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BOBBY CARCASSÉS: ¿FENÓMENO O RENEGADO?

ENTREVISTA A BOBBY CARCASSÉS

Este reconocido intérprete es fruto de esa simbiosis musical de múltiples interrelaciones hija de la diversidad étnica del Caribe que, en él, cristalizó en un fenómeno muy personal de espiritualidad cultural y musical …

Por: Félix Contreras

Tomado de http://www.uneac.org.cu

Es uno de esos seres insólitos que, caprichosamente, suele parir la música cubana (Sindo Garay, Chano Pozo, Rita Montaner, Ñico Saquito, Bola de Nieve, Benny Moré, Celeste Mendoza, Rolando Laserie, Tata Güines, Faustino Oramas El Guayabero, Helio Orobio).

Hace sudar la gota gorda a especialistas, libros, diccionarios y enciclopedias, a la hora de clasificarlo (“es esto o aquello otro”): cantante, bailarín, trompetista, mimo, percusionista, pianista, dibujante, pintor y, mil cosas más y, todas, bien hechas.

Es fruto de esa simbiosis musical de múltiples interrelaciones hija de la diversidad étnica del Caribe que, en él, cristalizó en un fenómeno muy personal de espiritualidad cultural y musical llamado Bobby Carcassés, compendio de músicas de España, África, Estados Unidos, Hispanoamérica, de esa maravillosa herencia cultural que, como dijo Carlos Fuentes, “hemos sido capaces de crear durante los pasados quinientos años, como descendientes de indios, negros y europeos en el Nuevo Mundo”.

–Traza ahí un cuéntame tu vida…
Nací en Kingston, Jamaica, la madrugada del 29 de agosto 1938, en esa otra isla Caribeña, debido a que mi abuelo, Justo Cuza Hadfeg —viejo mambí con rango de oficial que peleó junto a Antonio Maceo en 1995 y fue, además, uno de sus asistentes— era cónsul de Cuba allí. Mi familia regresa a Cuba en 1942 y, luego de un breve paso por Santiago de Cuba y La Habana, fuimos a dar a La Esperanza, porque mi padre fue designado jefe del frigorífico de ese pueblecito cercano a la ciudad de Santa Clara, donde mi madre encontró trabajo en las Escuelas Pías; yo fui inscripto en Camajuaní pero, crecí en Santa Clara, cantando en la CMHW, en el programa de aficionados Haciendo Estrellas, acompañado por un pianista poseedor de las mismas virtudes de Isolina Carrillo: El Ñato (Elton Alejo). En esa época de los años de 1950, mi repertorio eran canciones líricas, por ejemplo:Granada, Júrame, con esta última me presentó Enrique Arredondo en su compañía en 1955 en el Teatro La Caridad, con gran ovación del público. También, italianas: Torna a Sorrento, O sole mío, Vesti la Giuba (Los Payasos), Lamento esclavo,El Mambí, y otras.

Llegué a La Habana en 1956 y, mientras vendía helados y hamburguesas en la cafetería Tropicream de 12 y 21 de El Vedado, que era de mi cuñado, me presenté en la Corte Suprema del Arte de José Antonio Alonso, en televisión, y gané el primer premio con la Flor roja, aria del tenor de la zarzuela española Los Gavilanes. Me vio en ese programa mi viejo amigo Armando Guerra (de Santa Clara), miembro del cuarteto de Bobby Collazo y, como salía uno de sus integrantes, él me aviso y entré yo, ya como profesional. Solo que cambié totalmente mi repertorio por el de la música popular cubana y universal. (El Cumbanchero, Vereda tropical, Rumba matumba, Profecía), con actuaciones en el Cabaret Regalías, Jueves de Partagás, El café de la Esquina, Bar de Osvaldo Farrés, entre otros. Era un cuarteto muy dinámico, con tremendo swing y sabor. Bobby Collazo era un gran compositor, autor del muy famoso bolero La última noche, una persona increíble, con la que aprendí mucho del movimiento de voces, del movimiento danzario, escénico, pues teníamos coreografías y todo eso. Una época magnífica. Me acuerdo que debutamos en el Cabaret Nacional, de Prado y San Rafael, con Gustavo Roig de coreógrafo y director y al mismo tiempo, en La Reguladora, especie de restaurante, detrás del Capitolio.

