El hombre cero

Por Mayli Estévez                 Foto: Carolina Vilches                   Freddy Asiel

Freddy Asiel sube al box como quien bebe un vaso de agua, de una temporada para acá sabe que no tiene nada más que demostrar, o eso pensaba. Lo hecho, hecho está. Maniató la batería ajena cuanto quiso en los play off de la 52 Serie y lo hizo sin golpes en el pecho o demostraciones de alta ralea. El de Sierra Morena no se cree el primer pitcher de Cuba, es más no piensa en eso. El drama de ser el más aplaudido, el más elogiado y así sucesivamente lo trae sin cuidado. Freddy es un tipo apegado a su terruño y sabe que en la vida todo es un ratico, los mismos que hoy lo ven como extraterrestre en la lomita, fueron los que ayer casi lo llevaron al cepo. Nada personal Freddy, así es el camino a la cúspide. De todas, ya llevas un record  de 56 entradas y un tercio sin permitir carreras limpias, y te has vuelto el hombre de los ceros. Y en cuestiones de deudas, si todavía los acreedores de las gradas creen que te falta algo, ya la estás saldando con el Villa Clara, dos salidas, misma cantidad de victorias. La última a ritmo de no hit no run, y por demás a una ofensiva nada pacífica, la talla de un Eriel Sánchez o Frederich Cepeda, hicieron temer en muchas ocasiones se cumpliera la hazaña. Y hay que decirlo así, de seguro tú no pondrás resistencia. Tampoco eres de verbo alegre, si algo te molesta sales «al pan pan y al vino vino», si es asunto de entrevista te escabulles entre las frases típicas y sales del mal rato. Tengo que admitir que te he sufrido, que te he sacado las palabras, como la última ocasión donde recordaste que a un pitcher había que darle tiempo para crecer. Y mírate hoy, empinándote más allá de esa mole de cemento que han pintado de naranja, incluyéndote en libros que quizás nunca vayas a leer y en cifras que tal vez no reconozcas cuando los años te roben la fuerza de tu diestra. No sé lo que han dicho otros, me apena no saber lo que diré yo, por eso antes de que caiga la primera anotación limpia y los reconocibles de siempre vuelvan a ti, con la fusta en la mano y hablen de tu vulnerabilidad, había que regalarte estas letras. Más que ceros, desde finales de mayo pasado lo que andas haciendo es poniendo «punto en boca» como reclamaste aquella vez. Un guiño a tu manera de dejar las cuentas claras. Secado el sudor de la frente, y la prisa de alguna lagrimita inoportuna, baste decir: ¡Salve, Freddy!, los que te vamos a aplaudir te saludan. 

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