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La Humoranga de Martirena

Alfredo Martirena Hernández es nombre reiterado en la lista de premios de la Humoranga Ariguanabense 2016 de San Antonio de los Baños, que publica el sitio digital del humorístico Dedeté.

En el encuentro celebrado del 11 al 13 de abril, el integrante del colectivo de Melaíto obtuvo el premio en Humor general, con la obra Ciber canastilla, también distinguida por la publicación humorística Palante y la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) de la provincia de Artemisa.

La Humoranga Ariguanabense (Salón Nacional de Humor Gráfico) de San Antonio de los Baños es un evento que se celebra desde 1990, y alterna con la Bienal Internacional del Humor Gráfico, con sede en esa misma localidad de la provincia de Artemisa surcada por el río Ariguanabo.

Durante su realización también tiene lugar la premiación del concurso de nacional de literatura humorística Juan Ángel Cardi.

Los premios de la Humoranga

martirena@martirena.com

Ciber canastilla, de Alfredo Martirena.

Humor General:

Premio a la obra: Ciber canastilla

De: Alfredo Martirena Hernández

Mención a las obras:

El grito de la moda, de José Luis López Palacios

De puya, de Eduardo Núñez Pulido

S/T, Luis Reinier Enrique Torres

Too late, David Williams Gallart Núñez

Sátira Política:

Premio a la obra: 17 D

De: Alfredo Martirena Hernández

Mención a la obra:

S/T, de Brady Izquierdo Rodríguez

martirena@martirena.com

17-D

 

 

Caricatura Personal:

Premio a la obra: Giraldo Piloto

De: Rafael Vallbona Losada

Mención a las obras:

Umberto Eco, de Brady Izquierdo Rodríguez

S/T, de Jorge Martínez Rodríguez

Historieta:

Desierto

Fotografía:

Premio a la obra: La presumida

De: Eduardo Núñez Pulido

Humor Volumétrico:

Premio a la obra: Fuera de la red

De: Eduardo Núñez Pulido

Por la factura, y la idea de gran actualidad.

Mención a la obra:

Picasso, de Armando Acosta Álvarez

Premio al conjunto de obras:

A: Eduardo Núñez Pulido

Premio Palante

Autor: Alfredo Martirena Hernández

Obra: Ciber canastilla

Premio Museo del Humor:

Autor: Armando Acosta Álvarez

Obra: Picasso

X Concurso Nacional de Literatura Humorística Juan Ángel Cardi

Cuento:

Premio a: Mario Alberto Verdugo Castillo

Obra: Conjunto de la obra (Na, El caballero Mayito, Put on the Parachute)

Mención:

Autor: Eugenio Vicedo Tomey

Obra: ¿Habanandito, eh?

Décima:

Premio a: Carlos Ettiel Gómez Abreu

Obra: Venta de fruta

Mención:

Autor: Carlos Ettiel Gómez Abreu

Obra: Elegía al pan

(Información de Adán Iglesias)

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¿Tú me oyes?

Por Mayli Estévez

Ilustración: Martirena

Se tiró encima sus mejores prendas. Retocó todas las partes importantes del maquillaje. Puso énfasis en los ojos y la boca. Ella sabía lo que hacía. Igual se perfumó. Aunque, por primera vez, aquello no tenía mucha importancia. Se puso los tacones, cogió el creyón, el celular, los audífonos y salió a la calle. Era una vedette lista para conquistar el ciberespacio.

Sentada en un banco con sombra del parque Vidal, sacó el creyón, empolvó la cara y se conectó con videollamada. Al instante supo que compartiría con los demás del banco algo más que la wifi.

—Oye, ¿me escuchas? ¡Oyeee…!

Y el grito posiblemente lo hayan escuchado en Roma. Mientras la señora de al lado, que no tenía celular ni wifi, pero era superamistosa, saludaba al rostro que asomaba en la pantalla.

—¿Una nueva amiga, ma’?

