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Diario de El Paso: Un caballero en el estrado

Por José Pertierra*

Tomado de http://www.cubadebate.cu

roberto-hernandez-caballero1.jpgFebrero 22, 2011. El Paso,Texas.-  A las 9:00 de la mañana en punto, entró la Jueza Kathleen Cardone a la sala judicial. Su último encuentro con los abogados y fiscales había sido hace exactamente una semana, cuando suspendió el juicio para poder “deliberar con calma” sobre si concedía la petición del abogado de Luis Posada Carriles para anular el proceso o, por lo menos, desestimar los tres primeros cargos de la Causa: los que tienen que ver con las declaraciones falsas del acusado sobre las bombas en La Habana en 1997.

La tensión pesaba sobre todos en la Corte. La Jueza Cardone saludó secamente a los abogados, y el fiscal Timothy J. Reardon III se paró y-como hace siempre- le ofreció los buenos días. “El gobierno está listo para el juicio”, anunció Reardon sabiendo que la jueza tenía aún que decidir precisamente la cuestión de la viabilidad de un juicio. El abogado defensor, Arturo Hernández, entonces le extendió un optimista saludo a la jueza.

LA DECISION DE LA JUEZA CARDONE

“La Corte quiere dirigirse a la moción del abogado defensor de anular el caso y a su petición de desestimar los cargos números 1, 2 y 3 de la Causa”, dijo la Jueza Cardone y sacó un papel en el cual había escrito su decisión para leerla sin equivocarse.

La disyuntiva legal deriva de la queja del abogado Hernández que la fiscalía no compartió con la defensa dentro del plazo que le había impuesto la jueza algunos documentos. Específicamente, dijo Hernández en una moción que presentó el 11 de febrero, la fiscalía no compartió unos escritos que supuestamente muestran que el testigo Roberto Hernández Caballero está parcializado contra Posada Carriles y acostumbra a falsificar evidencia.

También que una secretaria en Guatemala, Cecilia Canel, hizo unas declaraciones anteriormente que exculparían a Posada Carriles de responsabilidad por las bombas que estallaron en La Habana en 1997 y que existen dos informes del FBI que del mismo modo lo eximen de culpabilidad.

Como prólogo a su decisión, la Jueza Cardone leyó en alta voz parte de la petición de Arturo Hernández y concluyó que las acusaciones del abogado defensor son ciertas. Es más, dijo la jueza, “si la defensa no se hubiera percatado de que esos documentos existían, la fiscalía probablemente no los hubiera divulgado”.

“Yo he reflexionado largo y tendido sobre esto”, dijo la Jueza Cardone mientras que miraba a los fiscales. “Es cierto que se dilataron en divulgar los documentos, pero de todos modos voy a denegar las mociones”, anunció, dejando caer un “por este momento”. Es decir, subrayó que existe la posibilidad de que conceda la moción en el futuro si se entera de alguna otra violación.

Es difícil desestimar un caso por este tipo de violación, salvo que la jueza concluya que la infracción haya socavado la defensa.  Aquí no hay evidencia de semejante cosa, y por eso la Jueza Cardone no pudo desestimar el caso. “¿Algo más antes que convoque al jurado?”, preguntó la jueza. Arturo Hernández quien aparentaba esta mañana mucha confianza de que su moción estaba ganada, respondió con un huraño “no”.  Ni siquiera, lo adornó con la frase “Su Señoría”, como acostumbra siempre llamar a la jueza.

ENTRA EL JURADO

Escuchamos tres fuertes toques del mazo. El guardia abrió la puerta lateral de la sala y los integrantes del jurado desfilaron a sus asientos.  Ninguno tiene la menor idea del por qué tuvieron un receso de tantos días. Esa información no es compartida con el jurado.

“Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que usted estuvo aquí”, le dijo el fiscal Reardon al testigo. “Háganos el favor de darle a los caballeros y las damas del jurado su nombre y apellido”. Con esa pregunta, Reardon reanudó el interrogatorio de Roberto Hernández Caballero, que la jueza había suspendido hace varios días. El investigador cubano vestía hoy un traje verde claro, con una camisa negra que combinaba con una corbata negra. La última vez que la Jueza Cardone lo dejó testificar fue hace trece días.

LA PELOTA DEL PRESIDENTE KENNEDY Y LA IRONIA HISTÓRICA

El fiscal es un veterano litigante del Departamento de Justicia. Su padre, Timothy J. Reardon Jr., era íntimo amigo del Presidente John F. Kennedy y uno de sus más cercanos asistentes en la Casa Blanca. Los dos Reardons jugaban fútbol americano en Hyannis Port con la familia Kennedy, y en la despedida de duelo de Reardon padre, en el año 1993, el Senador Edward M. Kennedy contó de la vez que el joven Reardon interceptó un balón lanzado por el recién electo Presidente Kennedy en el año 1960. El padre le pidió a su hijo que le devolviera la pelota al Presidente, porque “uno jamás debe interceptar un pase del Presidente electo de los Estados Unidos”.

Ahora el niño que le interceptó el balón al Presidente John F. Kennedy, es un experimentado fiscal de la Sección Antiterrorista del Departamento de Justicia, cuya responsabilidad es procesar a un ex agente de la CIA que ha sido uno de los autores intelectuales del terrorismo contra Cuba durante últimos cincuenta años. Un terrorismo que fue creado y dirigido desde los Estados Unidos. Y amparado por Washington.

Es una gran ironía histórica que sea Timothy J. Reardon III el que está ahora dirigiendo el caso contra Luis Posada Carriles, y  que lo esté haciendo con la colaboración de un testigo de la contrainteligencia cubana y documentos preparados por peritos de la Isla.

Como me dijo el historiador Peter Kornbluh, “después de Playa Girón, los Kennedys desataron una ola de exiliados violentos contra Cuba a través de la Operación Mangosta y otras acciones autónomas”. Mangosta fue una operación encubierta cuyo propósito era destruir a la Revolución cubana. Sus planes incluían el asesinato del Presidente Fidel Castro y otros dirigente, a través del uso del sabotaje. El terrorismo fue un instrumento de una guerra no declarada por Estados Unidos contra Cuba.

El encargado de la Operación Mangosta era el entonces Fiscal General de la República, Robert F. Kennedy, del mismo Departamento de Justicia donde ahora trabaja Timothy J. Reardon III.  Sin embargo, la tarea del Departamento de Justicia hoy en El Paso es diferente a la que tuvo en los años 60. En vez de enviar ataques terroristas contra la isla, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos colabora con el gobierno cubano para procesar a uno de los autores más conocido de la guerra sucia contra Cuba. Un hombre que fue reclutado, entrenado y pagado por la CIA para realizar sus violentas actividades delictivas.

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