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Hallan dos obras de Picasso robadas en 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

Dos cuadros de Picasso que fueron robados de una exposición en Suiza en 2008 han sido localizados en Belgrado, según informó hoy el ministro del Interior serbio, Ivica Dacic.

Las piezas son Tête de cheval (Cabeza de caballo), de 1962, y Verre et pichet (Vaso y jarra), de 1944, valoradas en varios millones de euros, según declaró Dacic a la agencia de noticias Tanjung.

Los dos cuadros fueron robados en febrero de 2008 de una exposición en el centro cultural de la localidad suiza de Pfaffikon (cantón suizo de Schwyz), aunque son propiedad del Museo Sprengel de Hannover, Alemania. Según relató entonces la policía suiza, los delincuentes lograron introducirse “de manera misteriosa” en el local y “salieron del edificio poco después de las 19.00 (hora de cierre de la exposición), lo que activó la alarma”.

Dacic declaró que las pinturas fueron localizadas por el servicio serbio de lucha contra el crimen organizado (SBPOK) en cooperación con la policía suiza. “Ahora estamos intentando averiguar quién trajo los cuadros a Serbia, cómo y cuándo y dónde los escondieron”, ha señalado el director de la policía serbia, Milorad Veljovic, a la agencia Reuters. Suiza ha solicitado a Serbia la devolución de los cuadros.

ESCUDRIÑANDO ARCHIVOS

Una duda curiosa: el puente tiene una placa que informa: “Bcet by. Virginia. Bridge& Iron Co. Roanokeiva, 1917. No 592.” Sin embargo, se concluyó, tal como está, en 1890. Entonces, ¿por qué habrán colocado desde un principio esa plancha en el frontón de las vigas laterales? (Foto: Héctor Darío Reyes).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Plancha en el frontón de las vigas laterales

Por Luis Machado Ordetx

Vega Alta no está enfundada por una cripta de olvido: su historia todavía sustenta la explotación del mayor puente colgante, en longitud y altitud, del ferrocarril cubano. Esto posibilitó en marzo de 1890 que se inauguraran las paralelas que unieron a Encrucijada con Camajuaní, así lo apunta Alcover y Beltrán, y lo refrenda Martínez-Fortún.

El antiguo corral de Bartolomé Rodríguez, regidor alférez real de Santa Clara en 1794, cobró entonces otra dimensión tras el propósito de la sacarocracia de Cienfuegos, Sagua la Grande y Remedios por empalmar de sur a norte a la Isla, y tocar puntos agrícolas del centro del país. Las exportaciones e importaciones, desde los ingenios o los pequeños poblados, irían o vendrían desde sus respectivos puertos.

Casi un siglo antes, en 1696, en los litigios territoriales entre Remedios y Santa Clara —linderos del río Sagua la Chica, en la banda del levante para el primero, y del poniente en el segundo—, Vega Alta formó parte de las 52 haciendas que integraron la jurisdicción de la Octava Villa de Cuba.

Desde entonces tuvo distinción en la crianza de ganado y el fomento tabacalero y azucarero. La  mayor jerarquía la adquiere a partir de la construcción de la línea férrea, y del sorprendente puente. De acuerdo con el rotativo El Criterio Popular, de Remedios, y lo admite Martínez-Fortún, «constituyó, a partir Camajuaní, un triángulo perfecto en el trasiego de mercancías y viajeros entre Sagua la Grande y Caibarién. Persiste interés en enlazar a Sancti Spíritus por esta vía. Los vapores o el tren harán los otros periplos.»

En la Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción (1901), Alcover y Beltrán es prolijo en documentación:

«Este puente, sistema Prats, americano, ha sido construido en los acreditados talleres de Mr. Verrearen &, de Jager, de Bruselas (Bélgica). Es todo de plancha de acero, batido o dulce, de ½ pulgada de espesor o grueso, con trabazón de angulares remachados, cuyo total de número de remaches no baja de 60 000.