—No, hijo, no. Es la mujer que estaba sentada aquí cuando llegué, pero tú sabes que los cubanos somos unos contentos. Además, me contó que sacaron papel sanitario en «Praga». De aquí voy pa allá, que eso vuela. Pero no me has dicho nada del nuevo look.

La señora se levantó presurosa y se pasó el celular de la cabe-za a los pies. Dudo que el de Ro- ma haya visto algo claro. Y en ese traqueteo se le «congeló» la conexión.

¡Este hijo mío siempre ha sido un despistado! Comentó con la de al lado, que seguía con total atención la videollamada. Esta asintió con la cabeza como si se hubiera criado con él.

«Lo de la internet es un lío, y a esto le dicen congelarse, con el calor que está haciendo», continuó la de la wifi, mientras volvía a presionar la cámara en el imo. Por supuesto, la superamistosa le dijo que sí. Aquí al menos tenía razón en asentir porque el calor era para todos.

—Oye, ¿me escuchas? ¡Oyeee…!

Y volvimos al principio. La señora estuvo repitiendo eso como entrante del bocadillo siguiente. Se retocó el maquillaje otras tres veces. Llevaba al uníso-no la llamada y la charla con la amiga gratuita que se encontró en el banco. Le contó al hijo los mil y un enredos con la propiedad de la casa, cómo la hija de Juanita (la que vivía en la esquina) se había casado con un canadiense, y que la prima de Güinía venía a quedarse en Santa Clara esta semana. Siempre contando con la aprobación y solidaridad de la señora de al lado, por supuesto. La misma que en un rato supo más noticias que en el noticiero de las ocho. No sé si consumió la hora y los dos cuc, ni si habrá conseguido el papel sanitario, pero la que llegó como vedette, como vedette se marchó del parque.

Sí, en tiempos de wifi hay que estar a la altura. Si algo se va a caer, que sea la conexión. Al fin y al cabo, que me haya enterado de los sabores y sinsabores de la señora es culpa de la wifi. Porque… ¡yo sí no oigo conversaciones ajenas!

Dan los toques finales al mural a favor de la paz y contra el terrorismo

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Caricaturistas cubanos pintan mural a favor de la paz y contra el terrorismo en Santa Clara

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Pedro sentado, junto al equipo de humoristas gráficos.

 

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Osval

 

 

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Ramses

 

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Feddor

 

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Zardoyas

 

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Adam, director del DDT.

 

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Lacoste de Palante

 

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Roland acompañado de sus alumnos.

 

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Javier

 

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Obra de Linares

 

 

 

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Obra de Martirena


 

 

Expo del maestro Roland en Cifuentes

Fue hasta el municipio de Cifuentes a donde en esta ocasión se trasladó el equipo del suplemento humorístico Melaito, para presentar al  público la obra del maestro Rolando González Reyes (Roland).

Un regalo para este pueblo,  y también un modo de dar inicio a las actividades por el día de la prensa cubana.

Aquí les quedan unas instantaneas:

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El maestro Roland, firmando unos Melaito.

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De izquierda a derecha, Roland, presentadora, Linares y Javier. Integrantes del equipo Melaito.

 

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En el momento de la presentacion.

 

El mes del amor se celebra con humor

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De frente al Ébola

Por Ricardo R. González                Fotos: Ramón Barreras Valdés y archivo personal y familiar del doctor Corona

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Esta es la brigada cubana que labora en Sierra Leona. Vestir con el traje completo demanda de unos 15 minutos según las habilidades adquiridas. Lo más peligroso resulta quitarse el atuendo ya contaminado.

