Música grande desde cuerpos pequeños

Por Yunier Sifonte Díaz (estudiante de Periodismo)

La sonoridad de Caibarién ya no es la misma de antaño. Cuando llega la tarde y los estudiantes terminan su jornada escolar, comienza en las calles de la Villa Blanca un ajetreo diferente. No hay cuadra ni barrio que escape a las notas musicales en el ocaso caibarienense. No importa si son trompetas, flautas, trombones o  clarinetes. Los acordes salidos de esos instrumentos regalan en cada esquina un concierto particular, porque sus exponentes forman parte de la banda musical infantil de ese municipio y están ensayando.

Bajo la tutela del maestro Marcos Urbay Serafín —director de la Banda Municipal de Conciertos de Caibarién y una de las figuras más prestigiosas de la música instrumental en Cuba—, 36 niños entre 9 y 13 años asombran por las interpretaciones musicales realizadas.

Desde el año 2010 comenzó en Caibarién el proceso de formación de esa agrupación infantil, una de las pocas con que cuenta la provincia de Villa Clara. Todos tuvieron que someterse en sus centros escolares a una prueba de musicalidad elemental, auditiva y de ritmo. Llegaron a la primera clase sin apenas dominar las notas musicales y hoy, a apenas año y medio del primer paso, ya comparten en muchas ocasiones el escenario con los artistas de la banda profesional.

«Comenzamos con partituras acordes con su nivel, pero poco a poco aumentamos la complejidad. Los instrumentos los recibimos en noviembre de 2010, y a partir de esa fecha iniciamos los ensayos con ellos. Hoy esta banda infantil cuenta en su repertorio con 12 piezas, unas más difíciles que otras, pero interpretadas todas con una calidad exquisita», aseveró Urbay.

En el reciente encuentro provincial de bandas de conciertos, efectuado en Sagua la Grande, estos niños fueron los encargados de representar a su municipio. Allí compartieron espacio con los conjuntos más expertos de la provincia, y tanta fue la calidad de su interpretación que muchos los confundieron con el centenario grupo caibarienense, uno de las más reconocidos en Cuba por la belleza de sus ejecuciones.

Al decir de Alejandro de Armas Mirabal, primer trompeta del conjunto de niños, «cuando el público se pone de pie y aplaude es una sensación tremenda, una emoción indescriptible».

La banda infantil siempre fue un sueño para los caibarienenses y en especial para Marcos Urbay.

«Ahora podemos guiar a los niños por el bello camino del arte musical, ¿quién sabe si entre ellos existe un virtuoso en cualquier instrumento?, solo hay que despertar su vocación para descubrirlo.  Estos niños son el relevo del actual grupo. Hemos logrado revivir la historia, al fin Caibarién tiene su banda infantil como mismo la tuvo en 1905», manifiesta el octogenario maestro.

Uno de los miembros de aquella banda inicial fue Roberto Urbay Carrillo, primer trompeta por más de cinco décadas y quien dedicó 65 años de su vida a la enseñanza de la música instrumental. Como homenaje a su labor y a los fundadores de la agrupación insigne de Caibarién, el actual local de ensayo lleva su nombre y la primera pieza tocada por los niños en su debut fue la marcha interpretada por aquellos hombres hace 106 años, nombrada por Marcos Urbay Caibarién 1905.

«Cuando supe de la convocatoria decidí presentarme. Allí me hicieron las pruebas y pasé. Estoy muy contento por mi participación en el grupo y por tener un director como Urbay, una figura cumbre de la música. Esta banda es una de sus máximas ilusiones», asegura Elthon Morales Llanes, estudiante de octavo grado y ejecutante del trombón.

Una de las claves del éxito logrado por estos niños es la unión entre generaciones. Los integrantes de la banda profesional son los encargados de enseñar a sus futuros integrantes. Así aparecen en las habituales retretas, unas veces el estudiante frente al pentagrama y el profesor a la escucha; otras, el discípulo atento a la ejecución del maestro.

«Caibarién siempre fue una cuna de bandas musicales. Aun cuando no existía academia, muchos niños tocaban diferentes instrumentos. Enseñarlos es un reto para mí, pero igualmente una forma de retribución, porque nosotros también empezamos de cero y tuvimos a alguien que nos enseñara», destacó Radimir Milán Rodríguez, profesor de trompeta.

Con esta banda los caibarienenses tienen un motivo más para asistir a cada encuentro con la música en la glorieta del parque La Libertad, porque cuando el maestro Urbay agite su batuta y marque el compás en la ejecución de una pieza musical, de pequeños cuerpos saldrá la melodía que hace más de 100 años acompaña a los habitantes de la Villa Blanca.

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