“A mis 80 años sigo siendo la novia del filin”

Por : Benjamín G. Rosado

La cantante cubana describe su música “como un arroz con frijoles, picatostes y picadillo”. Con razón es uno de los platos fuertes de La Mar de Músicas, que arranca el 8 de julio en Cartagena. Omara Portuondo (La Habana, 1930) presenta, junto al pequeño de los Valdés, el martes 12, Omara&Chucho, la prueba de que, a sus 80 años, sigue teniendo la edad de lo que ama. “Soy la mulata chancletera de siempre”.


 

PREGUNTA: ¿Desde cuándo canta usted?
RESPUESTA: Desde los Veinte años, que escuché en la radio cuando no había cumplido los cuatro. Por entonces, hablar, cantar y bailar eran la misma cosa.

P: ¿Así de fácil?
R: Ay, mijo, es que a mí me gusta la gente, me gusta decir lo que pienso, cantar lo que digo…

P: Los cubanos ¿se cayeron en la marmita de la felicidad?
R: Eso me pareció a mí también. Es el sol, las palmeras y el mar por todas partes… Ése es el caldo de cultivo de la alegría.

P: Su madre se escapó de casa para casarse con un jugador de baseball. ¿Haría usted lo mismo?
R: ¡Claaaro! Dese cuenta de que uno no vale nada si no obedece al amor. Como dicen ustedes, hay que tener pelotas. Y mi madre fue a buscarlas a un campo de baseball.

P: ¿Jugó usted en la misma liga que Edith Piaf, Billie Holiday y Judy Garland?
R: Digamos que todas fuimos embajadoras musicales de nuestro país. ¡Pero yo era la más joven!(Risas).

P: ¿Le cantaría el Happy birthday to you a Castro?
R: Le cantaría Como yo te quiero. Cara a cara, que no he podido nunca.

P: ¿Y por qué llora tanto en sus conciertos?
R: Pues, mijo, ¡de qué va a ser, de alegría! Yo soy la novia del filin, del sentimiento puro, el que pica en la garganta.

P: Trece años después, vuelve a vérselas con el “pequeño” Valdés en Omara&Chucho
R: Sí, mi Chuchito, que es el pianista más recontrarreconocido que existe en el mundo.

P: ¿Le seguirá llamando Chuchito cuando, el próximo octubre, cumpla 70 años?
R: Nunca le he preguntado la edad, ni me interesa. Lo conocí cuando no me llegaba al hombro, así que siempre será mi Chuchito.

P: ¿Cómo se entiende con un hombre que mide el doble que usted?
R: Nos compenetramos bien. Mientras él otea el horizonte, yo miro a las cosas por debajo. Y así no nos dejamos nada.

P: Se lo presentó Bebo en el Tropicana…
R: Sí, su padre era el director de la orquesta y yo recién había entrado como bailarina.

P: Fue usted la única voz femenina del Buena Vista Social Club. ¿Dónde acaba el filin y empieza el amor?
R: Allí todo el mundo intentaba ligar con todo el mundo. Dentro de sus posibilidades, claro.

P: Sobrevivió usted a todo eso y a mucho más. Denos la receta.
R: El truco es dejarse de tabaco y olvidar el alcohol. Hay que comer papaya, guanabana y platanitos. Pregúntele a sus compadres canarios. Ellos le sabrán decir.

P: En su casa la cocina y la música fueron siempre una misma cosa.
R: Es que comer y cantar se hacen siempre en compañía, que no a la vez. Mi música es un arroz con frijoles, picatostes y picadillo.

P: Fue usted la primera artista cubana en recoger un Grammy. ¿Qué la hace tan compatible con EEUU y el régimen cubano?
R: No sé por qué debería pelearme con nadie. Me dedico a hacer música para la gente que me quiere y allí donde me requieren.

P: Hace poco le prestó su voz a un personaje de La princesa rana de Disney. ¿Cuántos príncipes se ha encontrado en su vida y cuántos hombres le han salido rana?
R: He sido muy ingenua en el amor. En el sentido de no haberme dado cuenta de cuándo y cuánto podía gustar a un hombre. Pero aún creo en él como si tuviera 15 años. Quiero pensar que, a mis 80, sigo teniendo la edad de lo que amo.

P: Su disco Gracias ¿a quién iba dirigido?
R: A la vida, a la música, a los amigos, a mi país, a mis padres…

P: La apoyaron en todo.
R: En la época en la que yo decidí ser artista las cosas no era tan fáciles. A los hombres que tocaban el piano se les tachaba de afeminados. Pero mi padre, que antes de ser deportista trabajó en un teatro, conocía el mundillo y no se dejó engañar.

P: Con Chucho, además del Si te contara, se marca un Claro de luna. ¿Le gustan los Beethoven y compañía?
R: Cómo se nota que no conoce usted la isla. En Cuba, mijo, también bailamos a Strauss.

P: Dice usted que Cartagena se parece mucho a La Habana.
R: Me refiero a que la gente allí sigue siendo normal. Ya me entiende.

P: ¿Y para cuándo aquel sueño frustrado de cantar con Raphael?
R: Ya ni me acordaba… ¿Qué tal le va? Si le ve, dígale que yo muy bien.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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