Freetown, la capital de Sierra Leona, resultaba un punto distante e    incógnito para el galeno villaclareño     Rafael Corona Pérez. Una huelga en los aeropuertos galos hizo que la travesía fuera más larga, por lo que el camino impuso pasar por España, hacer otra escala en Marruecos, hasta llegar al destino africano.
Para él no constituía la primera experiencia riesgosa, mas la situación en torno al ébola aparecía como el gran reto de una nueva experiencia sin antecedentes en la práctica.
Así iniciaba la historia de tres cubanos que integraron la avanzada del grupo: Un espirituano radicado en La Habana, un guantanamero y un villaclareño, que partieron el pasado 19 de septiembre y llegaron en la mañana del día 21.
«El resto de la brigada —precisa Corona— arribó el 2 de octubre, luego de una preparación previa que recibimos en Cuba, guiada por la dirección de la Unidad Central de Colaboración Médica en estrecha cooperación con el Instituto de Medicina Tropical (IPK) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS)».
Como deportistas que van en busca de una medalla de oro en favor de la humanidad iniciaron el entrenamiento intensivo. El uso del traje de protección, la organización del trabajo, la seguridad y la bioseguridad del personal, según el programa trazado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), constituían el ABC inviolable en cada jornada.
Pero el día a día trajo la fotografía real. «Fue muy impresionante ver a los pobladores sin una verdadera percepción de riesgo, a pesar de que llegamos en pleno toque de queda decretado del 19 al 21 de septiembre. Las costumbres y hábitos, totalmente incorrectos, favorecen mucho el contagio y la propagación de la terrible enfermedad», relata el doctor Corona vía correo electrónico.

Doctor Rafael Corona Pérez

Doctor Rafael Corona Pérez

Ante este panorama no había tiempo que perder. La llamada zona roja o área directa de enfrentamiento, aguardaba. Una vez cumplidos los requisitos de la OMS, se aplicaron las estrategias en los diferentes hospitales de la capital.
«Nuestra brigada está integrada por 165 colaboradores; de ellos, ocho villaclareños. Las rotaciones en el hospital de Kerry Town, donde labora un numeroso grupo de los compañeros, son cada seis horas. Una vez pasados 60 minutos se produce el relevo, y el personal saliente cuenta con dos horas de descanso».
—¿Han podido cuantificar la cantidad de habitantes atendidos por los cubanos?
—Resulta difícil, pues el personal atiende, la mayor parte del tiempo, los casos confirmados en las áreas rojas, y en ocasiones colabora en la clasificación o apoya a otras demarcaciones junto a los expertos del país o los extranjeros. En las zonas rojas se valoran alrededor de 10 a 12 enfermos graves a diario, ya que los hospitales son de nueva creación, al tiempo que se incrementan, progresivamente, los casos de acuerdo con los aseguramientos y la organización interna de las áreas.
Vestir el atuendo requerido para enfrentar la epidemia resulta, quizás, el detalle de mayor complejidad. Demanda de unos 15 minutos como promedio. «El tiempo depende de la habilidad adquirida, y lo más importante es que se cumplan los pasos establecidos bajo supervisión estricta. Lo más peligroso es quitarse el traje ya contaminado, por lo que la tarea se hace mayor al tener que cumplirse las fases de la desinfección, baño y cambio de ropa», afirma quien se desempeña, además de médico, como miembro del Consejo de Dirección de la Brigada y responde por el aseguramiento logístico.