–¿Quiénes fueron tus padres?

Roberto Nicolás Carcassés, ya fallecido que, luego de aquella etapa villareña, regresó a La Habana, trabajando casi siempre en el Ministerio de Obras Públicas, manejando una moto-niveladora y, luego, como funcionario. Muy revolucionario, participó en la lucha contra Gerardo Machado y, luego contra Fulgencio Batista y, siempre junto a Fidel.

Mi madre es Zaida Elba Cuza, tiene 96 años en este momento, profesora, directora de escuelas de distintos niveles, un ejemplo para mí y una guía en mi vida y en mi carrera. Participó en la campaña de alfabetización en 1961 y, hoy, sigue ayudando a estudiantes de inglés, su especialidad de siempre.

–Parece, fuiste muchacho revoltoso…

No, no, siempre fui un muchacho tranquilo, muy creativo y, el deporte, siempre, siempre, conmigo. Primero natación en el Deportivo de Santa Clara y, casi inmediatamente después, campo y pista y atletismo… Empecé junto a Cholo Valero y Ramón López Fleites, dos glorias del deporte cubano. Fui doble campeón júnior (segunda categoría), medalla de oro en salto triple y largo y bronce en salto alto, en 1956. Dos años después, ya en primera categoría, estaba siempre entre los tres mejores junto a Victor Hernández y Claudio Cabrejas. También cogí dos medallas de plata contra México en la Ciudad deportiva. Pero, me retiré por incompatibilidad de la vida artística y nocturna con el deporte pero, en 1966, trabajando en el Teatro Martí, junto a Candita Quintana, Alicia, Ramón Espígul y otras glorias del teatro bufo, hice un come back para entrenarme y asistir a unos Juegos Centroamericanos en que pedían 14.50 metros en triple; igual, me invitaron a una competencia de salto alto bajo techo, en la la cancha La Mariposa de la Escuela Fajardo, que era la primera vez que se efectuaba en Cuba y, le gané a todos. Quiere decir, que si no se ha celebrado otra competencia después de aquella, yo sigo siendo el recordman de Cuba en la actualidad… Habría que averiguar eso…

–¿Tú fuiste fundador del Teatro Musical de La Habana?

Sí, en 1962 estuve entre sus fundadores, con el actor mexicano Alfonso Arau, su director y promotor; una etapa de mi vida que requiere mucho espacio para describirla, que significó mucho mí compartir con luminarias como Federico Smith, músico norteamericano, Leo Brouwer, Tony Taño, Jorge Berroa, Nilo Argudín, Chucho Valdés, Paquito D’ Rivera, Carlos Emilio Morales, Waldeen, Rodolfo Valencia, actor mexicano, Pierre Shosat, mimo francés, el dibujante asturiano—cubano José Luis Posada, El Gallego Posada, Miriam Blanco, David Chericián, Miriam Socarras— actor mexicano Federico Eternod, Armando Hernández, Carlos Camué, Miguel Nin, Olga Flora, Leonor Zamora, Wember Bros y otros. Aquello fue una verdadera escuela gigantesca y abarcadora de conocimiento y sabiduría. Pero, no debo olvidar, junto a Alfonso Arau, a Rogelio París, Pedraza Ginoris, Segundo Cazalis, Lisandro Otero, asesores y escritores y, también a los informantes de folclor Orlando Alonso, Chabalonga, y otros.

–¿Cuándo se te reveló que eras artista?

Yo estudiaba en el Instituto Privado Riera, muy ocupando con la música y el deporte, perdiendo el tiempo, pues no estudiaba debidamente y, para no botarle el dinero a mi madre, le dije que no iba a estudiar más… “Pues, me dice, tienes que trabajar” y, consigo una plaza de envasador de galletas El Gozo, en esa fábrica y, allí, en su patio, tuve la revelación clara de que yo era un artista, que mi vida había sido ubicada en el arte y que me llegaba, además, de vidas anteriores. Con esa seguridad he seguido durante más de 50 años fiel a esa causa, esa revelación, como tú bien sabes.

