¿Por qué el Diseño no es Arte?

Por Jorge Luis Rodríguez Aguilar

Academia nacional de Bellas Artes San Alejandro. La Habana 

Relación y diferencia entre Diseño y Arte, desde una visión cultural, donde se citan otros puntos de vista, hacia lo estético y lo social. Un buen Diseño no lo hace cualquiera. Se tienen que conocer las reglas y leyes que lo definen, y los numerosos sistemas representativos que apoyan la comunicación.

Permítanme responderme -y responderles- a esta pregunta. El hombre, como ser formado -crecido y desarrollado- en su proceso evolutivo hacia el ser social, dualizó su carácter desde lo individual hacia lo colectivo, quedándose marcado por un componente de tipo filosófico o cultural (subjetivo) y por otro, de tipo económico o material (vivencial-objetivo): la actividad, que como componente determina la conciencia.

En este mismo proceso, el hombre encuentra la necesidad de replantearse lo espiritual y lo expresivo-emotivo, como parte del desarrollo creciente de su conciente subjetivo. Esta necesidad espiritual aumenta o crece en la medida en que las condiciones económicas son satisfechas, por tanto, el hombre piensa según como vive y en dependencia de esto, actúa.

Según el materialismo dialéctico y la economía política, la base de la superestructura social es la economía y uno de sus elementos -que tributan a esta base- es la Cultura, y dentro de ella, el Arte.

Las “necesidades” de tipo espiritual parten de una “necesidad” inmanente en nuestra condición humana y tienen un fin o función específica: llenar el “hueco” o el vacío de esta condición suprasensible humana con algo que no es material, pero que satisface y crea sensaciones, emociones, reflexiones, y que son puramente vivenciales y personales, por tanto, subjetivas.

El fin o función de esta “necesidad” -llamémosle “Arte”- es precisamente cuestionar, relatar, observar, señalar, hacer sentir un problema de carácter cultural y darlo a conocer y presentarlo fuera de su círculo de acción: es decir, fuera de la persona en sí. Cuanto más capaces somos de percibir los sistemas culturales (el Arte) más capaces seremos de entenderlos y disfrutarlos.

En cambio, el Diseño parte de otra necesidad. El Diseño es comunicar y es comunicación (1). Pero si al arte del buen decir y de la buena comunicación se le llama Diseño, ¿esto no quiere decir que “el Diseño es el Arte de la Comunicación”? Comunicar parte de otra necesidad y de otra función.

Un literato comunica y su obra comunicativa es la literatura, ya sea un cuento, una novela, etc. ¿Será en este caso esa obra “comunicativa” un Diseño? A nadie se le ocurriría decirlo, pero sin embargo es tan lícito como llamar al Diseño “el Arte de la Comunicación”.

Definamos que en este caso Diseño equivale a Diseño Gráfico y no a otros tipos de Diseño.

Una obra comunicativa tiene una función definida: transmitir un mensaje de manera clara, directa y precisa, sin ambigüedades ni ambivalencias (2). Esto equivale a decir: sin polisemia ni polisignia.

Para comunicarse el ser humano establece códigos comunicativos. Estos parten de un convenio preestablecido tanto para el emisor como para el receptor del mensaje. De no existir este convenio (código) no existirá un proceso comunicativo real, al no quedar establecida la ecuación comunicativa (Emisor-Mensaje-Receptor). Por otra parte, la esencia de transmitir un mensaje está en que este llegue al receptor y se establezca posteriormente en él todo un proceso de descomposición semiótico, a partir de sus vivencias y experiencias y de una toma de posición posterior, como respuesta o actitud ante el problema.

Un buen Diseño utiliza un lenguaje llano ya que está dirigido a las masas (público) -teóricamente una información está realizada para que sea entendida por todas las personas aunque esta, de manera particular, esté dirigida a un sector específico de esa masa- (3), por tanto, no se regodea ni se hace difícil de entender, ni utiliza códigos no convencionados. Así, los lenguajes que más predominan en los diseños gráficos son el anecdótico (debido a su referente cultural hereditario), el simbólico (dada la influencia sígnica figurativa de esencia gráfica) y el metafórico, que parte de toda esa condicionante literaria surrealista de “querer decir de otra manera” una misma cosa.

