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¿Sabía usted que Charles Chaplin era Gitano?

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Por Juan Claudio Álvarez
Tomado http://www.cubadebate.cu

¿Sabía usted que Charles Chaplin era gitano? El famoso actor inglés, que dio vida al memorable Charlot, convirtiéndose en un imprescindible para los amantes del cine, era hijo de una cantante de cabaret -gitana- y de un actor de la misma etnia.

Hasta donde se ha logrado saber, este misterioso pueblo al que no sólo debemos a Chaplin sino que a toda una larga lista de artistas y otros personajes relevantes de la cultura, llegó a Europa desde el Norte de la India, específicamente de la región del Punjab y el Sinth, huyendo de las conquistas musulmanas y las invasiones mongolas.

Al cruzar Persia, los inmigrantes procedentes de distintas tribus se casaron y unieron entre sí, dando origen al pueblo Dom o Rom. A medida que el tiempo pasó, fueron evadiendo las hambrunas, los hunos, las guerras y persiguiendo, al mismo tiempo, el anhelo de encontrar un lugar donde establecerse. Fue el surgimiento de un pueblo nómada, cuya bandera tiene en el centro una rueda roja que simboliza los carros sobre los que solían desplazarse. Es posible que, en busca de un clima soleado, atravesasen el Bósforo para establecerse en el sur de Grecia o pequeño Egipto , y es incluso factible que el primer territorio europeo pisado por este pueblo haya sido Corfú. Desde allí, se fueron extendiendo por toda Europa. Al llegar a la Península Ibérica, se identificaron como provenientes del pequeño Egipto. Alfonso V de Aragón les da un salvoconducto para cruzar su reino, y desde entonces se les comienza a conocer como egiptanos, antecedente inmediato de la palabra castellana “gitano”. Ellos a sí mismos se dicen Romà, en su propia lengua, el romanò.

Al principio, fueron bienvenidos en las tierras ibéricas. Incluso en Andalucía, llegaron a integrarse de tal manera que gran parte de su música y su tradición literaria – siempre oral – dio origen a formas castellanas que hoy en día se consideran la quintaesencia de lo Andaluz. Palabras tan castizas como chaval provienen del idioma romanò. Sin embargo, la generalidad de Europa les comienza a mirar con malos ojos: no les pueden controlar, vagan de un lugar a otro y pronto comienzan a transformarse en el chivo expiatorio de los crímenes que pudiesen cometerse mientras ellos estaban de paso. Ya en ese tiempo, aparece la leyenda de que los gitanos raptan a los niños – o, peor aún, que se los comen. De todo ello, surge un extraño argumento literario que consiste en el rapto del hijo (o hija) de un noble, que se cría entre gitanos pero que, finalmente, logra ser reconocido en algún momento por su progenitor, generalmente gracias a que el mentado heredero tiene ciertas características en su forma de ser que le hacen distinto a la chusma con la que pasa sus días; esencia que, a su vez, han intentado los raptores doblegar por todos los medios, sólo para ver sus esfuerzos reducidos a un sonado fracaso. El raptado no sólo parece un noble sino que, efectivamente, es un noble. Suponer lo contrario sería subversivo, y aceptar que alguien que no es un noble pueda, asimismo, parecerlo y actuar como tal con toda la naturalidad que brinda la autenticidad, implicaría una igualdad de facto entre la sangre plebeya y la sangre azul.

El primero en explotar este último argumento, es Víctor Hugo en Nôtre Dame de Paris, novela que, seguramente, muchos conocen de pasada por la versión edulcorada – y con final feliz incluido- que produjo la factoría Disney. En el original, la gitana Esmeralda descubre que es hija de una prostituta; la chica es devuelta por los gitanos a su mundo como una mujer honorable que, finalmente, muere por culpa de la lascivia de un representante de la alta sociedad – un malvado archidiácono. El libro, con jorobado incluido, resultó ser un escándalo para la época. Igualmente, Sir Arthur Conan Doyle da un tratamiento ennoblecedor a este pueblo vilipendiado, en su novela The Speckled Band. Allí, muchos de los personajes muestran abiertamente prejuicios anti romaníes. En la obra, se produce una muerte en extrañas circunstancias y todo el mundo culpa a los zíngaros del deleznable asesinato. Finalmente, Sherlock Holmes encuentra al culpable (que resulta ser un miembro de la muy honorable sociedad británica) y, de paso, lava la manchada inocencia de un grupo humano que ha sido injustamente acusado.

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