Fíjate, además del trabajo con las galletas, dependiente en aquel Tropicream, vendedor de pólizas de seguro de casa en casa (sin éxito), rotulista y retratista de óleo y, muchas cosas más, siempre llevo el arte en la mente y el corazón.

–Frank Emilio Flynt y Tata Güines están en tu vida, en tu arte…

Si, sí, fueron mis grandes amigos, Frank un genio del piano, capaz de tocar lo cubano tan magistralmente como el jazz que, con la ayuda de Armando Romeo aprendió el sistema Braille, y dominó la música clásica y los conciertos de Gershwin, siendo ciego, por cierto, era tremendo jodedor cubano, le encantaban las mujeres, sin olvidar a su esposa, respetarla como su gran reina que fue… Federico Arístides Soto, Tata al igual que Changuito, fue mi gurú del ritmo, mi hermano durante muchos años. Nos hicimos amigos cuando regresé a Cuba desde París, en diciembre de 1961, donde estaba yo trabajando con mi amigo Rafael Pina Machín, Pacolo, tremendo artista —fallecido en Angola—, en El Elefante Blanco, la orquesta de Benny Bennet y, en Italia en el Capriccio. Ya en La Habana, trabajaba yo en el Club Pigalle, de La Rampa, tocando el bajo y cantando y el Tata venía todas las noches, al terminar yo, y nos íbamos a descargar a otros sitios y, terminábamos en El Chiqui, casi al final de la calle Infanta, donde echábamos la vida repartiéndonos el bajo y las tumbas hasta que salía el sol.

Esto, se repitió luego en Colombia cuando fuimos con el show de Tropicana al Hotel Tequendama de Bogotá.

Tata era, es y seguirá siendo, maestro de maestros del tambor pues, su sonido era perfecto… Es el Rey de la percusión afrocubana.

–De Benny Moré qué me dices…

Es cosa difícil pero, te diré que al principio me molestaba su nasalidad pues, yo solo valoraba, me ceñía estrictamente a la técnica vocal clásica —tomé clases con José Ojeda junto a Agustín Villalba— pero, luego de oírlo bastante, me gustó y asumí que esa también era una técnica, popular, pudiéramos decir. Cuando comprendí su trabajo de manera global como cantante de todos los géneros, como hombre-espectáculo, comprendí que Benny, junto a Rita Montaner, Bola de Nieve, Ernesto Lecuona, Chano Pozo, Miguelito Valdés… era uno de los elegidos de la divinidad. Uno de esos monstruos de la música cubana.

–¿Cómo valoraras a Elena Burke?

Es la voz femenina del filin por excelencia. Es la Ella Fitzgerald cubana. Como Chapotín, el Armstrong cubano.

Con Felipe Dulzaides, tuve el honor de trabajar como contrabajista, sustituyendo a Carlos del Puerto que iba para el servicio militar. Estuvimos en el Hotel Kawama de Varadero, en el Club La Red de El Vedado habanero y otros lugares más. Compartí con Changuito (tumbas), Armandito Romeo (vibráfono), Ahmed Barroso (guitarra), Tony Valdés (drums), y Regino Tellechea (Voz). Sin dudas, Felipe en el piano fue un maestro, a pesar de ser autodidacta y significó una escuela para todo el que pasó por su grupo.

Emiliano Salvador fue como un hijo para mí, compartí con él grandes momentos de la música cubana y el jazz. Sobre todo los primeros discos junto a Pablo Milanés. Fuimos las voces de esas primeras grabaciones: Nueva Visión, Convergencia,Son de la Loma… Me siento orgulloso de ser parte de ese hito de la cultura musical cubana, que forjamos juntos y que todavía hoy sigue siendo algo de impacto, un reto.