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El cielo es un basurero

Ubicación de satélites activos y basura espacial de tamaño considerable y cuya procedencia es identificable. Además de ellos, hay miles de pequeñas piezas con riesgo de impactar. Foto: Analytical Graphics. Inc

Ubicación de satélites activos y basura espacial de tamaño considerable y cuya procedencia es identificable. Además de ellos, hay miles de pequeñas piezas con riesgo de impactar. Foto: Analytical Graphics. Inc

Un viejo satélite de la NASA, que se precipitará este viernes contra la superficie terrestre, es apenas un ínfimo ejemplo de los más de 22 000 desechos que desde hace algunos años orbitan alrededor de nuestro planeta

Patricia Cáceres

Quienes vivan entre los 57 grados latitud norte y los 57 grados latitud sur del Ecuador, deberán apuntar bien la mirada hacia el cielo a partir de este viernes 23. Y no precisamente porque se acerque una tormenta o haya sido anunciada una de esas extraordinarias e inusuales «lluvias» de meteoritos.

La razón —mucho más preocupante— es el UARS, un satélite de la NASA de unas 6,5 toneladas, que se precipitará sin control hacia esa porción del planeta a una velocidad de ocho kilómetros por segundo.

Según refirió el diario ABC, se trata de una vieja sonda de investigación de la alta atmósfera (UARS: Upper Atmosphere Research Satellite), lanzada en 1991 desde el transbordador Discovery para medir los cambios atmosféricos y los efectos de la polución sobre la capa de ozono.

La misión, con diez instrumentos a bordo, se prolongó durante más de una década hasta el 2005, y luego el satélite comenzó a caer lentamente en dirección a la Tierra.

La NASA ha advertido que, aunque la mayor parte del equipo se romperá en mil pedazos al hacer contacto con la capa atmosférica, existe el riesgo de que algunas piezas resistan y se precipiten contra la superficie terrestre en un área de hasta 500 kilómetros.

La agencia espacial estadounidense había previsto desde hace algún tiempo que el UARS impactaría a finales de septiembre o principios de octubre pero, según explicó, su llegada se adelantó para el viernes 23 debido a un fuerte aumento en la actividad solar esta semana.

Hasta el momento, se prevé que el punto de colisión se encuentre entre el paralelo 57 norte (sur de Alaska, Dinamarca y norte de Rusia) y el paralelo 57 sur (punta sur de la Patagonia).

No obstante, la NASA aseguró que el riesgo para la seguridad de las personas y sus propiedades es extremadamente bajo —de uno entre 3 200— y recordó también que desde el comienzo de la Era espacial, a finales de los años 50, no existen informes de daños causados por objetos provenientes del espacio.

El UARS es mucho más pequeño que el Skylab, el primer laboratorio orbital, de cien toneladas de peso, que cayó en 1979 en el Océano Índico y en partes poco pobladas del occidente de Australia, sin ocasionar perjuicios.

De manera similar, en 1958 el satélite Sputnik 2 entró en nuestra atmósfera cubriendo en diez minutos la distancia entre Nueva York y el Amazonas, dejando una estela de luz que fue vista por miles de personas.

Chatarra cósmica

Aunque algunos no lo sepan, el UARS es apenas un pequeñísimo ejemplo, una ínfima parte de la basura espacial que desde hace algunos años circunda nuestro planeta en una interminable danza flotante.

Datos ofrecidos por la Oficina del Programa de la NASA de Restos Orbitales, publicados en el periódico BBC Mundo, sugieren que actualmente existen más de 22 000 objetos de gran tamaño en órbita —desde viejos cohetes y lanzadores hasta satélites en desuso— que pueden colisionar entre sí constantemente, creando aún más chatarra.

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Una región sin mu­chas analogías entre los cuba­nos

Puente el Triunfo en Sagua la Grande, Villa Clara

El Municipio de Sagua la Grande es uno de los treinta y dos municipios en la provincia de Las Villas. Esta ubicado en el norte de la provincia. Al este limita con el municipio de Calabazar de Sagua; al sur con los de Cifuentes y Santo Domingo; al este con Quemado de Güines; y al norte sus costas son bañadas por el Canal Viejo de las Bahamas. Su territorio cubre una superficie de 554 kilómetros cuadrados.

Por Luis Machado Ordetx

www.cubanosdekilates.blogia.com

Una calle de Sagua la Grande, Villa Clara

Sagua la Grande representó la mayor amalgama de nacionalidades extranjeras en los dominios de un territorio cubano. Los datos aportados por Alcover y Beltrán en 1905, cuando publicó su Memoria Histórica de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción, son palmarios. En 1862, después de 17 años de  establecida la independencia de su caserío, antes bajo el dominio de la administración político y militar de Santa Clara, el Undoso  contaba con más de 51 mil 986 habitantes. Todos estaban diseminados en los cercanos asentamientos de Álvarez, Amaro, Calabazar, Ceja de Pablo, Quemado de Güines, Rancho Veloz y Santo Domingo.

