La sonrisa triste de Hollywood

Williams a su llegada al estreno de 'El Hombre Bicentenario', en Hollywood en 1999. REUTERS

Williams a su llegada al estreno de ‘El Hombre Bicentenario’, en Hollywood en 1999. REUTERS

Fue la señora Doubtfire, Jumanji, Patch Adams, el inolvidable profesor del Club de los poetas muertos… Robin Williams, fallecido a la temprana edad de los 63 años, se convirtió en uno de los cómicos más queridos del cine durante la década de los 80 y 90. Una amplia carrera galardonada con cinco Globos de Oro y un Oscar, por su papel en ‘El indomable Will Hunting’ en 1998.

Hijo único de un riquísimo ejecutivo de la Ford y de una actriz frustrada, nació el 21 de julio de 1951 en Chicago. Fue un niño solitario que pasó buena parte de su infancia trasladándose con su familia de domicilio.

Después de un corto período en Claremont College de California del Sur, donde estudió Ciencias Políticas, Williams ingresó en el Marin College para formarse en la interpretación. Pronto sus dotes le llevaron a recalar en la prestigiosa, donde pasó tres años tutelado por el famoso autor John Houseman.

Al concluir sus estudios volvió a San Francisco, ingresó en un taller de comedia y comenzó a aparecer en algunos pequeños clubs nocturnos de la ciudad. Durante esta época fue descubierto para la televisión, donde comenzó con un pequeño papel de maníaco extraterrestre en un episodio de la serie ‘Happy days’ (1974).

En 1976 se marchó a Los Angeles y comenzó a aparecer regularmente en The Comedy Store, un club nocturno local que presentaba nuevos talentos, trabajo que compaginó con la televisión –‘Robin Williams at Met’-, uno de los programas más aclamados en EEUU y con el que años más tarde realizó una gira por más de 23 ciudades de su país.

En 1980 debutó en el cine, de la mano de Robert Altman, en ‘Popeye’, cinta a la siguió una veintena de trabajos para la gran pantalla, como el ‘Buenos días, Vietnam’ (1987) de Barry Levinson, por cuya actuación fue seleccionado por primera vez al Oscar (mejor actor) y ganó el Globo de Oro al intérprete de comedia.

De nuevo optó al Oscar, también de mejor actor, tras encarnar a un profesor idolatrado por sus alumnos en ‘El club de los poetas muertos’ (1989), de Peter Weir.

En 1990 protagonizó con Robert de Niro ‘Despertares’ (Penny Marshall), uno de los escasos papeles dramáticos que el actor ha representado y donde dio vida a un médico que cuida en un centro a personas que yacen durante décadas en estado de letargo. Un año después rodó ‘Hook’ a las órdenes de Steven Spilberg.

Fue candidato al Oscar, por tercera vez, por su personaje de vagabundo perturbado en ‘El rey pescador’ (1991). En 1993 intervino en ‘Señora Doubtfire’ (Chris Columbus), filme en que se estrenó de productor y en el que realizó un doble papel de hombre-mujer por el que obtuvo el Globo de Oro al actor de comedia.

Después protagonizó ‘Jumanji’ (1995), de Mike Nichols; ‘Jack’ (1996), de Francis Ford Coppola; y el ‘Hamlet’ (1996) de Kenneth Branagh. El año 1997 le trajo buena suerte, con el Oscar al mejor actor secundario que recibió por ‘El indomable Will Hunting’ (1997) de Gus Van Sant. Por primera vez, Robin Williams se quedó casi sin palabras al subir al escenario ante la ovación de toda la profesión. Aunque enseguida se recuperó y empezó a bromear.

Desde entonces, en cambio, nunca volvió a conseguir un gran papel a la altura de su talento, si bien participó en películas notables como ‘Insomia’, del ahora idolatrado Christopher Nolan, o volvió a poner comicidad a éxitos de taquilla como ‘Noche en el museo’.

Así, en 2006 volvió a un centro de rehabilitación tras reconocer sualcoholismo y en 2009 sufrió problemas cardíacos. Pero nada parecía indicar que Robin Williams, que seguía más en el corazón del espectador que en la mente de los productores, se iría así sin más.

Se había anunciado una secuela de ‘Mrs. Doubfire’, estaba rodando otra entrega de ‘Noche en el museo’ y disfrutaba de un matrimonio todavía corto pero aparentemente estable con Susan Scheider.

Y es que Williams también tuvo una vida sentimental algo caótica, a la que sobreviven tres hijos de sus dos primeros matrimonios. “La vida solo te da una pequeña chispa de locura. No debes perderla”, dijo en una ocasión.

Tomado de http://www.elmundo.es

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