Así escribe Mario Benedetti: sus propias palabras

chasqui331.jpgDe muy niño aprendí casi solo a leer, cuando fui al colegio ya había leído a Julio Verne y todo eso. En esos tiempos lejanos, cuando no había más radio que la de galena, me gustaba mucho escuchar música. Y me gustaba el fútbol, jugar de portero; pero era muy malo.

Yo siempre tuve vocación de escritor, de poeta sobre todo, y empecé a escribir en alemán mis primeros versos. En el colegio nos ponían una tarea (geografía, historia, lo que fuera) y yo la escribía en verso, para asombro de los profesores. A los once años ya escribí una novela de capa y espada, tratando de imitar a Alejandro Dumas… horrible, pero ¡bueno! ¿Y usted qué me había preguntado? Ah, la literatura. Pues está por un lado la vocación de uno que lo lleva a escribir y que me ha seguido llevando a través de los años. Y por otro, un cierto deseo de comunicarse con el prójimo, ¿no? La literatura, sobre todo la poesía y el cuento, son vías de comunicación. El género de ficción es más indirecto, por algo uno lo inventa. En al poesía se pone más de uno, el poeta se despelleja más. Ha sido un poco eso, ¿no?, sin perjuicio de que hay trozos en mi obra (no tantos como dicen) que han retomado temas comprometidos desde el punto de vista social y a veces político. Son cosas que de pronto a uno lo asombran, o lo indignan y, bueno, entonces esas cosas salen para afuera en obra literaria.
Un escritor debe seguir escribiendo. Si consigue despertar la conciencia de un grupo de gente, ¡fantástico! Si despierta la conciencia y el sentido ético de una sola persona, ya también es bastante. Yo disfruto cuando escribo, unas veces sufriendo y otras con alegría. Cuando tiene uno un gran dolor, la forma de trascenderlo es escribiendo. Mire, cuando la dictadura mató a Selmar Miquelini, un gran amigo, como una hermano para mí, yo estuve 15 días que no sabía ni para dónde respirar. Al final hice un largo poema y cuando lo saqué de adentro recuperé un poco la normalidad. No es que se vaya el dolor, ni la tristeza. Pero se remansa, se encalma como agua profunda.


Con la edad se gana paciencia, tal vez más serenidad, y madurez por supuesto. Puede ser también que los años le regalen a uno más lucidez, porque las cosas empiezan a verse no solo con los ojos del presente, sino también con los del pasado, y entonces uno puede tener una visión más aproximada del futuro. Pero también, cuando uno se hace más viejo, el cuerpo se va deteriorando y la energía cambia, aunque el cuerpo es la meseta donde se apoyan las cosas del espíritu.

Me he equivocado en muchas cosas. A veces me arrepiento de haber publicado un poema, no por cuestiones políticas, sino porque hoy lo veo y no creo que esté bien. Me he equivocado en haber publicado libros que todavía no estaban suficientemente maduros. Y en la vida misma también hay arrepentimientos. Hubiera deseado ser un joven más feliz, menos prejuicioso, menos ensimismado… También me arrepiento bastante de lo que fue mi actividad política, que en un momento fue muy intensa. Yo fui dirigente del Frente Amplio, pero a medida que iba pasando el tiempo, advertí que no tenía la menor vocación para dirigente político, sí para militancia independiente, fuera del aparato partidario. Finalmente, llegué a la conclusión de que podía tener una incidencia política mucho mayor a través de la literatura. Puede ser que me haya equivocado en muchas cosas, pero en lo que no me he equivocado es en mantener cierta coherencia política. A pesar de algunos errores circunstanciales, creo que volvería por el mismo camino, aunque tal vez no con los mismos pasos, para no meter la pata.

El intelectual no puede cambiar nada. Yo no recuerdo ninguna revolución que se haya ganado con un soneto, por ejemplo. No suena a batalla perdida, porque uno escribe para esclarecer la mente de un individuo, del ciudadano de a pie. Además, es una cuestión de conciencia. Si yo estoy en contra de la globalización de la economía, de la corrupción y de la hipocresía, lo digo y lo escribo. Justamente, las causas en las que creo y que son derrotadas son las que me impulsan, porque gracias a que las defiendo puedo dormir tranquilo. No me siento derrotado en cuanto a mis creencias ideológicas y voy a seguir luchando por ellas. Sin éxito, eso sí.
Como decía José Martí, la patria es la humanidad. En todos los países, en los que uno ha estado y en los que no ha estado, hay gente que por lo que piensa, por sus actitudes, por lo que hace, por lo que siente, por su solidaridad, son como compatriotas de uno. La patria de cada uno está formada de esa gente. Porque en el propio país han habido también torturadores, corruptos, y esos no son compatriotas míos.
Tomado de www.dlh.lahora.com .
Anuncios
Post a comment or leave a trackback: Trackback URL.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: