Dos Ríos: el 19 de Mayo

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Maestro ¿qué has hecho?, exclamó Rubén Darío al conocer la noticia de la muerte en combate de José Martí. Para esa figura esencial del Modernismo en América, Martí era, según sus palabras, un escritor único, con una prosa profusa, llena de vitalidad y de color, de plasticidad y de música, que transparentaba el cultivo de los clásicos españoles y el conocimiento de todas las lenguas antiguas y modernas; y, sobre todo, el espíritu de un alto y maravilloso poeta.
Pero Martí, además de todo lo señalado por Darío, era el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, que había convocado y organizado la guerra por la independencia de Cuba que encabezó aunque no era un guerrero. Ahí está la raíz de la tragedia de Dos Ríos, su ética le llevó al combate en este terreno.
Él tenía una razón más profunda aún, y superior a todas las demás que pudieran invocarse, para venir a Cuba y poner su propia vida en la balanza del peligro: «El hombre de actos —había dicho él— solo respeta al hombre de actos […] ¡La razón, si quiere guiar, tiene que entrar en la caballería! y morir, para que la respeten los que saben morir.» El más grande pensador americano de su tiempo, y que llevaba en su espíritu la más alta ética humanista, fue también un hombre de acción. Estaba consciente de que debía enseñar con el ejemplo, la única forma de ejercer una influencia mayor para el presente y futuro de sus ideas.

 
No se trata de que Martí, como han dicho o sugerido algunos, tuviese una vocación suicida, no es que buscase conscientemente la muerte. El valor de su decisión heroica está en que ella constituía una exigencia de la tarea política y revolucionaria que se había planteado.

En Dos Ríos, pues, el 19 de mayo de 1895, sobrevino una de las adversidades más costosas de cuantas ha sufrido nuestro pueblo en toda su historia. El azar, propio de toda lucha, nos privó del más extraordinario conductor, cuando se decidía el ser o el no ser de una nación independiente.
Han transcurrido 113 años de aquel acontecimiento y cada día se hace más necesario conocer en toda su dimensión ética, política y filosófica la vida y la obra de José Martí. Conocer al amante fino y profundo de las letras y de lo bello, sensible y apasionado por la búsqueda del conocimiento humano, que ha sido considerado como el precursor del Modernismo en la literatura latinoamericana de la primera mitad del siglo XX, y a quien críticos especializados de España calificaron como uno de los más importantes prosistas de la lengua castellana de su época.
Conocer al maestro, periodista, combatiente político que de manera infatigable estudió, leyó y escribió sobre todo lo humano que ocurría en el mundo de su tiempo, desde las crónicas sobre la invasión colonial francesa a lo que hoy es Vietnam y páginas impresionantes que en estos días releemos con emoción y deslumbramiento acerca del alma rusa, hasta historias y narraciones de todos los rincones de Europa, incluyendo, desde luego, sus maravillosas descripciones de la España que tan entrañablemente conoció.
Conocer con mayor profundidad sus escritos desde Nueva York, reunidos bajo el título Escenas norteamericanas, que nos ofrecen una visión precisa de la época de la historia de los Estados Unidos que le tocó vivir, sus costumbres, su acelerado desarrollo económico, los procesos electorales inescrupulosos y corruptos, las carencias en su vida espiritual junto a la más nítida y fascinante descripción de las ideas que se gestaban en las últimas décadas del siglo XIX en los Estados Unidos, las cuales pueden servir para el riguroso análisis científico-social de aquel tiempo histórico.
Conocer las páginas inolvidables sobre los principales personajes de la historia, la política, la literatura y la ciencia de su tiempo, entre ellas las que escribió en ocasión del homenaje que las más diversas tendencias anarquistas y socialistas le rindieron en Nueva York, a Carlos Marx, con motivo de su fallecimiento, y que debemos examinar integralmente en todos sus matices a la luz de la historia de las ideas socialistas en el siglo XX. Allí encontraremos a un Martí, veedor profundo, de una intuición y capacidad de análisis y de proyección de futuro realmente impresionantes.
Conocer más y mejor al poeta del Ismaelillo, de Versos Sencillos, de Versos Libres, que supo escribir con ternura y maestría para los niños y, a la vez, preparar la guerra popular que acabaría con los últimos residuos de la España colonial en América y advertir, con excepcional sabiduría, lo que para Cuba, América y el mundo se incubaba con el surgimiento del imperialismo norteamericano.
Cuando las balas españolas lo derribaron de su caballo en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895, se hizo realidad aquel verso suyo:

[…]Cuando se muere

En brazos de la patria agradecida,

La muerte acaba, la prisión se rompe;

¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!

Hoy, al igual que ayer la generación del centenario, que no lo dejó morir a los cien años de su natalicio, cuando Fidel Castro lo proclamó como el autor intelectual de la Revolución Cubana, estamos llamados a mantenerlo vivo y actuante entre nosotros promoviendo lo más ampliamente su legado, y dándole continuidad a sus enseñanzas en el relevo más joven.

Por: Armando Hart Dávalos

Tomado de Juventud  Rebelde

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