–Cuenta tus aventuras a fines de la década de 1950 fuera de Cuba…

Salí de Cuba en el verano de 1959, al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Viena, Austria, cantando en el coro a capella de Nilo Rodríguez, donde conocí a Pacolo, uno de sus integrantes. No olvides que fue la primera delegación artística de la revolución triunfante. Con nosotros iban Eduardo Saborit, El Indio Naborí, Jesús Orta, la orquesta América y otros grandes como Rafael Aquino, un conjunto folclórico con Nasacó, Andrés Cortina, Mario Aspirina y otros; un cuerpo de bailes con Sonia Calero, entre otros, todos, bajo la dirección del gran bailarín y coreógrafo Alberto Alonso. Éramos más de 100 integrantes. Es inolvidable aquel momento, cuando salimos al desfile inaugural en aquel estadium repleto de un público ansioso de ver a los cubanos y, ahí, se abren varios vehículos y salen miles de palomas que llenan aquel cielo de agosto como homenaje a nuestro país…

Toda la emoción nos llenó de alegría y orgullo por ser parte de esta nueva historia de Cuba y su flamante Revolución.

–¿Quién es Bobby Carcassés, un renegado del canto, la rumba, la guaracha, el son, el jazz, las artes plásticas o qué?

Mira, lo mío fue siempre cantar, saltar calles, dibujar… Siempre me he sentido artista-deportista-pintor. Así… No, no soy un renegado de ninguna de mis raíces: la rumba, por ejemplo, es mi primer contacto con la percusión después de la voz, con la que nací cantando. Al llegar de Jamaica, a los 4 años, mis tíos me enseñaron la rumba de cajón sobre los muebles y, a los 12 años me compré una tumba de candela. Y, con la guaracha, lo mismo, es un género obligado que hay que masterizar, como lo hice en el Cabaret Nacional de la calle Prado en 1956 cuando debuté con Bobby Collazo… Mira, allí, en los bailables, luego del show Soth Pacific que dirigía Gustavo Roig (hijo de Gonzalo Roig), yo descargaba con Peruchín (Pedro Jústiz) y cantaba guarachas y boleros.

Pero, la pintura, nació conmigo igual que el canto, que me viene de vidas anteriores… El Jazz, fue Armandito Sequeira quien me lo reveló, quien me interesarme porque por él, porque me develó el misterio del swing, luego en 1958, fui a parar a un cuarteto vocal en Tropicana junto al maestro Armando Romeu y su big band –la mejor de todos los tiempos– con un show llamado Rumbo al Waldorf creado por Roderico Neyra, Rodney con el que fuimos a New York y, allí, de visita en el salón Birdland, vi a Buddy Rich, un monstruo del drums y, a Frank Grillo, Machito… Sin dudas, esto fue el detonador definitivo para mi inmersión en el jazz.

–¿Algunos afirman que la rumba es la esencia musical del Caribe será, acaso porque muestra plenamente lo negro de manera más viva, con mayor grado de percusión?

Sí, es la esencia. Nuestra rumba es el equivalente del jazz norteamericano, porque se fue sedimentando como respuesta a la pretensión de los blancos esclavistas de imponer su cultura y religión a aquellos negros esclavos, desarraigados violentamente, a la fuerza de su entorno y sus seres queridos, para convertirlos en animales de carga. Allí, poco a poco, a través de spirituals, ragtime, blues, surgió, se llegó a concretar el jazz. Aquí, en nuestro caso, pasó lo mismo con la rumba, los complejos afrocubanos como lo yoruba, la santería, los orishas, etc., derivó en lo más urbano, que es el complejo de la rumba.

La rumba tiene muchos encantos… además de la percusión, porque, un ejemplo, en el yambú, y el guaguancó, se baila en parejas, hombre-mujer pero, pero, el hombre siempre tratando de “vacunar” a la mujer y, en la columbia, vemos al hombre solo, haciendo ostentación de su figura masculina y del virtuosismo de sus pasos, de su danza.

–¿Cómo definirías tu estilo?

Mi estilo es una fusión que empezó en París, Francia, cuando, en 1960 vi a Pepín Vaillant en el cabaret Robinson, al lado del Moulin Rouge. Allí me llevó mi hermano en el arte, Rafael Pina Machin, Pacolo el impacto fue definitivo y, esto se me quedó sembrado hasta el Teatro Musical y Teatro Martí, cuando confeccioné mi espectáculo de showman… Ahora me dicen artista integral en Canadá. Sí, yo he incorporado precisamente, rumba, pantomima, plástica, instrumentos musicales y, otras manifestaciones, con la pretensión de ser el artista más completo y, trato por todos los medios de que cada una de ellas se proyecte con la mayor calidad posible.