SORPRESAS EN EL CAMINO

Nunca imaginó el doctor Corona que la vida le propiciara un grato momento en medio de tantas contingencias. Uno de los alumnos formados en la Universidad Médica villaclareña, nativo de Sierra Leona, figura como ayudante entre los cubanos.
«Se trata de Patric don Davis. Terminó su carrera en la Facultad de Estomatología hace unos 20 años. Un relevante profesional que no ha querido abandonar a su pueblo en este grave contexto.
«Ni imaginé el reencuentro. Lo reconocí enseguida porque en sus tiempos de estudiante mi esposa era la decana de Becarios Extranjeros del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara. Para mí resultó muy estimulante apreciar los valores humanos y morales de quien se enorgullece de haber estudiado en Cuba, y tiene la conducta de un verdadero internacionalista».
Entre tantas tensiones, un motivo de pura sensibilidad humana estremeció a los cubanos cuando fue confirmado el diagnóstico del doctor habanero Félix Báez Sarría para desbordarse el manantial de solidaridad entre todos.
«Precisamente forma parte de nuestra brigada, y puedo decir que nos hemos cohesionado mucho más después de la contaminación del compañero. Ello expresa con fuerza la decisión de cumplir la tarea y regresar sanos a Cuba.
«La información sobre el estado de salud de Félix ha sido permanente por parte de la dirección del colectivo, la Embajada Cubana, y por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP)».
—Gerardo Hernández Nordelo, uno de los prisioneros encarcelados injustamente en el Imperio, calificó el trabajo de ustedes como el de verdaderos héroes ¿Cuál es su valoración personal ante este hecho?
—De la carta de Gerardo me impresionó mucho este párrafo: «Ahora, con esa lección extraordinaria de heroísmo que ustedes están dando al mundo, nos sentimos aún más orgullosos, y no alcanzarían las palabras para expresarles cuánto nos fortalecen con su ejemplo. Ustedes son hoy nuestros héroes».
«Qué se puede decir cuando el reconocimiento viene de parte de un gran ejemplo de altruismo y de patriotismo. Él y sus cuatro hermanos son un símbolo de lo inmenso que resulta nuestro pueblo y su capacidad de responder al llamado de la Patria, pero no creo que merezcamos esa condición. Es verdad que se necesitan valor y otras cualidades, pero también es un deber profesional salvar vidas bajo cualquier circunstancia».
—¿De todas las misiones cumplidas esta ha sido la más compleja o cada una encierra sus particularidades?
—Todas presentan en común un gran peligro para la vida, y también la posibilidad de evitarlo y protegerse. Creo que el éxito está en lograr una organización eficiente con una disciplina consciente.
—Dicen que Ud. es un hombre de contingencias. ¿Realmente se considera así?
—Constituye parte de mi formación revolucionaria adquirida en un país de contingencias, en el que enfrentar los retos ya es una idiosincrasia del cubano.

En casa esperan la llegada de algún mensaje o imaginan algunas de las vivencias cotidianas de la lejana África. Bárbara Cabrera Menéndez (a la derecha), comparte con su hija Yadira Corona Cabrera y el novio de esta,Javier Obregón Rodríguez.

En casa esperan la llegada de algún mensaje o imaginan algunas de las vivencias cotidianas de la lejana África. Bárbara Cabrera Menéndez (a la derecha), comparte con su hija Yadira Corona Cabrera y el novio de esta,Javier Obregón Rodríguez.

