Unidad Provincial del Tránsito.

Autoridades del Partido, el Gobierno y del MININT se personaron con prontitud en el lugar de los hechos y, junto al Sistema Integrado de Urgencias Médicas y el pueblo de Sagua la Grande, garantizaron la rápida asistencia a los accidentados.

Al cierre de esta información continuaban las investigaciones para determinar las causas del trágico suceso.

Fuente: Periódico Vanguardia
Fotos: Imágenes tomadas de la televisión local

Ajubel en el Museo General de Sagua La Grande

ilustradores_ajubel-copia.jpgLa atención a artistas y creadores constituye un objetivo básico del Programa de Desarrollo Cultural del Museo General “José Luis Robau López” de Sagua la Grande que en esta ocasión dedica su espacio al artista plástico sagüero nacido el 20 de febrero de 1956 Alberto Morales Ajubel (El Flaco).
Su obra llena de frescura, contradicciones y humor conforma la Exposición Transitoria que será inaugurada el próximo día 19 de febrero y permanecerá expuesta durante todo el mes como regalo de cumpleaños al artista.
Ajubel, miembro de la UNEAC, de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos y de la Asociación Hermanos Saiz, se inició como colaborador de Melaito, Dedete y otros suplementos humorísticos que enriquecieron su vida laboral, sin embargo, al indagar sobre su obra nos expresó: …”lo dibujaba todo, las paredes, en cemento fresco, galerías, museos y así, sin parar siguiendo un hilo conectado desde aquel pueblito, pasando por Santa Clara, La Habana, Cádiz y Valencia, muy ligero, con lo puesto y 200 dibujos bajo el brazo y un currículo de más de tres folios llenos de cosas que ya ni yo mismo me voy a creer, así que en vez de un aburrido currículo, les deseo un dibujo como única constancia de mi garabato de vida”.

Por:Mercedes Rodríguez Díaz