Doce nacionalidades, sin incluir a los cubanos nacidos en la Isla, había por esa fecha. Sumaban 27 mil 307 extranjeros, entre los que existían españoles peninsulares, canarios, norteamericanos, franceses, yucatecos, portorriqueños, alemanes, sudamericanos, ingleses, portugueses, asiáticos y, por supuesto, africanos, quienes constituían el principal soporte económico de una población dedicada en lo fundamental a actividades industriales, de servicios y de comercio.

Así lo testifica Alcover y Beltrán. También las prolijas reseñas de Manuel Dionisio González y Martínez-Fortún y Foyo, delatan a un territorio que en poco tiempo logró un ordenamiento económico-social sin precursores en las recientes regiones surgidas con el tutelaje de la Corona de España.

No por gusto, hasta la cuarta dé­cada del siglo xix, Santa Clara la con­sideró «surgidero y llave de su vi­lla». De ahí su insistencia para im­pe­dir la segregación territorial. Por el puerto de Isabela de Sagua, una ex­celencia en la costa norte, sa­lían o en­traban mercancías produ­cidas  o re­queridas por la pobla­ción ra­di­cada en la región central.

Contaba entonces con 125 in­genios dedicados a la ela­bo­ración de azucares blancos, que­brado, mascabado, cucurucho y raspa­dura. Disponía de destilerías de aguardiente, curtidores de cueros, extractores de cal, y fabricantes de ladrillos o de tejas de barro rojo.

En 1835, se introdujo la plan­tación azucarera en esa región. Por ese tiempo, la trata negrera, ile­ga­lizada por convenios con Inglaterra, tomaba auge, en tanto los nor­teamericanos Roberto Stell, San­tiago Macomb y Jorge Bartlett, y el cubano Francisco Peraza, soñaban con montar a Sagua la Grande sobre las ruedas metálicas de los Caminos de Hierro. Un lustro después se trazaron las vías de enlace ferroviario. En febrero de 1858 circuló el primer tren de Sagua a Isabela. En ese puerto fondeaban más de 170 buques en trasiegos mercantiles que rebasaban por año las 8 mil toneladas.

El colega Manuel de Feria, quien gusta de los datos y las compa­ra­ciones, quedará atónito con las pro­ducciones que obtenían los sagüe­ros hacia la sexta década de la antepasada centuria: 119 mil 326 arrobas de arroz, frijoles (17 mil 708), papa (4 mil), raíces ali­menticias (314 mil 488), y tam­bién mos­tra­ba registros altos de café, maíz, sagú, tabaco, gar­banzo, queso y miel de abeja. La jurisdicción al­bergaba a 79 mil cabezas de ga­nado vacuno, caballar, mular, por­cino, lanar y caprino. Las cose­chas y las crías animales, al mar­gen del trabajo esclavo, depen­dían exclu­si­va­mente de 11 mil 828 labradores.

El desarrollo industrial brotó después. Ya se conocían pe­que­ños negocios de litografía, im­pre­sión de libros, herrerías, pla­te­rías, hojalaterías, astilleros, y de preparación de tisanas y li­cores medicinales. El puerto, abierto al tráfico internacional en 1844, y las conexiones ferro­via­rias por todo el país aceleraron las transformaciones econó­mi­cas y sociales que, durante la pri­mera mitad del pasado siglo, convirtieron a la Villa del Undoso en un puntal emprendedor y dis­tin­tivo de sus potencialidades productivas.

En uno de mis últimos pe­riplos por ese territorio, in­ves­tigadores del Centro de Pa­tri­mo­nio Cultural me obse­quia­ron una impresión digital del libro Sagua la Grande, una ciudad ideal. El texto es de 1960, y co­rro­bora da­tos y hechos con pro­lijas esta­dísticas. Antes, Alcover y Beltrán vislumbró el porqué de esa os­tentación luminosa en las gene­raciones que nos precedieron. Aho­ra, otra vez comprendo una ex­clu­si­vidad en la manera de hacer, pensar y crear una histórica idio­sincrasia con repercusiones eco­nó­micas y so­ciales. He aquí una región sin mu­chas analogías entre los cuba­nos.

