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Molienda de cemento de bajo carbono

19 B45 en sacosPor: Dr. Fernando Martirena Hernández

Entre los días 12 y 14 de agosto del presente se produjo en la fábrica de cemento Siguaney la última fase de la producción del “Cemento de Bajo Carbono”, o “Cemento Ecológico”, este último el nombre con que es conocido en la prensa cubana. La prueba incluyó la molienda de 137 toneladas del cemento, provisionalmente denominado como “SIG-B45”, que fue producido en las facilidades industriales de la fábrica y será entregado para su uso en obras envasado en sacos y a granel.

El “Cemento de Bajo Carbono” es una formulación novedosa de cemento desarrollada por un equipo técnico de CIDEM y del Instituto Federal de Tecnología de Lausana, Suiza, que permite sustituir una buena parte del clinquer –material más costoso del cemento- por una combinación de arcilla calcinada, conocida como “Metakaolin”, y carbonato de calcio en forma de piedra caliza. La fórmula de cemento desarrollada permite triplicar los niveles actuales de sustitución de clinquer que logra la industria de cemento cubana (alrededor del 15-18% en el cemento PP-250), para producir un cemento de similar resistencia y una resistencia muy superior a la penetración de agentes como los cloruros, que pueden producir daños en la matriz de hormigón.

La prueba industrial se inició en el mes de marzo de este año, con la quema industrial de 120 ton de arcilla caolinítica del yacimiento de Pontezuela, en Camagüey. Esta prueba concluyó de forma exitosa el 3 de abril del 2013, y en junio del mismo año pudimos comprobar que todos los parámetros de las más de 65 ton de Metakaolin producidos estaban dentro de los valores esperados. Con la molienda realizada se culmina la fase de producción industrial del nuevo cemento y comienza la de prueba experimental en obras.

El cemento producido ha mostrado excelentes propiedades hasta el momento. En pruebas de resistencia a las 24 horas alcanzó 5 MPa, el 15% de la resistencia que  se espera alcance en 28 días. No incrementa la demanda de agua, y tiene un fraguado normal, similar a los cementos comerciales P-350 y PP-250.

La prueba del cemento demanda una cuidadosa preparación de las obras donde será utilizado, y una constante supervisión del equipo técnico. Se ha planificado la producción de varias decenas de metros cúbicos de hormigones de 20 MPa y de 30 MPa para pavimentos y muros respectivamente, en las instalaciones de la Empresa Constructora de Obras para el Turismo, ECOT, en el cayo “Santa María”, en la costa norte de Villa Clara. Adicionalmente, la Industria de Materiales de Construcción de Villa Clara ha planificado la producción de unos 10 mil bloques huecos de hormigón en su planta “Eladio Rodríguez” en Santa Clara, con el nuevo cemento.

Las pruebas serán seguidas por el equipo de CIDEM para verificar el comportamiento del cemento y sus productos en condiciones reales. Con estas y otras evidencias a colectar, se pretende presentar en el 2014 al Comité Técnico de Normalización del Cemento y el Hormigón una propuesta de norma cubana para el uso de la novedosa fórmula.

Con esta experiencia Cuba se pone en le punta de los países que buscan alternativas ecológicas para la producción de materiales de construcción.

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Bambú = Fuente renovable de recursos + Protección al medio ambiente

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Estudios realizados por científicos de varias instituciones cubanas, coordinados por la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, demuestran la utilidad del bambú en la fabricación de casas, andamios, mobiliarios y utensilios para el hogar, como sillas y mesas, entre otros beneficios, con lo cual Cuba pudiera ahorrar decenas de miles de pesos al dejar de emplearse algunos tipos de maderas usados tradicionalmente con esos fines.

El Doctor en Ciencias José Fernando Martirena, del Centro de Investigación y Desarrollo de Estructuras y Materiales (CIDEM), perteneciente a esta casa de altos estudios, explica que se ha pensado en el bambú debido a que los programas tradicionales de reforestación necesitan entre diez y 20 años para poder aportar a la construcción; en cambio esta planta tiene la capacidad de crecer muy rápido y proveer un volumen considerable de madera en muy poco tiempo.

Por Freddy Pérez Cabrera, Granma.

