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Recibe Fina García Marruz Premio Reina Sofía

Jose María Vitier, hijo de Fina y de Cintio, saluda a la Reina. A su lado, Silvia Rodríguez y José Adrián, nuera y nieto de Fina. Foto: EFE

La poesía sencilla, mínima, sigilosa pero universal de Fina García Marruz escribe su nombre junto a los de José Hierro, José Ángel Valente, Ángel González, Mario Benedetti o Nicanor Parra. García Marruz, ya es premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

La Reina presidió el acto de entrega del galardón que lleva su nombre, excepcionalmente celebrado en el Paraninfo de la Universidad salmantina y no en el Palacio Real, en atención al vigésimo aniversario de un galardón que esta vez ha recaído en una creadora “que sirve a la belleza eterna”, según recordó su nieto, José Adrián Vitier, encargado de recoger el premio.

Y es que el galardón llevó hasta la capital salmantina a la Reina que le da nombre, pero no a la premiada, que por motivos de salud se quedó en la isla, aunque trasladó un pedacito de La Habana hasta el Paraninfo a través de unas emotivas palabras proyectadas en vídeo.

García Marruz destacó que recibe el premio «no como algo personal», sino como uno de los nombres propios de una generación especialmente activa en las letras cubanas. La formada por su marido, Cintio Vitier, o Julián Orbón, Eliseo Diego, Octavio Smith o Gastón Baquero. Ellos salpicaron de vitalidad las páginas de ‘Orígenes’, la mítica revista tan vinculada a María Zambrano, a cuya memoria también dedicó el premio en sus palabras grabadas Fina García Marruz.

Tragedia y luz

«Venía de la Guerra Civil, de la tragedia y nos trajo luz», recordó la poeta, que aseguró que «otra hubiera sido nuestra vida y nuestra palabra», sin el conocimiento que María Zambrano deparó a aquella generación de Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca o Rafael Alberti.

García Marruz también señaló en un discurso «profundamente emocionado» el «tesoro» del vínculo cultural entre España y Cuba a través del idioma. Un español austero y sencillo con el que regaló al Paraninfo uno de sus versos más célebres «si los poemas todos se perdiesen / el fuego seguiría nombrándolos sin fin / limpios de toda escoria, y la eterna poesía / volvería bramando, otra vez, con las albas».

Era la segunda vez en las dos décadas de historia del Premio Reina Sofía que conceden la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional que la ceremonia se llevaba a cabo en la institución académica, tras la de la capitalidad Cultural Europea en el 2002. Una ocasión que el rector, Daniel Hernández Ruipérez destacó como «la ocasión más especial».

El rector defendió en su discurso el valor «mágico» de la palabra representada en la obra poética de García Marruz, de la que destacó su fuerte carga social. «En estos tiempos, en que a cada paso hablamos de crisis, su obra reivindica que la pobreza no necesariamente ha de vivirse como privación y que ciertas carencias pueden significar libertad», señaló Ruipérez.

El rector insistió en que «frente a la sociedad de la abundancia, Fina García hace una apología casi franciscana de la austeridad, no siempre el exceso es lo más recomendable, a veces en la vida también es cierto que menos es más», subrayó.

Ritmos de habaneras

Una ocasión que llevó ritmos de habaneras hasta el histórico Paraninfo y que permitió descubrir a los asistentes que «bella es toda partida. Momentos como los que estamos viviendo son propicios para detenerse a recapacitar hacia dónde queremos ir como sociedad y establecer las correspondientes prioridades. Y espero que la poesía de Fina García Marruz nos ayude a comprender que dejar de lado ciertas cosas no es una pérdida sino, más bien, un beneficio», ha subrayado el rector de la USAL.

Por su parte, el presidente del Consejo de Administración de Patrimonio Nacional, Nicolás Martínez-Fresno, ha subrayado en su intervención las claves de la poesía de Gacía Marruz, y ha destacado la presencia de un lenguaje «accesible a todos. Recurre a la mirada, a lo individual, para descubrir la esencia profunda de las cosas».

Por su parte, el nieto de la galardonada, que ha sido el encargado de recoger el galardón, José Adrián Vitier Rodríguez, ha utilizado palabras de su familiar para agradecer a los miembros del jurado tal condecoración y ha dicho que «un premio a la poesía es un premio a la esperanza».