Identificado el niño desconocido del Titanic

Este 31 de mayo se cumplen cien años de que fuera lanzado al agua el célebre trasatlántico británico, cuya fama de insumergible terminó en tragedia.

Luis Hernández Serridentificado-el-nino-desconocido-del-titanic.jpgano            

Tomado de www.juventudrebelde.cu

La incógnita sobre la identidad del cadáver de un niño encontrado poco tiempo después de hundirse el famoso trasatlántico Titanic el fatídico 15 de abril de 1912, ha sido despejada, tras casi un siglo de misterio.

De 19 meses de nacido era Sydney Leslie Goodwin, miembro de una numerosa familia de Melksham, Gran Bretaña, que iba a visitar las célebres Cataratas del Niágara.

Fue hallado el 21 de abril del mismo año, cinco días después del dramático suceso, y las investigaciones para descubrir quién era —éxito alcanzado hace poco tiempo— tardaron 99 años.

Como no se podían identificar, las autoridades que atendieron el desastre optaron por sepultar los restos del pequeño en el cementerio de Fairview, Halifax, Nueva Escocia. Allí se ubicaron también los cadáveres de más de cien víctimas del más grande accidente marítimo de todos los tiempos, en el cual desaparecieron cerca de 50 niños, y que conmovió entonces al mundo entero.

Según se dio a conocer recientemente, los investigadores llegaron a la identidad del niño de forma fortuita, aunque mediante las pruebas de ADN.

El epitafio de su tumba decía: «Erigido a la memoria de un niño desconocido, cuyos restos fueron recuperados después del desastre del Titanic, 15 de abril de 1912».

Inicialmente se creyó que el cadáver encontrado en el fondo del mar correspondía al hijo de la sueca Alma Palsson, que navegaba también en el barco, porque uno de los sobrevivientes declaró que el bebé que cargaba se le fue de las manos.

Se pensó igualmente que el pequeño cadáver hallado era el del irlandés Eugene Rice, también en la lista de los viajeros del Titanic aún no rescatados.

De manera casual, Carbol Goodwin, de 77 años, nieta de la hermana de Frederick Joseph Goodwin, uno de los viajeros que murió en el triste naufragio junto a su esposa y sus seis hijos —entre ellos Sydney Leslie— se comunicó con los investigadores y mediante su ADN se descifró el misterio.

La pasión de Héctor Villaverde

villacartel.jpgPor VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

Tomado de www.granma.co.cu

La concesión durante la última semana del Premio Nacional de Diseño 2011 a Héctor Villaverde hizo justicia a uno de los artistas que con su impronta definió el rumbo creativo de la cartelística cubana de la segunda mitad del siglo XX.

Este reconocimiento lo concede la Oficina Nacional de Diseño Industrial (ONDI) a los profesionales de más elevado desempeño a lo largo de toda una vida y considera entre sus candidatos a las más diversas esferas del diseño. Que se haya particularizado el caso de Villaverde seguramente tiene que ver con el posicionamiento de vanguardia del diseño gráfico cubano tras el triunfo revolucionario de enero de 1959, y al hecho que dentro de esa vanguardia el laureado ocupe un lugar prominente.
Cartel de Villaverde para el Centro Pablo.

Y es que Villaverde, desde los tempranos 60, contribuyó a que el cartel dejara de ser visto como arte menor o de circunstancias para convertirse, sin dejar de cumplir con su propuesta publicitaria, en un objeto de valor estético por sí mismo. Alentaron ese salto los diseñadores que trabajaban para el ICAIC, la esfera ideológica del Partido y el Consejo Nacional de Cultura, organismo este último en el que se insertó el joven Villaverde.

A la par de la producción de carteles, el artista fue desarrollando una fructífera carrera en otras zonas del diseño gráfico, como la identidad de publicaciones, entre ellas Revolution and/et Culture y Cuba Internacional, y las colecciones literarias de la UNEAC.

También hay que destacar en Villaverde su labor como promotor del rescate de la memoria del diseño gráfico cubano, su interés por transmitir experiencias a las jóvenes generaciones, el impulso que dio a la utilización de las nuevas tecnologías en función del diseño convocado por el infatigable Víctor Casaus en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, institución que le otorgó también el Premio Memoria Viva, por su prolija documentación de la historia del diseño cubano entre 1959 y 1974.