El Arte, por su parte, tiene un carácter individual, sea este socializado o no. Responde a una clase social (por lo tanto: es elitista) y está dirigido a ser entendido y consumido por aquellos que tienen el código incorporado, ya sea por estudios o por vivencia (4). No necesariamente es imprescindible entenderlo tal y como lo hizo su creador, y en su generalidad utiliza lenguajes ambiguos, polisígnicos y polisémicos. ¿Cuántas veces no hemos escuchado: eso no es lo que yo dije, sino lo que entendiste tú?

Un Diseño no se puede permitir eso. Un Diseño va dirigido: tiene un fin. Un Diseño es evidente: usa códigos establecidos.

Para hacer una buena obra de arte no es necesario conocer o haber pasado por una escuela (5). Tanto lo representativo como lo interpretativo o conceptual forman parte de un único mundo y pueden existir a la vez fuera de él. De ahí que existan artistas de todas las corrientes y tendencias: los formalistas o representativos, los académicos, los informalistas o conceptuales, y los anárquicos, como el Dada. Todos coexisten y todos pueden llegar a hacer un buen Arte, en la medida de que su público los entienda.

Un buen Diseño no lo hace cualquiera. Se tienen que conocer las reglas y leyes que lo definen, y los numerosos sistemas representativos que apoyan la comunicación (6). El Diseño -al igual que el Arte- es forma y contenido, es significante y significado. No se pueden separar. Pero el Diseño tiene un fin social (7). Está marcado por un cliente (sujeto 1) y por un público (sujeto 2), y será mejor Diseño en la medida en que sea capaz de transmitirse y de posicionar su mensaje (subliminal o no) en este, provocando la reacción directa deseada. Un buen Diseño incita al consumo, crea la expectativa y te hace partícipe de ella (8). Uno se siente parte y responde a la pregunta que el mismo Diseño plantea.

El Arte no. No implica una respuesta sino un cuestionamiento (9). El Arte propone; el Diseño (te) dispone. El artista tiene como fin la subjetividad de su pregunta; el diseñador la objetividad de su mensaje. Como proceso comunicativo, el Diseño es lógico en su esencia; el Arte lejos de eso, es ambivalente.

Referencias
(1) Aunque Jorge Frascara define que la función principal del Diseño es comunicar, no pueden obviarse otras funciones como la descriptiva, la educativa y la estética, que siempre están presentes de alguna manera y complementan el proceso del “buen diseño” o de su relación -aunque muchos no lo quieran- con el Arte.

(2) La “ambigüedad y la polisemia” son recursos de los cuales, en ocasiones, se apropia el diseñador para solucionar de otra manera sus ejercicios. Pero sucede algo más aquí. Todos los públicos no tienen los mismos referentes culturales (mejor que decir “nivel cultural”), por tanto, no conocen de la misma manera las posibilidades semánticas de la lengua, por lo que no pueden decodificar siempre todos los tipos de mensajes que se generan (aquí entran los factores semántico-idiomáticos, de relación signo-figurativos y los códigos culturales e idiosincrásicos). Aún siendo la polisemia un fenómeno frecuente en cualquier comunicación, no se debe usar -o debe usarse consecuentemente y responsablemente, teniendo en cuenta a qué público se dirige el trabajo- por los diseñadores, ya que la polisemia puede causar una contra-lectura o demorar el proceso lógico de interpretación signo-lingüístico, provocando un rechazo de nuestro trabajo.

