Día de la Prensa Cubana

Momentos de la inauguración del mural a cielo abierto con caricaturas de humoristas cubanos, en homenaje a Gerardo Hernández y sus compañeros de prisión.

Hoy es 14 de marzo, Día de la Prensa Cubana. Pero prefiero la celebración desde la tranquilidad imposible de esta Parada; aunque sin olvidar a tantos colegas que, por su combatividad y defensa de nuestro país (sin complacencias ni triunfalismos), integran el equipo Cuba del periodismo.Intentando sustraerme de la fiebre beisbolera, recordaba una frase atribuida a tantos, y con mayor coincidencia, a Manuel Buendía, periodista mexicano asesinado el 30 de mayo de 1984. El redactor de la columna Red Privada, en el diario Excelsior, desde donde denunció los vínculos de la ultraderecha de México con la CIA y la contrarrevolución de Miami, afirmaba: «Los cirujanos entierran sus errores; los periodistas, los publican.»

A esta frase, también puesta en autoría del genio anónimo colectivo, se le agrega, por ejemplo, que «los abogados encierran sus errores…»

Sin duda, aun las circunstancias particulares en que se ejerza nuestra profesión en cada sociedad, siempre nos encontraremos sujetos al examen público. ¿Entonces, quiénes mejor que los oyentes, lectores y televidentes para valorarnos?

 Paradójico, entonces, que no contar con todos los canales necesarios para conocer los criterios del público, sea ya una sempiterna deuda de la Prensa Cubana. De todas formas, basta poner oídos a la calle, o repasar cartas que llegan o autoexaminarnos, para comprender por qué, si bien no nos ponchan, nos exigen mayor ofensiva.

Y para lograrlo, según las reglas de este deporte de equipo, y sin olvidar las fortalezas del contrario, todavía nos falta la capacidad de prever. A veces nos cantan el strike sin tirarle un plumazo a errores imposibles de ocultar, y esperamos hasta que la voz oficial diga.

No se trata de cubrir silencios con la especulación dañina, malsana o vana; pero sí de romperlos con la reflexión oportuna, el análisis valiente y la ética a la que no podemos renunciar.

¿Ser valiente? No parecería el término propio en una Isla donde, contrario al caso de Manuel Buendía y otros tantos colegas del mundo, no balas queriendo poner punto final a una noticia o columna. Realmente, es otra su connotación: significa ser osados para penetrar con nuestras armas, los chalecos anticríticas que algunos se tejen con argumentos, como: «Hay que tener cuidado, porque el enemigo…», «no nos ha llegado ninguna orientación…», y uno más reciente: «eso daña nuestra imagen pública…»

¡Qué dilema la crítica y la reflexión, y no solo en casos puntuales en que las deficiencias y debilidades tienen nombre y apellidos! Peor cuando se impone hurgar en las tergiversaciones de las esencias de la sociedad que construimos. Porque, apartándonos de la frase o el refrán ya comentado, ¿dónde está escrito que la Revolución debe esconder las deficiencias y errores que cometen quienes la construimos?

El pasado año, por esta fecha los periodistas discutíamos sobre nuestro desempeño en las reuniones previas al 8vo. Congreso de la UPEC. Entonces, ponderábamos la necesidad de la crítica, y más aún, de una mirada profunda a nuestros días que nos permitiera parecernos un poquito más a la vida misma.

Nos peleábamos teóricamente en cómo lograr que los medios fueran un espacio real de debate. No solo para que el público se queje, y el aludido responda en acuerdo o desacuerdo; sino, además, para, educar, promover valores, juntar y propiciar el hacer común, fomentar la imprescindible capacidad de diálogo y discusión.

Hablábamos de diversificar las fuentes, y que no se entendiera solo como la consulta a cada uno de «los factores», como se dice a quienes ostentan una u otra responsabilidad política o administrativa; sino también al pueblo.

Y este 14 de marzo de bolas y strikes, no quisiera desaprovechar mi turno al bate, para decir que todavía, tendremos que seguir debatiendo, y sobre todo, haciendo.

Volviendo a la frase: nuestro pueblo es más culto para advertir los errores que publican los periodistas: los propios de las superficialidades en nuestro ejercicio, o los originados por otros, a veces verdaderos expertos para ocultar los suyos.

Prefiero decir siempre que la prensa se parece a su sociedad; pero en el papel de «utility» que esta nos otorga, tenemos la responsabilidad de contribuir a que esta sea mejor. Entonces, si el pueblo nos poncha a nosotros, tampoco Cuba gana el juego.

Tomado de  la sección La Parada de Rayma Elena

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