DESDE LA DISTANTE VILLA CLARA

Parece que los días se alargan en el hogar del doctor Corona, aunque la comunicación no ha faltado. Se le extraña por el patio, convertido en pequeña arboleda, donde confluyen mameyes, maracuyá o mangos, entre otras variedades. Quizás hasta canes y felinos presentes en el lugar experimenten sus morriñas, en tanto la cocina clama por su sazón, mientras se desean los ajiacos o cualquier plato salido de su ingenio.
Que lo diga Bárbara Cabrera Menéndez, la esposa, que conoce las complejidades en la vida de Corona desde que la Universidad Médica lo recibe bien temprano para enfrentar sus tareas cotidianas.
«Estudia mucho, investiga, asesora a los demás, y forma parte de tribunales», sustenta quien es, además, profesora de Morfofisiología en el propio centro docente.
«Esta misión fue muy rápida. Recuerdo que él estaba en una reunión del Comité del Partido y recibió una llamada urgente. Era de Colaboración, le explicaron lo que era, y nos dijo: Me voy en cuestión de días».
Para Barbarita la ausencia de su compañero, una vez más, se ha convertido en parte de lo cotidiano. Evoca aquellos días de Surinam, la más larga de todas las misiones, y a la vez la más difícil por todas las situaciones familiares que enfrentaron en aquellos días.
«A veces pienso que ya no va a pasar nada más en el mundo, y que vamos a estar juntos, pero aparece de nuevo otra encomienda. Hay como especie de un subconsciente preparado, y llega a ser para nosotros algo normal. Porque su vida siempre ha sido así, incluyendo su período como militar».
Aunque laboren en la misma institución coinciden en ocasiones, sobre todo a la hora del almuerzo y no siempre, pues cada quien está en función de sus obligaciones.
«Corona me explica que está trabajando fuerte, y me sentí en extremo feliz al saber que uno de los alumnos graduados por nuestra Universidad contribuya a la causa. Son los frutos de la obra, pues resulta el único alumno de Sierra Leona diplomado en nuestra Facultad de Estomatología».
Por su parte, Yadira Corona Cabrera, campeona nacional de triatlón en 2006-2007 e hija del matrimonio, piensa en él, mientras enfrenta el rudo entrenamiento que debe vencer para asistir a las competencias iberoamericanas fijadas en 2015.
Entre las dobles sesiones de natación, ciclismo y carrera, de manera alterna, hay momentos en que le parece que corre, nada o pedalea junto a él.
«Lo que más extraño de mi padre es su apoyo. Siempre dispuesto y embullándome para las confrontaciones deportivas. En sus correos no falta el estímulo para que busque la preparación óptima, por lo que tengo un reto encaminado a satisfacer sus deseos».
Mientras tanto, cada sentimiento es también compartido por Carlos Javier Obregón Rodríguez, el joven que conoció a Yadira hace más de una década gracias a los deportes practicados en común, y hoy alimentan el noviazgo.
Y si hay un punto convergente entre ellos es que reafirman a Corona como un hombre de contingencias «porque enfrenta el peligro y tenemos la impresión de que sabe cómo dominarlo».
Ecuador, Surinam, Haití, Sierra Leona…. Puntos distantes pero que acumulan gran parte de la vida de Rafael Corona. Por eso desde la convulsa África también hay un mensaje para sus seres queridos.
«Pienso mucho en mi familia que es parte de la misión, por su valentía, por su sacrificio, porque saben estimularme y comprenden el alcance de de esta. Pienso en la vida en Cuba, y en regresar con la misión cumplida para educar a nuestros estudiantes con nuevos elementos. Es admirable constatar cómo se respeta el ejemplo, y nunca estaremos viejos si mantenemos joven aquella luz iniciada hace más de cinco décadas, en aquel enero».
Así son los cubanos. Esos que, desafiando peligros, se mantienen de pie, de frente al ébola.

¿QUIÉN ES RAFAEL CORONA?

Tiene 66 años. Un día se decidió a estudiar Medicina, y optó por la especialidad de Higiene y Epidemiología. Quizás imaginó, alguna vez, constatar realidades muy crudas en un mundo con tan diversos matices, pero sentía, según él, la necesidad de brindarle un nuevo enfoque a la Medicina cubana con un pensamiento nuevo.
No se considera un superhombre ni un héroe, pero suma cuatro misiones bajo situaciones de catástrofes u otras contingencias.
Una en Ecuador ante la erupción del volcán Tungurahua, en la que solo cuatro cubanos resultaron seleccionados para cumplirla; otra en Haití luego del devastador terremoto y la epidemia desatada de cólera, y la actual en Sierra Leona, todas como integrante de la Brigada Henry Reeve.
Sin embargo, la más prolongada resultó la cumplida en Surinam, que le ocupó dos años de su vida, ante los azotes del dengue, y en la que participó como parte del Programa Integral de Salud (PIS).
En la Universidad Médica de Villa Clara se desempeña como profesor consultante del departamento de Salud, en la especialidad de Higiene y Epidemiología, y también asume la jefatura de la cátedra de Medicina de Desastres.
Sin duda, un reparador de sueños que ha dejado sus huellas benéficas en una parte del Orbe.

