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Leonardo Padura distinguido con premio Roger Caillois 2011

El escritor y periodista cubano Leonardo Padura fue distinguido el martes con el premio Roger Caillois 2011 de literatura latinoamericana que será entregado el 7 de diciembre en la Maison de l’Amerique Latine en París.

Padura, nacido en La Habana en 1955, es conocido por su tetralogía “Cuatro estaciones” que protagoniza el policía Mario Conde y que fue traducida a 17 idiomas y por su exitosa novela “El hombre que amaba a los perros”, publicada en Francia a principios de 2011.

Francia formó parte en octubre pasado de la gira promocional de esa novela que Padura efectuó por varios países europeos.

“El hombre que amaba a los perros”, que en 2012 se publicará también en inglés, cuenta la vida en el exilio del revolucionario ruso León Trotski, la historia de su asesino, el republicano y comunista español Ramón Mercader y la de Iván, un periodista cubano que conoce a Mercader en una playa cubana cuando pasea a sus perros.

El premio Roger Caillois de literatura latinoamericana se otorga cada año desde 1991 junto con el Pen Club de Francia, la Maison de l’Amerique Latine y la Sociedd de Lectores y amigos de Roger Caillois, a un escritor de esa región.

Entre los escritores galardonados figuran José Donoso, Alvaro Mutis, Adolfo Bioy Casares, Blanca Varela, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Alan Pauls y Roberto Bolaño.

El premio Roger Caillois de literatura francesa fue atribuido a Pierre Pachet y el de ensayo a Jean Pierre Dupuy.

Los premios serán entregados el 7 de diciembre a las 18H00 locales (17H00 GMT) en la Maison de l’Amerique Latine.

(Con información de EFE)

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Murió José Saramago

jose_saramago-580x209.jpgEl escritor portugués y Premio Nobel José Saramago ha muerto en torno a la una menos cuarto de la tarde hora canaria (ocho menos cuarto de la noche en Cuba) a los 87 años en su residencia de la localidad de Tías (Lanzarote). El autor de La balsa de piedra fue poeta antes que novelista de éxito y antes que poeta, pobre.
Unido el periodismo a esos otros tres factores (pobreza, poesía y novela) se entenderá la fusión entre preocupación social y exigencia estética que ha marcado la obra del único Premio Nobel de la lengua portuguesa hasta hoy. En 1998, el máximo galardón literario del planeta reconoció a un hijo de campesinos sin tierra que había nacido en 1922 en Azinhaga, Ribatejo, a 100 kilómetros de Lisboa. Tenía tres años cuando su familia emigró a la capital, donde las penurias rurales se tornaron en penurias de ciudad. Así, el futuro escritor se formó en la biblioteca pública de su barrio mientras trabajaba en un taller después de abandonar la escuela para ayudar a mantener una casa en la que ya faltaba su hermano Francisco, dos años mayor que él y muerto poco después del traslado.
Las pequeñas memorias (editadas en España por Alfaguara, como el resto de su obra desde que abandonara Seix Barral) es el título que Saramago puso al relato de una infancia que siempre tuvo un pie en la aldea de la que había emigrado. Su novela Levantado del suelo (1980) cuenta las peripecias de varias generaciones de campesinos del Alentejo. No fue su primera novela pero sí la que supuso su primera consagración después de que Manual de pintura y caligrafía rompiera en 1977 un silencio de casi 30 años. Eran los que habían pasado desde la aparición de Tierra de pecado, su verdadero, aunque poco exitoso, estreno como novelista. En esas tres décadas Saramago había trabajado como administrativo, empleado de seguros y de una editorial; se había casado y divorciado de su primera esposa, publicado tres libros de poemas, ingresado en el Partido Comunista -clandestino durante la dictadura de Salazar- y, sobre todo, consagrado como periodista.
Levantado del suelo
siguió Memorial del convento, en 1982, y dos años más tarde El año de la muerte de Ricardo Reis. Centrada en la figura del heterónimo de Fernando Pessoa, el gran poeta del Portugal moderno, la novela es un intenso retrato de Lisboa de la mano de un poeta imaginario que, igual que pasó nueve meses en el vientre materno, ha de pasar un tiempo equivalente desde la muerte del hombre que lo creó antes de desaparecer definitivamente. La fama internacional le vino a Saramago precisamente con esta novela escrita con una rara intensidad poética que había sabido asimilar todas las lecciones de la narrativa moderna. En una conferencia pronunciada por esos mismos años 80 solía recordar el consejo que él mismo solía dar a los lectores que decían no entender bien sus libros por las mezclas de voces y la ausencia de marcas convencionales en los diálogos: “Léalos en voz alta”. Funcionaba.
En ese tiempo, la actividad de Saramago se vuelve frenética. Una laboriosidad que le ha acompañado hasta su muerte con la escritura incansable de novelas, diarios, obras de teatro y hasta un blog. Tras la fábula iberista La balsa de piedra (1986), en la que España y Portugal se desgajan literalmente del continente europeo y se lanzan a flotar sobre el Atlántico, llegaron Historia del cerco de Lisboa (1989) y El evangelio según Jesucristo (1991). Su visión heterodoxa del mesías cristiano levantó una polémica que arreció cuando el gobierno de su país se negó a presentar el libro al Premio Literario Europeo. Herido con aquel gesto, Saramago se instaló en Lanzarote con Pilar del Río, su segunda esposa y nueva traductora. La misma polémica de tintes religiosos se reprodujo en 2009 al hilo de la publicación de una novela considerada hiriente por la jerarquía católica lusa, Caín. Meses antes, el escritor se había visto envuelto en otro rifirrafe. Esta vez en Italia: su editorial de siempre, propiedad de Silvio Berlusconi, se negó a publicar El cuaderno, un libro basado en el blog del escritor, que no ahorraba en él críticas al primer ministro italiano.
La publicación en 1995 de Ensayo sobre la ceguera, el relato de una epidema que convierte en ciegos a los habitantes de una ciudad -Fernando Meirelles la llevó al cine en 2008 con Julianne Moore como protagonista- abrió una nueva etapa en la obra de José Saramago. Novelas como La cavernaEl hombre duplicadoEnsayo sobre la lucidezLas intermitencias

(Escrito por Juan Cruz, El País)