La mala fama de los bisiestos

por  Francisco G. Navarro

Ningún día tan especial tiene el calendario gregoriano, vigente desde 1582, como este de hoy, reproducible cada cuatro años y que en Cuba al igual que en muchas otras latitudes goza de mal ganada fama.

Cualquier pequeño percance en la vida familiar, barrial o nacional, sea accidente de tránsito, infarto del miocardio, rabo de nube o plaga agrícola ocurrido en este año coincidente con los Juegos Olímpicos basta para escuchar por doquier la socorrida frase: “el bisiesto viene acabando”.

A lo largo de la historia las supersticiones siempre han buscado suficiente tela por donde cortar y un día tan sui géneris resulta un apropiado caldo de cultivo, al que suelen achacársele malas cosechas o cataclismos.

Acontecimientos como el hundimiento del Titanic (1912), la Guerra Civil Española (1936) o las muertes del pacifista indio Mahatma Ghandi (1948) y el genial músico inglés John Lennon (1980), ayudaron en su momento a reforzar la leyenda negra del bisiesto.

Aunque en honor a la verdad algunos de esos años divisibles por cuatro aportaron a la humanidad talentos como el compositor italiano Gioachino Rossini (1792), creador de la famosa ópera “El barbero de Sevilla”, y a quien el metabuscador Google dedica hoy su doodle (logotipo actualizado).

También la jornada número 60 del ciclo anual tiene su lado interesante, sobre todo para las personas nacidas ese día que podrán rebajar su edad con el mero ejercicio de dividir sus años entre cuatro.

Sobre todo esas mujeres (también hay hombres) para quienes el dato estampado en el carné de identidad constituye un incordio.

Cualquiera puede imaginar lo feliz que será una dama de 60 febreros aprestándose a celebrar sus 15, tradición muy arraigada en esta isla como en otros países latinos.

Aunque la fecha represente una curiosidad de las que muchos se percatan cuando ya está muy próxima, lo cierto es que algunos cálculos estiman que este miércoles cinco millones de terrícolas estarán de cumpleaños exacto.

Orgullosos de ese guiño que les hace el calendario, algunos han formado clubes de bisiestos y más reciente comunidades en Facebook para interconectar a los nacidos en la frontera ocasional de febrero y marzo.

A fin de cuentas el 29 de febrero es un día con las mismas 24 horas que cualquier otro, con la salvedad de que esos mil 440 minutos representan un añadido para compensar los sobrantes de tiempo remanentes de cada vuelta que este planeta azul dibuja alrededor de su astro rey.

Porque los 365 días son el resultado de un redondeo, que prescinde de las cinco horas, 48 minutos y 46 segundos extras necesitados por la Tierra en su movimiento completo de traslación, y se acumulan como quien deposita dinero en un banco y a los cuatro años cobra la tasa de interés.

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