Todo ello se resume en una palabra: pasión por el diseño. La cual va acompañada por otra: perseverancia.

 

La mujer más longeva del mundo es cubana, y no figura en libro Guinness

juana-bautista-cuba-longeva-580x417.jpgLa cubana Juana Bautista de la Candelaria posa con sus tataranietas Yuleinnis, de 7 meses, y Yelennis de siete años, en el poblado de Campechuela, en la provincia Granma, unos 800 kilómetros al este de La Habana, este lunes 23 de mayo de 2011.

No figura en el libro Guinness de los récords pero es la persona más longeva de Cuba y probablemente una de las más ancianas del mundo con 126 años.

El número de cubanos que actualmente supera los 100 años asciende a 1.551, diez más que los existentes en la isla el año pasado, informaron recientemente las autoridades sanitarias del país.

La cifra se divulga tras una actualización realizada en febrero al “Estudio de Centenarios en Cuba” que tuvo lugar entre los años 2004-2008, bajo la coordinación del Ministerio de Salud.

La mayoría de los centenarios de la isla viven en las provincias de La Habana, Santiago de Cuba, Holguín, Camagüey y Villa Clara, considerada la región más envejecida del país.

(Con información de EFE)

El Martí que no conocí

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Por Yandrey Lay Fabregat
Ilustración: Linares

No me gusta el Martí levantado sobre mármol y grandilocuencia. Rechazo todo estereotipo que han construido sobre él: un prócer de frente ancha y palabra incisiva contra España. Es más, siempre me he alejado de la figura reluciente que vive en los libros de historia y no respira ni posee debilidades humanas.
Si me dieran a elegir, preferiría la compañía de ese muchacho delgado y pálido, al que indistintamente llamaron «Cuba Llora», «Doctor Torrente» y «Cristo inútil». El mismo que, con el apodo de Galantuomo, enloquecía a jovencitas en el México de los años 70 del siglo xix.
También el que sabía de modas o el que calmó la ira de un carretero con unas monedas y el consejo de que comprara caramelos para sus hijos. O quizás el que, al volver a La Habana, no aceptó una alcaldía mayor interina porque lo consideraba un hecho bondadoso por parte de quienes lo habían propuesto, pero sabía que aceptarlo sería una deshonra para él.

El sufridor de los hierros

Es curioso esto de mis odios y amores, pues no solo admiro al gigante del pensamiento, sino también al pequeño que medía 1,65 metros y pesaba 140 libras. Prefiero, por encima de cualquier otro retrato, a ese hombre menudo y nervioso que subía los escalones rápidamente y era degustador del vino Mariani.
Junto a su prosa llamativa o las metáforas que lo hicieron triunfar en un tiempo de grandes oradores, yo mostraría al Martí que se gastaba el dinero en fotos de cuadros mientras andaba con los zapatos rotos, y al que dijo que la frente del biólogo Charles Darwin, autor de la teoría evolutiva de las especies, era tan grande como la ladera de una montaña.
Pero no, no siempre fue ese el héroe que me describieron en los actos políticos. Mientras daban brillo a la biografía, se les olvidó dejar alguna mancha que excitara la curiosidad de los espectadores y los obligara a quedarse un rato más frente a la tribuna.
Hace muy poco, el maestro Antonio Florit García me contó que Martí había padecido durante toda su vida las secuelas de los hierros que le pusieron en el presidio. Las llagas nunca curaron, y el roce de la cadena desarrolló un tumor en la ingle. A causa de esto, necesitó varias operaciones, hasta terminar con la pérdida del testículo derecho.
Durante un tiempo, el Apóstol tuvo que evadir las acusaciones de quienes lo azuzaban a probar suerte en el campo de batalla. Llevaba con orgullo las lesiones que sufrió en las canteras, pero no podía revelar la naturaleza de estas para no ser víctima de las burlas de la época, como escribió en una carta a La Colonia Española, un diario pro peninsular.
Cuando uno que otro dudó de su valentía, les contestó con voz firme: «Soy tan hombre que no quepo en mis calzones.» Y fue una frase dicha con vergüenza, avalada por el hecho de que al llegar la hora no dudó en lanzarse a la manigua, aunque las viejas heridas no le permitieran llevar con soltura el machete y el revólver.