El chiste que nunca imaginamos del Chispa

 Tomado de http://www.5septiembre.cu

Próximo a cumplir los 73 años, falleció este martes el caricaturista y diseñador gráfico Douglas Nelson Pérez Portal, fundador de los periódicos Vanguardia y CINCO de Septiembre y de los suplementos humorísticos Melaíto y La Picúa.Foto: Archivo

Hoy vamos a echar en falta la caricatura del Chispa haciéndose eco de la nueva y como siempre abrumadora votación de la ONU contra el bloqueo de Estados Unidos a Cuba. Douglas Nelson Pérez Portal, artista gráfico de fino humor y vasta cultura, nos dejó esta tarde al filo de las tres fulminado por un paro cardíaco próximo a cumplir sus 73 años, pero jodedor como era me parece escucharlo diciéndonos mientras arrastra las erres: ‘cagrrajo, me voy a la hogrra en que matagrron a Lola’.

El Chispa, seudónimo artístico que se autoendilgó devenido mote de quienes nos preciamos de ser sus amigos, nació el 9 de noviembre de 1941, en Santa Clara, pero aquí lo aplatanamos y terminó por ser un cienfueguero reyoyo, jodedor eterno, espíritu burlón capaz de sacarle ‘punta’ a la más infausta de las circunstancias.

Acá en nuestra Redacción, aún activo e iniciándose en los trajines de la Internet y las nuevas tecnologías, pasó al ‘estrellato’ con una recomendación ingenua pero formulada con la mayor seriedad en un intento por paliar el ‘encangrejamiento’ en hora pico del único y antediluviano scanner del que disponíamos entonces: ‘chico, y pogrqué no le echamos grrrasa‘. Nos miramos y resonó la carcajada, pero al final alguien encasquillado por la hora y el perenne apremio del cierre decidió untarle lubricante al tareco… y funcionó. Se podrán imaginar el chucho que nos dio, razón para que a partir de aquel día la propuesta de solución siempre fuera la misma: ‘échale grrasa’.

Alfabetizador siendo apenas un imberbe, Douglas comenzó a laborar en el periódico Vanguardia en 1963. Un lustro después, en 1968, funda lo que sería el embrión de la exitosa publicación humorística Melaíto, un híbrido llamado A Millón hasta los 10, con textos amenos y algunos dibujos de humor, dedicado a darle apoyo a la campaña azucarera de 1970, épica histórica conocida como Zafra de los 10 Millones. Aquel tabloide pronto se transformaría en el semanario Melaíto, totalmente humorístico.

Douglas formó parte del grupo de profesionales que desde la vecina provincia se vino a Cienfuegos en 1981 para trabajar como diseñador gráfico de nuestro recién fundado periódico CINCO de Septiembre, en cuyo seno sembró la simiente de otro suplemento dedicado a promover la reflexión desde la risa. Y así nació La Picúa, una publicación que bajo sus auspicios consiguió sentar cátedra en el ámbito de la caricatura en el país.

Miembro fundador de la filial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en Cienfuegos, y de la Unión de Periodistas de Cuba, trabajos gráficos Douglas Nelson ha sido reproducidos en los suplementos La Picúa, DDT, Melaíto, revista Mi Barrio, en nuestros periódicos nacionales y también en Vanguardia, CINCO de Septiembre, Ahora. Publicó además en varios órganos de prensa extranjeros.

Ya jubilado, aunque nunca retirados de sus trajines con marcadores de colores, pinceles y en los últimos años también píxeles, Chispa se mantuvo como activo colaborador de medios digitales cubanos y extranjeros, y editor del blog que haciendo gala a su inquieto quehacer bautizó La Chispa Prendida.

Allí, como en un acto de premonición de que hoy no estaría para seguir azuzando al Imperio del Norte por su brutal política de bloqueo, dejó como última muestra de su quehacer una serie de cinco caricatura bajo el título Si del bloqueo a Cuba se trata. La muerte se le anticipó, pero el vaticinó la nueva bofetada.

Con un poco de humor sobrevivo

 

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Tomado de la página personal de Alfredo Lorenzo Martirena Hernández (www.martirena.com)

«LA MÁS AMADA Y ENCANTADORA»

A 201 años de su fundación, la ciudad de Sagua la Grande reúne el privilegio de las primicias, la herencia material de su entorno y la poesía de su paisaje. 