Páez canta a su Habana en “concierto atípico”

                                                           Por Mónica Rivero                         Tomado de  http://www.cubadebate.cu

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Fito Páez en el Karl Marx. 1ro de octubre de 2014. Foto: Marcel Fernández.

 

“Hace 20 años nos vimos aquí, también con Fito“, comentan nostálgicos dos amigos “cuarentañeros” cuando se reencuentran ahora, al cabo de despedir a lo largo de estos años a otros diez que conformaban su grupo. Comprobado: Fito Páez en Cuba puede ser un encuentro con otro tiempo, a través de nostalgias compartidas.

“Esencial”: concierto en el teatro Karl Marx, parte del programa del Festival Leo Brouwer de Música de Cámara fue el lugar de la cita que nunca se hiciera, ni falta hizo.

Presentado por el propio maestro Brouwer ante un auditorio abarrotado, Páez interpretó temas de su autoría y ajenos (también suyos en tanto queridos) acompañado por la Orquesta de Cámara de La Habana y el pianista cubano Aldo López-Gavilán: “…un muchacho que tiene 40 dedos en cada mano”, tal fuera la seña ofrecida por el Maestro al invitarlo a escena.

Anunció entonces que se trataría de un concierto especial: “atípico, tratándose de Fito, que ya es atípico”, insistió. Lo particular estaría dado por el formato de la presentación, y por que interpretaría obras de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés,Charly García… cantaría Fito sus amores, sus nostalgias en lo que sería un homenaje a la música americana.

Conversó mucho entre canciones y se movió en el escenario al uso de Fito Páez, cantó a capella Quién dijo que todo está perdido, presentó Un vestido y un amorevocando la noche en que conoce a Cecilia Roth y cómo no se va esa noche ni en los diez años que le siguieron.

“Cuba me salvó”, comentó luego. “Estaba en Buenos Aires, en una etapa de crisis por unepisodio siniestro en mi familia, y Pablo me trajo pacá” (debía ser dicho en pleno cubano). “Y aquí me salvaron”. Era la Cuba de Varadero ´87, “todos con la cabeza llena de música”.

“Esencial”, de Silvio a Pablo en un arco musical que fue de La vida a Para vivir.DedicóCable a tierra a Santiago Feliú, a quien –según contó– solía cantarle esa canción. Hizo también un homenaje a Luis Alberto Spinetta, en un momento del concierto en que había dicho en tono melancólico: “Todo parece muy simple: venimos, estamos y nos vamos”.

A las predecibles aclamaciones del público llegado el fin del repertorio pidiendo una canción más, contestó Al lado del camino, sello de un concierto de mezcla, trovo-tanguero, evocador asimismo de emociones variopintas y no pocas veces, incluso, encontradas.

 

 

Fito Páez en el Festival Leo Brouwer de Música de Cámara. Foto: Carla Valdés León.

Fito Páez en el Festival Leo Brouwer de Música de Cámara. Foto: Carla Valdés León.

Concierto de Fito Páez en el Karl Marx. Foto: Iván Soca Pacual.

Concierto de Fito Páez en el Karl Marx. Foto: Iván Soca Pacual.

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Concierto de Fito Páez en el Karl Marx. Foto: Iván Soca Pacual.

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Concierto de Fito Páez en el Karl Marx. Foto: Iván Soca Pacual.

El maestro Leo Brouwer, anfitrión, junto a Fito Páez. Foto: Carla Valdés León.

El maestro Leo Brouwer, anfitrión, junto a Fito Páez. Foto: Carla Valdés León.

Fito Páez: “Cuba me salvó”. Foto: Carla Valdés León.

Fito Páez: “Cuba me salvó”. Foto: Carla Valdés León.

Un corazón para ofrecer. Foto: Carla Valdés León.

Un corazón para ofrecer. Foto: Carla Valdés León.

Fito Páez y Dayana García, directora de la Orquesta de Cámara de La Habana, al final de la presentación. Foto: Carla Valdés León.

Fito Páez y Dayana García, directora de la Orquesta de Cámara de La Habana, al final de la presentación. Foto: Carla Valdés León.