Generalmente, todos los iconos o signos marcadamente gráficos son monosémicos. Por ejemplo, las señales de tránsito. Es su objetivo que así lo sean. En cambio, en un cartel de cine es más difícil lograrlo. A medida que aparecen más elementos representativos (imagen y texto) el mensaje tiende a volverse más polisémico, y en este caso, se estrechan más sus límites con el Arte (entendiendo el “Arte” como la obra más polisémica de todas). Pero si nuestro cartel o publicidad tiende a una comunicación bien específica y establecida -generada por códigos y signos directos- debe tender más a la monosemia. En mi opinión, el diseñador gráfico debe buscar la sinonimia, o la igualdad de significados en distintos significantes, mucho mejor que la monosemia.

Por ejemplo, usar “la cogí en el aire” implica serias connotaciones polisémicas para cada quien que la lee. No es igual para todos, aún entendiendo qué significa “coger” semánticamente (denotadamente), como valor expresivo de su significado. Tal vez con esta analogía pedagógica pueda explicarse bien: “Para hacer una obra abstracta hay que saber figurar primero para, en base a esto, saber descomponer la forma correctamente”. Es decir, no es que no usemos la ambigüedad ni la polisemia, sino utilizarla cuando sea necesaria para nuestro fin, pero desde el conocimiento.

(3) Si entendemos “masas” como un conjunto de personas que interactúan en determinados grupos sociales, atendiendo a una conducta de relación entre su base biológica y su entorno cultural, creo que sí está bien decir que el Diseño -al menos el que se hace hoy- está dirigido a las “masas”. Es correcto también que todos los mensajes visuales no tienen que ser entendidos ni estar dirigidos a todos los públicos. A veces nuestro interés es que llegue a un sector solamente y no a más. Estos tipos de comunicaciones que se establecen de manera más personal son considerados por muchos (debido a su relación más particular con un público específico) como “obras de arte” y es donde yo considero que el “Arte también puede ser Diseño”, en tanto también comunica.

Al ser las personas en esencia seres sociales, su pensamiento y acción se hallan influenciados por esquemas biológicos innatos y por costumbres de tipo cultural, que se han transmitido de generación en generación.

(4) El Arte es y será siempre elitista -lo que no quiere decir que pertenece a la clase dominante- aún cuando tiende a ser un fenómeno social o a “socializar” su función, ya que responde a códigos culturales hereditarios impuestos generalmente por el desarrollo histórico-concreto de su evolución. Una “Instalación” o un “Performance” no lo entienden todas las personas, no así una “Naturaleza Muerta” o un “Paisaje Figurativo”. En esto influyen otros agentes de tipo estético-filosóficos como por ejemplo, la relación entre conciencia estética, gusto e ideal estético, que a veces determinan otros factores con los que el Diseño no debe jugar. No debe jugar porque la intención más entendida del Diseño no es polemizar sino comunicar.

El poder económico -o como normalmente se dice: la clase dominante de hoy- no siempre tiene la cultura (o mejor: la información correcta) para entender el Arte más avanzado. A veces el fenómeno “arte-mercado” no refleja un conocimiento cultural sino un poder económico o un patrón de gusto estético incorporado, sin que haya un crecimiento correcto de la conciencia estética. Una buena posición económica no es sinónimo de buen gusto o cultura, de manera que, hay muchas obras de arte que son entendidas por otras clases sociales que no detentan el poder económico, lo que significa, que poseen los códigos para entenderlas.

En lo general, lo figurativo “gusta más” o se “entiende más” por una mayor cantidad de personas, que lo “abstracto”, lo “simbólico” y lo “instalativo-objetual”. ¿Por qué será? Históricamente, por su componente histórico-concreto, el hombre entiende como mejor Arte (lo Bello), lo “figurativo” que lo “abstracto”, aún cuando el Abstraccionismo tiene cerca de 100 años. Es una cuestión cultural heredada y se debe básicamente, al conocimiento empírico de la apreciación artística y estética. Y todo porque lo “figurativo” es más mimético y refleja la realidad objetiva de una manera más próxima a nuestra percepción retiniana.