 Por Carlos Alejandro Rodríguez Martínez, estudiante de Periodismo

hotel Sagua En cierta medida el rey Juan Carlos, exmonarca de España, llegó a  la Corona gracias a una joven sagüera: en 1933 Alfonso de Borbón y Battemberg, Príncipe de Asturias y heredero del trono renunció* al reinado español por el amor de Edelmira Sampedro y Robato, de la villa de Sagua la Grande.

En contra de la voluntad de la realeza el primogénito de Alfonso XIII se rindió ante la cubana, prima menor del ensayista Jorge Mañach e hija de una familia plebeya que poseía un palacete ecléctico en la Villa del Undoso.

Entonces la ciudad de Sagua la Grande había lucido su máximo esplendor. Las aguas del río homónimo y las fértiles tierras de la llanura boscosa atrajeron desde la primera mitad del siglo xix a los productores de azúcar del occidente cubano y a otros inversionistas extranjeros que la convirtieron, junto con su puerto Isabela de Sagua, en un notable centro comercial de la Isla.

El asentamiento había nacido oficialmente en la ribera del río cuando don Juan Caballero, veterano de la batalla de Trafalgar en las Guerras Napoleónicas, tuvo el instinto de la fundación. En 1812 la primera iglesia aseguró la congregación de los pobladores en El Embarcadero, más tarde denominada Villa de la Inmaculada Concepción de Sagua la Grande.

 

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El centro histórico de la ciudad que ahora cumple 201 años fue declarado Monumento Nacional en 2011, como reconocimiento a una urbe que aúna como pocos espacios del interior de la Isla, historia, arquitectura y personajes ilustres.

Un breve repaso por los anales de la villa de Sagua la Grande la revela como centro de primicias: «(…) le cabe el honor de ser la única ciudad de Cuba con un alcantarillado construido a mediados del siglo XIX»[1]; fue la primera que fabricó un buque de vapor, cuya botadura aconteció en 1849; y según el poeta y ensayista Cintio Vitier, Sagua tuvo «(…) el primer gran cielo estrellado de nuestra poesía y el primer diálogo del hombre con las estrellas» [2], aparecido en el poema La Ilusión (1853) de Francisco Pobeda y Armenteros.

La tierra sagüera, acaso bendecida por las aguas del río Undoso, también fue pródiga en hijos célebres. A ella pertenecen Wifredo Lam, el más universal de los pintores cubanos; Ramón Solís, el mejor flautista del mundo en su tiempo; y Joaquín Albarrán, uno de los padres de la urología moderna y posible ganador del premio Nobel de Medicina, si no hubiera muerto prematuramente en 1912.

Allí nacieron Jorge Mañach, notable ensayista, autor de Indagación del choteo; Rodrigo Prats, artífice del teatro lírico cubano; el músico Antonio Machín, uno de los más grandes intérpretes de esta Isla; el compositor, director y violinista de fama mundial Enrique González Mántici; el patriota José Luis Robau y el escritor Enrique Labrador Ruiz, reinventor de la narrativa cubana del siglo xx.iglesia parroquial

Por otra parte, invitados a Sagua llegaron la poetisa Gertrudis Goméz de Avellaneda, los escritores Federico García Lorca y Gabriela Mistral; la periodista española Eva Canel; la divina Sarah Bernhardt, una de las mejores actrices de todos los tiempos; y el grabador francés Federico Mialhe, autor de una hermosa litografía del puerto fluvial de Sagua en 1841.

En esa misma década del siglo xix aquella tierra también fue alabada por el poeta romántico Gabriel de la Concepción Valdés, Plácido, a quien se le adjudica en medio de algunas discusiones la autoría del epíteto de Undoso (ondeante) concedido al río Sagua, el más largo de la vertiente norte de Cuba.