(Tomado de El Norte de Castilla)

‘Yo quiero ver’ de ‘Habana del Centro’ (1997)

poetisa_fina_garcia_marruz.jpg Yo quiero ver la tarde conocida,

el parque aquel que vimos tantas veces.

Yo quiero oír la música ya oída

en la sala nocturna que me mece

el tiempo más veraz. Oh qué futuro

en ti brilla más fiel y esplendoroso,

qué posibilidades en tu hojoso

jardín caído, infancia, falso muro.

¡Sustancia venidera de la oscura

tarde que fue! ¡Oh instante, astro velado!

Te quiero, ayer, mas sin nostalgia impura,

no por amor al polvo de mi vida,

sino porque tan sólo tú, pasado,

me entrarás en la luz desconocida.

                      Fina García Marruz

La cubana Fina García Marruz, premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

cintio-vitier-fina-garcia-marruz-pres.jpgLa poeta cubana Fina García Marruz (La Habana, 1923) ha ganado el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, que reconoce el conjunto de una obra de un autor vivo que por su valor literario constituye una aportación relevante al patrimonio cultural de Iberoamérica y España. Un galardón que constituye también un homenaje al grupoOrígenes, compuesto por Lezama Lima, Eliseo Diego o Gastón Vaquero, como ha recordado el poeta Francisco Brines.

García Marruz, “la gran poeta secreta”, como también la ha calificado Luis Antonio de Villena, miembro del jurado que ha fallado el premio con Brines, ganador de la pasada edición, es una de las voces más representativas de la poesía cubana, perteneciente a este grupo que revolucionó y modernizo de la isla desde los años cuarenta. “El grupo Orígenes sería el equivalente en influencia e importancia a la Generación del 27 en España”, ha precisado Brines, quien era uno de los grandes defensores de la candidatura de la cubana García Murroz.

El Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, uno de los galardones más importantes y prestigiosos de este género, dotado con 42.100 euros y que convoca conjuntamente Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca, sigue, al igual que el Premio Cervantes, una ley no escrita por la que un año se premia a un escritor de España y otro de Iberoamérica. “Por eso este año tocaba poeta de la otra orilla y mujer”, ha dicho De Villena.

Fina García publicó sus primeros poemas en los cuarenta con el grupo Orígenes. En 1961 obtuvo el doctorado en Ciencias Sociales dedicándose desde entonces a la investigación literaria, colaborando con distintos medios en el campo de la poesía, el ensayo y la crítica literaria.

Entre la obra poética de Fina García figura libros como Las miradas perdidas (1951),Visitaciones (1970), Poesías escogidas (1984), Viaje a Nicaragua con Cintio Vitier(1987), Créditos de Charlot (1990) con el que obtuvo el Premio Nacional de la Crítica en 1991, Los Rembrandt de l’Hermitage (1992), Viejas melodías (1993), Habana del centro (1997).

Luis Antonio de Villena ha subrayado el carácter “secreto” de esta poetisa que ha llevado una vida centrada en su “interior” y poco dada a asistir a actos culturales o poéticos. “Ninguno de nosotros la conocemos personalmente”, ha reconocido. “Su poesía llega de manera directa pero a la vez muestra una exquisitez de espíritu”, ha aclarado. Asimismo, ha explicado que García Marruz también ha escrito algunos poemas de “exaltación política o social”. Y mencionó como ejemplo de su variedad, un poema dedicado a Cristo u otro que versa sobre el Che Guevara.

La competencia

“Todos los poetas que se presentan -ha precisado De Villena-, que son muchos, porque son presentados por muchas instituciones, son candidatos de primera fila. A la final de este premio, que es por mayoría, han llegado el nicaragüense Ernesto Cardenal y Fina García Marruz y se ha tenido en cuenta también que las mujeres habían estado menos representadas”. Entre los ganadores del premio se cuentan el chileno Gonzalo Rojas (1992), el madrileño José Hierro (1995), el asturiano Ángel González (1996), el uruguayo Mario Benedetti (1999), el catalán Pere Gimferrer (2000), el argentino Juan Gelman (2005) o el valenciano Francisco Brines (2010).

El Premio es entregado cada año por la Reina Doña Sofía en una ceremonia en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid.

(Tomado de El País, España)