(5) Para hacer una buena obra de arte -entendiendo “obra de arte” en toda su dimensión- no hace falta haber pasado por una escuela de arte. Hay algunos ejemplos claros en su misma historia: Robert Capa, Jean-Michel Basquiat, Eduardo Arroyo, Francis Bacon, Jean Atlan, Vasily Kandisnky, Balthus, John Cage, Giacomo Balla, Robert Doisneau, Christian Boltanski, Bill Brandt, Alexander Calder, Peter Campus, Alberto Burri, Paul Cézanne, On Kawara, Walter de María, Theo van Doesburg, Dan Flavin, Naum Gabo, Yves Klein, Le Corbusier, László Moholy-Nagy, etc., pero con el Diseño no siempre es así. Se necesitan conocer cosas específicas para lograr establecer una buena -o mejor- comunicación.

(6) Para hacer un buen Diseño se deben conocer y dominar las reglas y leyes que lo definen, y que trabajan sus relaciones con el plano en tanto ubicación espacial, contraste, tensión y ritmo, las reglas tipográficas y del color, las leyes de la semiótica y la comunicación del mensaje que se transmite, etc.

(7) El Diseño tiene un fin social, el que según González Ruiz, es el “proceso de creación y elaboración por medio del cual el diseñador traduce un propósito en una forma” y por el cual Jorge Frascara cita: “El diseñador, a diferencia del artista, no es normalmente la fuente de los mensajes que comunica, sino su interprete”, lo que evidencia su importante función hacia lo social ya que se dirige el Diseño a las “gentes” (públicos) y no a uno mismo, como puede ocurrir con el Arte. El fin social es estar dirigido a estos públicos, potenciales clientes en cualquier medida.

(8) Tanto un ticket de autobús como una etiqueta de medicamentos puedan tener un buen diseño e instar al consumo. Cuando un ticket de autobús o un medicamento llega a nuestras manos, se crea un proceso inconsciente de valoración subjetiva de lo que él mismo representa (con toda su carga de referencias obvias y evidentes). Muchas veces sucede que esos códigos ya están incorporados en nuestra forma de percibir las cosas, y como proceso común que es de nuestra vida, no tendemos a interpretarlo tal cual es, ya que por el mismo contacto cotidiano que se establece entre este y uno, lo vemos como un proceso natural. Para otras personas, con otros sistemas referenciales o culturales, esta relación de “competencia” no se comportará de la misma manera, pudiendo aparecer lo estético como secundario a la funcionabilidad. Un ticket bien diseñado o una etiqueta de medicamentos, genera “subliminalmente” un deseo de consumo (de una manera sana, por supuesto) hacia ese producto o servicio. Todas las personas, de una manera inconsciente, preferimos el buen diseño aún en las pequeñas cosas, y este nos lleva a un “consumo” suave pero “consumo”. De cierta manera, todo influye en nuestro sentido del “consumo”, y entendamos que “consumo” no es “consumismo”.

(9) El Arte implica un cuestionamiento en la medida en que es filosofía también. Es el debate del “arte por el arte”, como fenómeno del desarrollo de las sociedades y como referente visual histórico-concreto. Un retrato renacentista puede cuestionar la época y la sociedad, un proceso histórico y político, una clase social, etc. Por ejemplo, toda la obra gráfica de Honoré Daumier y “La familia de Carlos IV” de Francisco de Goya fueron críticas y generaron cuestionamientos en su época, y aún hoy. Pero podemos poner un ejemplo renacentista: la archiconocida “Gioconda” de Leonardo da Vinci. Cuestiona (entre otras cosas) el ideal de “belleza” de la época, las relaciones místicas que encierra una obra de arte y la ambigüedad cuando se refieren al paisaje de fondo (¿son dos?, ¿es uno pero partido?, ¿hay dos horizontes?); evidentes también en el uso del color y el “sfumato”, la sonrisa “enigmática” del mismo retrato; u otros cuestionamientos extra- artísticos como ¿porqué Leonardo nunca se deshizo del cuadro?, o ¿es o no la pintura más conocida o más famosa -para muchos- de la historia del arte?

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