Sin acercarnos a agotar la lista extensa de sucesos ni de hijos ilustres de la Villa del Undoso, debemos consignar finalmente que Sagua fue la patria accidental de Peter Henry Emerson, pionero de la fotografía artística mundial; y la última estancia del pintor romántico Juan Jorge Peoli.

 

Río Sagua desde el Puente del Triunfo MGVVIAJE A LA VILLA

 

Hoy apenas se adentra el visitante en la ciudad de Sagua la Grande y percibe el linaje arquitectónico de un imperio caído del siglo xix, aun cuando el tiempo torna en ocasiones decadente el paisaje. La Estación Ferroviaria, piedra estilizada que evoca el dominio español en Cuba; el Royal Bank of Canada; la iglesia parroquial, considerada por el profesor cubano Joaquín Weiss el mejor exponente de los templos neoclásicos del interior de la Isla; el edificio del Casino Español y el Palacio de Arenas Armiñán crean al paso la sensación de andar un tiempo que nos antecede.

Ciertamente, en las calles del centro histórico persiste un ámbito decimonónico: el morador habitual no pasa inadvertido, hay en él un orgullo inmanente por el espacio que habita; el visitante atento podrá reconocer las señas de un tiempo en que Sagua la Grande se constituyó como un gran emporio azucarero, ferroviario y portuario, y ese progreso determinó los cauces de la vida común.

Las casas, palacetes y mansiones sagüeras dan fe de la dedicación de sus pobladores de antaño. Hay en las rejas variadísimas, en los parteluces, en los guardapolvos, en los guardacantones… señales de una prosapia muy particular. Lobos y vampiros abundan entre una fauna mitológica que amenaza desde algunas portadas; otorgan un misterio que toda ciudad, dichosa de poseer, debe conservar.

El tiempo a orillas del Undoso adquiere con las campanadas de la iglesia parroquial un sentido más sonoro que inexorable. Estas campanas que avisan al caminante «suenan hondo como una cuerda de guitarra; atropelladas como en alarma; optimistas o fúnebres; netas a veces, y a veces como si estuvieran gloriosamente rotas», escribió Mañach.

Desde su fundación la villa había atraído a estudiosos y viajeros que la incluyeron en sus libros y memorias: a la ciudad y al paisaje natural dedicaron tiempo de sus jornadas Jacobo de la Pezuela, Samuel Hazard, Charles Berchon, Sherwood Anderson, John Wurdermann, Joaquín Weiss y Esteban Pichardo. Jorge Mañach la rebautizó como Sagua la Máxima, otros la llamaron (la llaman) la Magna. Eva Canel la distinguió como la ciudad más limpia de cuantas había visitado en Cuba.

Del río Undoso, que antaño mereció el elogio de poetas y cronistas, el erudito español Ramón de la Sagra escribiría: «Nada diré de la belleza del río de Sagua, cuyo curso tortuoso parece creado para variar los puntos de vista y multiplicar más y más las agradables sorpresas. [3]»

Ramón Roa, mambí y escritor, afirmó en una carta dirigida a Antonio Miguel Alcover y Beltrán, el historiador y periodista insigne que privilegió a la ciudad con sus crónicas y relatos, que Sagua la Grande era «la más amada y encantadora de las villas, incluyendo sus cayos adyacentes».

 

* La decisión del príncipe resultaría el primero de los hechos que posibilitaron el ascenso de Juan Carlos en 1975.

Agradecemos la colaboración del periodista de Radio Sagua Maykel González Vivero, autor del blog El Nictálope.

[1] Juan de las Cuevas Toraya: Quinientos años de construcciones en Cuba, D. V. Chavín, Servicios Gráficos y Editoriales, Madrid, p.135.

[2] Cintio Vitier: Lo cubano en la poesía, pp. 114-115. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1998,

[3] Ramón de La Sagra: Historia física, económico-política, intelectual y moral de la Isla de Cuba. Relación del último viaje del autor. París, Librería de L. Hachette, 1861.