La luz de nuestro tiempo

Ese es el Martí que me gustaría mostrarles a nuestros niños, no el Martí de cera y ojos serios que siempre me pintaron. El mismo que perdonó al hombre que trató de envenenarlo y no solo lo abrazó como un hermano, sino que lo ganó para la causa independentista.
Ciertamente, uno siempre admirará al intelectual antiimperialista, antirracista, pensador latinoamericano, pero su imagen brillaría más si mostráramos su rostro plagado de arrugas y desperfectos, porque la luz del sol siempre reluce entre sus manchas.
Al recordar al Apóstol, deberíamos citar con frecuencia a aquel loco peligroso, como lo describió Ramón Blanco, el capitán general de Cuba, al escucharlo pronunciar un discurso incendiario frente a las más altas autoridades españolas en la Isla.
Luego de eso, nuestro Pepe marchó a su segundo destierro y no pudo regresar a La Habana,ciudad que lo vio nacer en 1853. Dicen que el general Blanco le propuso una amnistía si aceptaba declarar en los periódicos su adhesión a la Corona, a lo cual el prócer respondió: «Digan ustedes al general que Martí no es de raza vendible.»
Es el mismo hombre que orientó a Juan Gualberto Gómez devolver 8 mil pesos que el bandido Manuel García, conocido como el Rey de los Campos de Cuba, había donado en 1895 a la causa independentista, y todo porque los obtuvo al secuestrar a un cubano acaudalado.
La carta que le dirigió a Juan Gualberto con motivo de ese suceso decía que el árbol de la independencia debía venir sano de raíz, advertencia lúcida y desinteresada, pues el propio Martí había señalado en muchas ocasiones que el árbol sembrado por él no le serviría para cobijar su casa.
Este, definitivamente, es el Martí que no conocí, el Martí oculto en las polvorientas cartas que guardó Gonzalo de Quesada, el Martí que recordaba María Mantilla o el que los cubanos de Ocala honraron al bautizar un pueblo con su nombre: Martí City.
A nosotros toca hacerle ese otro homenaje: atraer la estatua perdida en las nubes, recortar el pedestal hasta ponerlo a la altura de todos los cubanos y convertir el mármol en carne, para iluminar con su estrella las oscuridades de nuestro tiempo.

Leer sin ver (I)

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LOURDES ORDEÑANA DEL RÍO

Tomado de www.cubahora.cu

La mayoría nos hemos deleitado leyendo el libro La Edad de Oro (1889), de José Martí; o con los sentimientos de amistad y amor expresados por el protagonista de El principito (1943), relato corto del francés Antoine de Saint-Exupéry; las adversidades experimentadas en el Relato de un náufrago (1955), narradas por el colombiano, Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, entre otros.

Pero lo cierto es que estas joyas literarias no hubieran podido ser leídas por los ciegos, y personas con baja visión, si en el año 1829 no se hubiera creado un conjunto de puntos en relieve, que representa una herramienta válida para leer, escribir, componer… Estamos hablando, como el lector conoce, del Sistema Braille.

El nombre se deriva del apellido de su creador, Louis (1809-1852), de nacionalidad francesa, quien a los tres años de edad quedó ciego debido a un accidente, mientras jugaba en el taller de su padre, y se dedicó posteriormente a ser educador, y a establecer una forma de lectura y escritura táctil.

En la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, sita en la Plaza de la Revolución, se pueden encontrar traducidas al Braille diversas obras, a las cuales tienen acceso todas las personas con deficiencia visual.

“A pesar de nuestro centro poseer un fondo reducido de documentación traducida, en dependencia del interés, metamorfoseamos las demandas mediante transcripciones y digitalizaciones. Es decir, adaptamos un texto, así sea escrito o sonoro, al Braille. Tenemos las herramientas y metodología para ello. Es un servicio altamente personalizado para usuarios con discapacidad visual”, comentó para Cubahora, Lourdes Lopetegui Valera, Especialista Principal en Bibliotecología de la Sala Frank Emilio, de la citada institución.

LA ISLA DEL TESORO Y…

Según estadísticas de la Asociación Nacional del Ciego (ANCI), que resumen cifras del primer trimestre del presente año, en nuestro país existen 7 023 ciegos (271 niños y 6 752 adultos), y 24 496 con baja visión (1 175 infantes y 23 321 mayores). Esta suma (31 519) requiere de una serie de recursos e inversiones para cubrir en la mayor medida posible sus necesidades, garantizarles la debida educación y desenvolvimiento social.

