«Pertenezco a la nueva generación»

ramon-silverio.jpgLa noticia se regó como pólvora. Aunque es una buena nueva, no sorprendió. ¿A quién mejor que a ese hombre, dedicado por entero durante años a mostrar el camino de la cultura verdadera a miles de jóvenes de esta ciudad y de toda Cuba?
En el café de su recién remozada primera casa, el Centro Cultural El Mejunje, el destacado promotor Ramón Silverio Gómez conversó sobre el premio Maestro de Juventudes —que le será entregado el próximo 18 de octubre, en el habanero Pabellón Cuba, junto a las luminarias de la cultura cubana Omara Portuondo, Verónica Lynn, Esusebio Leal, Frank Fernández, Ambrosio Fornet y Alberto Luberta—, y acerca del trabajo con la juventud.
«Para mí es un premio importante, y más al recibirlo al lado de otros grandes del arte de nuestro país. Maestro siempre ha sido mi profesión, lo primero que hice cuando trabajé en las escuelas rurales. Al llegar al teatro me desvinculé de esa actividad, aparentemente, pues comencé otro tipo de magisterio al difundir la cultura, sobre todo popular.
«Después vino El Mejunje, convertido en un fenómeno juvenil. En estos últimos tiempos he dedicado gran parte de la vida a trabajar con los jóvenes desde su propia óptica, tratar de entenderlos e introducirme en su mundo.»
—¿Qué diferencia observa en la actual generación con respecto a las anteriores?
—La generación que viene aquí no es igual a la de hace diez años. Esta proviene de los momentos más difíciles del Período Especial, cuyas oportunidades y posibilidades para satisfacer sus necesidades espirituales fueron menos, por una parte, pero por otra se encuentran más vinculados con las nuevas tecnologías y más bombardeados por los medios.
«Muchos de estos jóvenes se arriman a este lugar por la trova o el rock, y, paulatinamente, han ido absorbiendo otros géneros o manifestaciones. Cambian gustos, la manera de pensar, no se dejan influir tanto por la banalización cultural.
—¿Y cómo El Mejunje muestra a los noveles el camino correcto a seguir en el consumo del buen arte?
—Durante la historia de este lugar nunca se han hecho concesiones. Mi preocupación estriba en hacer una cultura de altos niveles. Aquí no acude la gente por propuestas banales. Por ejemplo, veo muchos jóvenes cantando boleros espontáneamente, como un resurgir de este género entre las nuevas generaciones, de la música tradicional. Y muchos de ellos asisten a actividades como los Viernes de la buena suerte, con los Fakires, o Arráncame la vida con José Vizcaíno.
—Usted es una persona que peina canas, de otra etapa. ¿Cómo se entiende tan bien entre los más jóvenes?
—Yo pertenezco a la nueva generación, porque soy de la generación actual. No tengo nada que ver con la mía. La juventud no solo es física, sino también espiritual. Se puede ser buen mozo por fuera, pero a la vez ser un viejo por dentro, de pensamiento. Debo ejercitarme mentalmente para poder enfrentar todos los retos, entenderlos y transmitirlos. Los más viejos deben acercarse y comprender con una óptica actual el fenómeno juvenil.
—¿Ha pensado alguna vez que «la juventud está perdida»?
—Nunca me he sumado al coro que dice «la juventud está perdida»; al contrario, está «muy encontrada».  Tal vez los perdidos son quienes no se ocupan de ella lo suficiente, o todavía piensan en cosas que hace rato dejaron de funcionar.
«El reto fundamental de la sociedad cubana es la correcta formación de los jóvenes y adolescentes. Se deben buscar todas las vías y alternativas para sumarlos a la vida cultural y política del país, pues ellos son los que van a dirigirlo en un futuro.»

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