Cuenta la historia que cuando se desvanecieron los vapores contaminantes en Hiroshima, después de la explosión de la bomba atómica, las brigadas que se aventuraron hacia el epicentro solo encontraron muerte y desolación. Todo había sido arrasado, nada quedaba, pero en medio del cráter asomaba erguida, como un símbolo de esperanza, una caña de bambú totalmente quemada, muerta, pero en pie.

indice.jpegPara el doctor José Fernando Martirena, director del proyecto que obtuvo el Premio Mundial Hábitat 2007, en el bambú Cuba tiene una importante reserva de madera mucho más sustentable que otras especies.

Este solo ejemplo demuestra la capacidad de resistencia de esta planta milenaria que cada día es empleada por millones de seres humanos en el mundo, como una alternativa a la creciente escasez de madera, fenómeno del cual los cubanos no estamos exentos.

En el fomento de la producción del bambú nuestro país encuentra una fuente renovable de recursos, además de constituir otra importante vía para proteger el medio ambiente de sustancias tan dañinas como el dióxido de carbono.

Estudios realizados por científicos de varias instituciones nacionales, coordinados por la Universidad Central Marta Abréu de Las Villas, demuestran la utilidad de esta planta en la fabricación de casas, andamios, mobiliarios y utensilios para el hogar, como sillas y mesas, entre otros beneficios, con lo cual el país pudiera ahorrar decenas de miles de pesos al dejar de emplearse algunos tipos de maderas usados tradicionalmente con esos fines.


La planta ha sido muy empleada en la construcción de techos y naves.

techos_naves.jpgEl Doctor en Ciencias José Fernando Martirena, director del Centro de Investigación y Desarrollo de Estructuras y Materiales (CIDEM), perteneciente a esta casa de altos estudios, explica que se ha pensado en el bambú debido a que los programas tradicionales de reforestación necesitan entre diez y 20 años para poder aportar a la construcción; en cambio esta planta tiene la capacidad de crecer muy rápido y proveer un volumen considerable de madera en muy poco tiempo.

En la extensión del bambú, planta originaria de Asia, ha tenido mucho que ver el Instituto de Biotecnología de las Plantas (IBP), de Villa Clara, institución que desarrolló un protocolo de propagación “in vitro” de la gramínea, capaz de generar cerca de un millón de posturas por año. Esta tecnología ha sido transferida a varias instituciones de la agricultura en otros territorios.

El proyecto iniciado en el 2005 permitió plantar aproximadamente 4 500 hectáreas en el periodo 2005-2010, a la par que se creaba una red de fábricas de muebles a lo largo del país, aseguró el doctor Martirena y puso como ejemplo un taller de la ANAP en Mayarí, que fue capaz de fabricar 400 juegos de muebles en un año.

Al bambú se le admira por su rápido crecimiento, resistencia y versatilidad. Además, resulta el mejor captador de dióxido de carbono de cuantos se conocen.

Según el científico, el bambú, una vez plantado puede llegar a crecer entre 15 y 20 centímetros diarios, según la especie y condiciones de humedad, razón por la cual ya después de los cuatro años puede estar en explotación.

Pero la utilidad de esa especie va más allá del servicio que puede prestar como hierba maderable. También contribuye a la recuperación de los suelos salinizados y a captar buena parte del dióxido de carbono que se emite al medio ambiente, con sus nefastas consecuencias para la vida en el planeta.

Está demostrado científicamente que una hectárea de bambú puede absorber entre 11 y 18 toneladas de CO2 por año, y Cuba tiene plantadas más de 6 000. Además, intencionalmente por cada tonelada de CO2 que se capte, acreditada y certificada, pueden obtenerse entre 15 y 20 dólares, lo cual pudiera convertirse en una fuente importante de captación de las divisas, tan necesarias para nuestra economía.

Loable ha sido la labor de algunos territorios como Villa Clara, que sembró el pasado año 650 hectáreas en ocho municipios, experiencia que también ha sido extendida a otras provincias como Granma, Holguín, Ciudad de La Habana, Santiago de Cuba, Sancti Spíritus y Pinar del Río, las más avanzadas en esta tarea, aseguró el director del CIDEM.