“Entre las ofertas de la Biblioteca Nacional, también podemos mencionar libros como: La Isla del Tesoro (1883), del escocés Robert Louis Stevenson; Corazón (1887), del italiano Edmundo de Amicis; Había una vez (1946), del pedagogo Herminio Almendros, español radicado en Cuba, y colecciones de autores cubanos como el propio José Martí, Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso, Rafael Chacón, además de otros escritores latinoamericanos”, aclaró Lopetegui.

Con el fin de profundizar en el tema, también nos entrevistamos con José Manuel Pérez López, director desde hace siete años de la Escuela Especial Abel Santamaría, perteneciente al Complejo Educacional Ciudad Libertad, en Marianao, La Habana.

“Este sistema parte de la composición de seis puntos. Mediante ellos se obtienen 64 diferentes combinaciones, válidas para todas las letras del alfabeto, numeración, grafía científica, signos de puntuación, símbolos matemáticos y musicales. Ha ido tomando fuerza con el tiempo, se ha internacionalizado”.

Habló también sobre el avance de la educación especial y el mejoramiento de la atención a las personas con deficiencia visual en la sociedad.

“La primera escuela, antes del Triunfo de la Revolución, en 1959, se ubicó en la antigua Fundación Varona, en Marianao. Este proceso se perfeccionó a partir de aquel año, y en 1989 se trasladó a Ciudad Libertad. Se convierte en una instalación de nuevo tipo, con mejores condiciones, y eliminación de barreras arquitectónicas. En estos momentos, en cada una de las provincias del país existe un plantel de este corte”, indicó el también Máster en Educación Especial (2009), y Licenciado en Cultura Física y Deporte (1988).

Han quedado subrayados otros elementos en nuestros apuntes. El tema es tan humano y noble, que muy bien merece que volvamos pronto con más…

La red, nuevo medio de lucha y el medio mismo (ecológico) en el que luchamos

Santiago Alba

Tomado de www.lajiribilla.cu

Por Santiago Alba

Cuando hablamos de “medios digitales”, debemos analizar de entrada el soporte tecnológico del que dependen orgánicamente y las determinaciones que ese soporte introduce en nuestra manera de abordar y organizar los datos —y nuestra propia conciencia de los mismos.

Lo primero que hay que afirmar, contra los que insisten en su neutralidad, es la “autonomía” de los objetos, también o sobre todo de los soportes tecnológicos. Que sean “autónomos” quiere decir: 1) que son relativamente independientes de las relaciones de producción de cuya entraña surgen y 2) que introduce en el mundo objetivo y subjetivo efectos no reproductivos, o no solo reproductivos, de esas relaciones de producción. Todo objeto (cuerpo, herramienta o soporte tecnológico) abre y cierra al mismo tiempo un conjunto de límites, si se quiere, de carácter “universal”. Un martillo, por ejemplo, puede usarse a discreción, con arreglo a la necesidad o no de clavar clavos o incluso para romper cabezas; pero la forma y eficacia de la herramienta impone una cierta “postura” que iguala todos los cuerpos del mundo, con independencia de su sexo o nacionalidad. Mientras usamos el martillo —con el que, en todo caso, no podemos cortarnos las uñas ni pintar un cuadro—, somos la prolongación de un martillo; algo así como el extremo corporal de un martillo. Podemos afirmar, pues, que un objeto no es nunca enteramente obra nuestra (ni de la “humanidad”) y por eso mismo, al desprenderse en el mundo, al convertirse en parte de nuestra naturaleza, pasa a construir a su constructor. De ahí que tengamos que defendernos de los objetos (entre la arqueología y la biología) sin negar su autonomía: la condición, es decir, de su disfrute y de su uso.

Con lo que llamamos nuevas tecnologías, cuya metáfora material es la “red”, las cosas se complican. Apenas sabemos todavía cómo calificar esa “red”. ¿Es una herramienta, como el martillo? ¿Un continente, como América? ¿Un órgano, como el riñón o el hígado? Es probablemente las tres cosas.

Como herramienta ofrece algunas ventajas inestimables. Permite la circulación y almacenamiento de número casi infinito de datos, imágenes y documentos, la comunicación inmediata con cualquier lugar del mundo y la construcción a muy bajo precio (al menos individual) de espacios autogestionados para el intercambio y la información. A eso se añade la posibilidad de autoperfeccionamiento a partir de la intervención de los propios usuarios (en los llamados programas libres).

