Primera aplicación práctica de hormigón con bioplastificante

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Tomado de www.ecosur.org

 

El 31 de Julio de 2013, el Centro de Investigación y Desarrollo de Estructuras y Materiales, CIDEM*, realizó la primera aplicación práctica de hormigón con un aditivo plastificante biológico basado en la tecnología de Microorganismos Eficientes. 

El hormigón, diseñado para alcanzar 25 MPa, fue colocado en la pavimentación de un hotel en la provincia de Villa Clara, cerca de la ciudad de Santa Clara.

El aditivo, denominado “MEF” (microorganismos eficientes Finlay), se produjo a través de un trabajo de colaboración entre el Centro de Investigación y Desarrollo de Estructuras y Materiales, CIDEM, con la Estación Experimental de Forrajes “Indio Hatuey”, IIHH, y el Instituto “Carlos J. Finlay”.

bioplastificante_hormigon_microorganismos_003Para esta primera aplicación práctica se produjeron 4 m3 de hormigón en la planta de pre-mezclado de la Empresa Constructora de Obras para el Turismo, ECOT, que construye los hoteles de la cayería norte de Villa Clara.

La producción de hormigón requiere de aditivos plastificantes cuyo uso permite que el material alcance la consistencia deseada con la menor cantidad de agua posible. La producción y venta internacional de superplastificantes es un monopolio en manos de un pequeño número de empresas, principalmente europeas.
Un metro cúbico de hormigón de 30 MPa consume entre 3-12 litros de estos productos, cuyo precio está entre 1 y 5 dólares americanos. El uso de plastificantes en Cuba puede representar hasta un 15% del costo de un metro cúbico de hormigón.

Desde el año 2008, y a partir de un pedido de IIHH, CIDEM comenzó el estudio del producto “microorganismos eficientes” como aditivo plastificante en hormigones. 
A mediados de 2012 el Instituto C. J. Finlay invitó a CIDEM a colaborar en el desarrollo de un producto industrial con propiedades plastificantes, que pudiera ser comercializado a la industria cubana.

Se formó un equipo multi-disciplinario formado por microbiólogos del Finaly y del Instituto de Biotecnología de las Plantas de la Universidad Central “Marta Abreu” de las Villas, más químicos e ingenieros civiles, también de la mencionada alta casa de estudios. Este equipo ha estudiado y modificado el producto hasta llevarlo a un punto donde ha podido ser usado como sustituto de los plastificantes comerciales. En la introducción del resultado fue crucial la colaboración con la Asociación Económica Internacional, AEI-UCM-BBI, que construye en la cayería norte, que desde los inicios mostró su interés en favorecer la introducción inmediata de este resultado con carácter experimental en sus obras, lo que ha sido una ayuda invaluable en el cierre del ciclo cerrado investigación-aplicación.

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El Dr. Fernando Martirena (centro) con parte del equipo de desarrollo del MEF

El plastificante está aún en su fase de desarrollo. El principal problema en la actualidad es la alta dilución con la que se produce, que obliga a usar altas dosis del producto para lograr el efecto deseado. El equipo trabaja en dar solución a este problema, y se espera que en breve se puedan anunciar buenas noticias. 
Por el momento, y usando las palabras de José Artiles, técnico al frente de la dosificación del hormigón de la Unidad Básica de la Industria de Materiales de la ECOT: “el aditivo produce unas interesantes mejoras en la laborabilidad de las mezclas de hormigón, que hacen más humano el trabajo de colocación… el hormigón resultante es mucho más coherente y no presenta problemas como la exudación o segregación del árido“.

Este producto se presentará a las autoridades técnicas cubanas para su certificación para comercialización y uso a mediados del 2014. En esta fecha la fábrica montada en el Instituto Finlay estará a plena capacidad, y podrá brindar a los constructores cubanos un producto que permitirá al país sustituir las importaciones de aditivos, y mejorar las propiedades de los hormigones que se producen. El Instituto Finlay utiliza los equipos de una planta de producción de vacunas que había llegado a la obsolescencia tecnológica, para montar una producción industrial de microorganismos eficientes con el objetivo de abastecer el mercado agropecuario y doméstico cubano. Esta planta tiene una capacidad de producción industrial de unos 12 millones de litros anuales.

*CIDEM es el socio local de la Red EcoSur en Cuba

Preparado por Dr. Fernando Martirena
Edición: EcoSur

 
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