Pero la red es también un territorio. Y su condición territorial determina a su vez su condición instrumental. Precisamente porque es un territorio, abierto a todas las intervenciones, su composición interna reproduce, con mínimas variaciones, la relación de fuerzas existente en el mundo exterior, donde sin duda no es favorable a los medios alternativos. El que sea un territorio abierto implica que todo el mundo puede vallar sus propios recintos, pero implica también que los dueños de la tecnología que hace posible la red misma —con sus nódulos de distribución controlados por EE.UU.— y los propios medios dominantes (por no hablar de empresas comerciales y distribución de pornografía) dominan ampliamente el nuevo continente. Por lo tanto, no se trata de que hayamos encontrado un territorio libre, sino de que ahora tenemos que liberar otro territorio.

En esta lucha por la liberación de la red, se equivocan los que creen que debemos mantener espacios informativos abiertos, libertarios y un poco cimarrones, donde todo el mundo pueda expresarse sin restricciones. La gran ventaja de la herramienta-red es que permite a la izquierda tener  un periódico sin tener que hacer una inversión de 300 millones de dólares; es decir permite a la izquierda decidir sobre un espacio de información, estableciendo criterios editoriales de selección (la libertad de censura, la única libertad de expresión existente en un mundo atravesado por luchas de clases) que se ajuste al mismo tiempo a los principios objetivos de una información veraz y a las necesidades de orientación ideológica en un mundo deformado por la manipulación y el consumo. La herramienta en este caso permite cerrar el territorio, delimitar un pequeño recinto liberado desde el que introducir nuevos datos e imágenes en el mundo.
Pero la red es también un órgano, como el hígado o el riñón. Y si uno puede rechazar un martillo o escapar de un territorio, no podemos decidir libremente vivir sin nuestro riñón derecho o nuestro hígado. Aún más: no es nuestra conciencia la que impone el régimen de funcionamiento de nuestro hígado, sino al revés, nuestro hígado el que, como inmanencia orgánica, determina los límites de nuestra funcionalidad corporal. Este vertiente “órgano” de la red determina algunos efectos que no podemos controlar: una cierta velocidad irresistible, incompatible con un cerebro finito; la hegemonía perceptiva de la simultaneidad sobre la sucesión, que es la condición de la narración y el pensamiento; la proliferación cancerosa de información inasimilable y difícil de contrastar y la confusión de la vida misma con un flujo íntimo exteriorizado en la pantalla que no podría interrumpirse sin aplicar una especie de violencia mortal. Esta vida independiente del órgano actúa sobre el territorio, cuestionando una división que hasta ahora, convencional y con distinto contenido histórico, había permitido sin embargo jerarquizar el orden de la percepción. Me refiero a la separación público/privado, cuyas fronteras se han visto muy debilitadas en el nuevo territorio por el movimiento puramente orgánico de la red. Un millón de personas hablando en una habitación con una ventana abierta, ¿hablan en el espacio público o en el espacio privado? Sin duda, estamos muy lejos de haber pensado a fondo los cambios que la red ha introducido en el concepto mismo de “lo público”y, por lo tanto, en las fuentes mismas de la autoridad comunicativa.

Es probable que no se equivoquen los que piensan que el “periodismo convencional” va a desaparecer en pocos años, pero los que lo anuncian parecen ceder a la propia irresistibilidad orgánica de la red, aceptando ese cambio como necesariamente emancipatorio. Pero la pregunta debe ser: ¿es bueno que desaparezca el periodismo convencional? La (in)diferencia entre lo público y lo privado, ¿no nos deja desvalidos frente a fuentes de información cuya autoridad no podemos cuestionar porque tampoco podemos validar? Que no podamos retroceder —porque los retrocesos tecnológicos, al contrario que los políticos, solo se producen en casos de cataclismo cósmico—, que haya que vivir dentro del nuevo medio y luchar en su interior, no debería impedirnos, en todo caso, tratar de juzgar críticamente sus potencialidades: utilizar lo que la red tiene de herramienta, conquistar lo que tiene de territorio y defenderse de lo que tiene de orgánico y, por lo tanto, inconsciente y etológico. La red es un nuevo medio de lucha pero también el medio mismo (ecológico) en el que luchamos. Aquí, como fuera, la victoria será del que mejor analice y movilice sus recursos.